América Vuela
Agosto 9 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Después de un retraso de casi 48 horas por causa del mal tiempo, finalmente se clavó en el cielo el cohete SpaceX Falcon 9 impulsando la nave Dragon Endeavor, tripulada por los astronautas Robert Behnken y Douglas Hurley, con destino a la Estación Espacial Internacional, en lo que se presumió como el primer viaje espacial con personas a bordo saliendo desde territorio norteamericano en nueve años, pero mucho más significativo, como el primer gran éxito de la iniciativa privada en la conquista del Espacio.

Los estadounidenses siempre nos han querido vender la idea de que ganaron la carrera espacial llegando primero a la luna, pero esa carrera, que en un principio ellos mismos declararon unilateralmente y anteponiendo el orgullo por delante para desesperadamente ganarle en algo a los soviéticos, siempre fue a expensas de un costo descomunal, y pese a todo no pudieron evitar que los rusos realmente pasaran a la historia como los más exitosos pioneros en prácticamente todas las fases de la exploración espacial. El poderío científico de la antigua Unión Soviética puso el primer satélite artificial en órbita (el Sputnik), el primer ser vivo terrestre en el espacio (la perra Laika), así como el primer hombre y la primera mujer (Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova), la primera nave espacial con tripulación múltiple (el Vosjod 1), realizaron el primer paseo espacial (por Alexei Leonor) y llevaron con éxito las primeras sondas a la Luna, Venus y Marte.

Después de la llegada a la Luna quedó claro que el esfuerzo entre ambas potencias había sido demasiado oneroso y los rusos optaron por mantener un paso más lento pero económicamente accesible, y aunque emprendieron proyectos como el del transbordador espacial Buran, fueron los Estados Unidos los que siguieron aventando carretadas de dólares a sus proyectos espaciales, como para dejar bien claro al mundo que ganaron una carrera que ellos mismos se inventaron, llegando hasta a tratar de militarizar el espacio con siniestros proyectos como el impulsado por Ronald Reagan apodado por la prensa como "Star Wars", y aunque lograron éxitos sumamente meritorios, fueron encareciendo cada vez más y más los viajes espaciales, por lo que el prometedor programa del transbordador espacial acabó siendo, además de peligroso, incosteable, por lo que irónicamente la otrora mítica NASA tuvo que depender, para poner a sus astronautas en el espacio durante la última década, nada menos que de las naves de sus odiados rivales rusos.

La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos, mejor conocida mundialmente por sus siglas en inglés como la NASA, había dejado poco a poco de ser efectiva, especialmente en cuanto a costo-beneficio y parecía que ya solo servía de inspiración para películas celebrando sus viejas glorias, a medio siglo de distancia de su máxima hazaña con el alunizaje de la misión Apolo 11, pero afortunadamente se fueron abriendo ventanas de oportunidad para una docena de ingeniosas empresas privadas que han estado experimentando (e invirtiendo) en nuevas fórmulas para continuar con la pausada conquista del Espacio, de manera más eficiente, rentable e innovadora.

Este es un gran cambio de paradigma, además de una tremenda lección para los gobiernos sobre las capacidades de la iniciativa privada, pues la empresa Space Exploration Technologies Corp, mejor conocida como SpaceX, fundada en 2002 por el súper empresario tecnológico Elon Musk, demostró con el exitoso lanzamiento de su nave el pasado 30 de mayo que realmente se ha iniciado una nueva era, pues pudo lo que muchos Estados no han logrado, y ciertamente su cohete, y en especial la nave Dragon, son prodigios de optimización tecnológica, con soluciones de ingeniería en todos sus conceptos elegantemente simples y rentables, con componentes altamente reutilizables y un diseño que por primera vez en mucho tiempo se ve realmente futurista, incluyendo hasta los trajes de los astronautas.

Y justo hablando de los trajes, que son llamados Starman Suit, que son realmente espectaculares en la medida que dejaron de ser voluminosos, complejos y pesados para parecerse por fin a los idealizados en la Ciencia Ficción, que además representan ejemplarmente la filosofía creativa de la iniciativa privada, con un diseño limpio, pulido, perfecto, fueron creados nada menos que por un mexicano, el brillante José Fernández, un talentoso diseñador de vestuario cinematográfico de larga trayectoria en Hollywood, donde su mano ha estado detrás de los trajes de varios súper héroes de películas, como el popular Ironman. Musk contrató a Fernández para diseñar el casco del Starman, pero quedó tan impresionado con el trabajo del mexicano que le encargó todo el traje, dando como resultado este impresionante nuevo concepto minimalista en equipo espacial y que, viéndolo bien, tiene ese estilo "hollywoodense" que se ve espectacular.

En un mundo tambaleándose en medio de la terrible pandemia, con la tremenda recesión económica que ya se desató, sería válido cuestionarse si es el momento adecuado para invertir en viajes espaciales, pero justamente el éxito de SpaceX es un ejemplo de la viabilidad de este tipo de proyectos, con una nueva y fresca visión sobre la manera de administrar los recursos destinados al desarrollo tecnológico, impulsando positivamente una esperanzadora y optimista visión de el futuro, sin límites para la creatividad de los emprendedores, donde los talentosos tendrán oportunidades fabulosas, tal como lo demostró con su ingenio y esfuerzo nuestro paisano José Fernández, lo que es desde cualquier ángulo una excelente noticia.


Saludos

Héctor Dávila

 

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