América Vuela
Agosto 8 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Hace apenas seis meses las perspectivas para los aspirantes a piloto comercial eran muy brillantes, se vivía un crecimiento espectacular de la aviación y anticipábamos la mayor demanda por profesionales calificados en la historia de la industria aérea. Pero nos sorprendió la aparición del malicioso COVID-19 y con él se están esfumando los sueños de muchos aviadores.

Como es bien sabido, la pandemia mundial que nos aqueja ha puesto en tierra a la mayor parte de los aviones de aerolínea y el tremendo daño económico ocasionado ya está mermando las fuentes de trabajo a niveles escalofriantes, y parece que ningún analista espera que la industria aérea se logre recuperar totalmente antes de tres o cuatro años, por lo que en un increíble e irónico giro del destino, estudiar la carrera de piloto dejó de ser una de las opciones más prometedoras para un joven, convirtiéndose en contraste en una con muy pocas oportunidades, por lo menos durante los próximos años.

Las pérdidas de las aerolíneas ya superan los 350 mil millones de dólares y las reacciones no se han hecho esperar, en lo que la Asociación Británica de Pilotos de Aerolínea ya califica de "Tsunami de despidos", recortando British Airways unos mil pilotos, Air New Zealand otros 300, mientras que Virgin Atlantic ya despidió a 3 mil empleados y declaró que solamente requerirá a la mitad de sus pilotos, lo que significará dejar en la calle al menos a 500, al tiempo que Ryanair anunció que también recortó 3 mil empleos, calculándose que ya se habrían perdido en la industria aérea europea cerca de 40 mil puestos de trabajo. De este lado del Atlántico las cosas no andan mejor y empresas de la talla de United Airlines ya anuncian recortes de hasta el 30% de su planta laboral y tan solo esta aerolínea dejará en la calle a nada menos que unos 4 mil pilotos calificados.

La tremenda ola de recortes laborales está alcanzando también a la industria aeroespacial y a su cadena de suministros, donde la mítica Boeing ya recortó 16 mil empleos, Gulfstream despidió cerca de 700 personas y General Electric al 25% de su planta laboral, mientras se espera que Airbus, que ya licenció a más de 3 mil empleados, también haga importantes recortes para poder sobrevivir.

Por supuesto México no está exento de afectación y la industria de maquila aeronáutica ya está sufriendo serios descalabros, como por ejemplo Safran, que ya decidió recortar unos tres mil empleos en el país, mientras que las aerolíneas nacionales se convulsionan con la suspensión de hasta el 90% de sus vuelos. Este fenómeno llevará a una inminente reorganización del negocio, y también será inevitable que las aerolíneas mexicanas recorten personal, e incluso algunas quizá ni siquiera puedan sobrevivir, comenzando por Interjet, a la que algunos ya creen verla vendada en el paredón esperando la descarga final, lo que de ocurrir lamentablemente dejaría cientos de pilotos altamente capacitados sin trabajo, además de miles de desempleados de otras muchas disciplinas aeronáuticas. Por si fuera poco, la opción tradicional de los pilotos mexicanos de irse a trabajar al extranjero ya no se presentará tan accesible como antes, pues la crisis por falta de oportunidades laborales para estos profesionales será global.

El indice total de desempleo que dejará la pandemia en la aviación aún es incierto, pero algunos cálculos indican que a nivel mundial se quedarán sin trabajo unos 60 mil pilotos comerciales, y en México podrían ser alrededor de 700 los pilotos que las líneas aéreas tendrían en conjunto que despedir, esto sin contar con que alguna aerolínea quiebre, pero además hay que sumar que las nuevas contrataciones quedarían congeladas por al menos un par de años, lo que significaría que ya no se requerirían casi un millar de nuevos pilotos que se pronosticaba harían falta en el país de aquí a mediados del 2022, mientras que a nivel mundial serían casi 100 mil las plazas nuevas de pilotos que tendrían que posponerse, y por si fuera poco, los sueldos en todas las aerolíneas serán revisados a la baja, por lo que el ingreso promedio de un piloto podría ser hasta 30% menor al percibido antes de la pandemia.

Aunque la aviación se recupere a los niveles de crecimiento de antes de la aparición del COVID-19 a más tardar en el 2024, para los jóvenes aspirantes a piloto esperar tantos años equivale a ver esfumarse sus sueños de volar, pues además serían los pilotos experimentados que queden en la banca los primeros en ser contratados, por lo que un periodo de 3 a 6 años es más que suficiente para que una persona joven haga cualquier otra carrera y mejor se dedique a otra cosa.

Evidentemente este abrupto giro del destino afectará gravemente a la industria de la formación y capacitación aérea, pues las escuelas de aviación perderán no menos del 50% de los alumnos, o quizá más, considerando desde los que se desanimarán al ya no ver las prometedoras oportunidades que la aviación comercial ofrecía a corto plazo, hasta los que ya no podrán pagar la costosa carrera de piloto debido a la crisis económica que por muchos meses, y hasta años, aquejará a casi todas las actividades económicas, como consecuencia de la crisis sanitaria.

Me parece que este fenómeno llevará al cierre de la mayoría de las escuelas de aviación, y solamente las más grandes y prestigiosas tendrán la oportunidad de sobrevivir, pero eso sí, reestructuradas para operar con menores costos, con flotas reducidas, ofreciendo novedosos métodos de financiamiento a sus alumnos y aguantando pacientemente a que las aerolíneas empiecen a requerir otra vez nuevos pilotos.

Quiero pensar que este triste pronóstico no es definitivo, que la industria aérea será fundamental para reactivar la economía mundial y que las aerolíneas recuperarán todo su vigor mucho antes de lo esperado, pero de nada sirve tener alas si no se tienen pies, y con ellos bien plantados sobre la tierra debemos estar conscientes de que vendrán tiempos muy difíciles para los que quieran ser parte de los profesionales que integran la gran familia aeronáutica, pero con la certeza que inevitablemente llegará un día con buen tiempo, propicio para volver a volar muy alto, cuando las alas que el virus cortó hayan resurgido mucho más grandes y fuertes.

 

Saludos

 

Héctor Dávila

 

 

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