América Vuela
Agosto 8 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

El tema del infame Coronavirus es el medular en todas partes del mundo, y su terrible impacto en las industrias aeroespaciales y del transporte aéreo se consolida sin duda como la mayor catástrofe en la historia de la aviación, con miles de aeronaves en tierra, fábricas cerradas y talleres desolados por culpa de la pandemia. Los daños económicos han ya superado los peores pronósticos, con las aerolíneas tambaleándose ante pérdidas cercanas a los 300 mil millones de dólares, mientras que la ayuda financiera que les fue prometida por algunos países no parece que vaya a ser suficiente, principalmente porque el problema afecta a todos los sectores productivos.

La cosa es tan seria que ya se vislumbra que empresas como Airbus y Boeing tendrán que cortar su producción casi a la mitad para el 2021 y que la recuperación de los niveles anteriores a la llegada del COVID-19 no se logrará hasta el 2027, algo impresionante (y muy preocupante) si consideramos que hace apenas unos pocos meses la principal preocupación de la industria aeroespacial era el cómo darse abasto con la producción de aeronaves comerciales, ante la inmensa demanda.

Pero en este contexto donde la cuestión sanitaria nos satura por todos lados, parece difícil encontrar un tema de actualidad aeronáutica que no tenga que ver con el brote epidémico, pero al menos en México podemos distraernos un poco con el asunto del informe final del tristemente célebre accidente del helicóptero Agusta XA-BON, que sucedió en Puebla el 24 de diciembre del 2018.

Las autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) se habían comprometido a dar este muy esperado informe antes de que terminara el primer trimestre del año, y con todo y Coronavirus cumplieron presentando los resultados llegando apenas barriéndose el pasado 27 de marzo. Como era de esperarse, y para desencanto de los fanáticos de las teorías de conspiración, se confirmó que no hubo ninguna evidencia de posible atentado o intervención ilícita, pero finalmente quedó claro, con pruebas, que una falla mecánica aparentemente relacionada con negligencia en el mantenimiento y la operación del helicóptero es la causa más probable del accidente.

Según el informe, la causa probable del accidente fue la pérdida de control debido a un alabeo repentino hacia la izquierda que no fue recuperado por el piloto al mando, provocando que el helicóptero se invirtiera en vuelo e impactara con esa configuración contra el terreno, y el mismo dictamen determina que dicho alabeo repentino hacia la izquierda se debió posiblemente a que los dos actuadores lineales de alabeo del aparato se extendieron de manera simultánea, sin haber sido comandados.

El actuador lineal de alabeo del sistema de aumento de la estabilidad es lo que da movimiento a las aspas del rotor principal, permitiendo dar giros y dirección al helicóptero, del cual se sabe ahora que tenia dos tornillos sueltos y probablemente el contacto de uno de estos tornillos con las terminales 1 y 2 de las tarjetas electrónicas que los controla, permitió la posibilidad del despliegue no comandado y autónomo del helicóptero, en la dirección del actuador lineal correspondiente. Lo más grave sobre esto es que se descubrió que once días antes del accidente, el 13 de diciembre de 2018, los encargados del aparato detectaron las fallas en dicho actuador lineal de alabeo del sistema de aumento de la estabilidad número 2, pero pese a esto, irresponsablemente permitieron que el helicóptero siguiera operando, realizando nada menos que 31 vuelos antes de su trágica caída.

Con este dictamen ahora la SCT se le irá a la yugular a las empresas responsables, el taxi aéreo Servicios Aéreos del Altiplano SA de CV y el taller de mantenimiento Rotor Flight Services, S de RL de CV, con sendas auditorías técnicas y administrativas, mientras que de momento están suspendidas sus operaciones, en tanto se obtiene el resultado de dichas auditorías, además de que la Fiscalía General de la República investigará la posible responsabilidad penal por negligencia. ¿Negligencia? ¿En serio? ¡Pero si eso no pasa en la aviación mexicana!

El problema de fondo no es que pasen este tipo de cosas, el meollo del asunto radica en la impunidad con que siguen operando en el país algunas empresas aéreas de poca capacidad técnica, y ya muchas veces he externado aquí la preocupación sobre la existencia de bastantes talleres "patito" a los que se les permite operar, sin mencionar los taxis aéreos piratas, junto con la añeja práctica de centros de capacitación que venden capacidades de técnicos y pilotos "balín", que son un verdadero peligro para la aviación general y que, hay que decirlo, se han salido con la suya bajo las narices de las autoridades por muchos años.

No se trata de poca cosa, en los últimos años los accidentes aéreos en México penosamente han ido a la alza, mientras que la tendencia mundial es claramente a la baja; del 2016 al 2017 los accidentes aéreos en el país aumentaron de 46 a 67, y para 2018 subieron a 70, mientras que en 2019 aumentaron hasta 73, lo que significa un alarmante aumento en los accidentes de 58.6% en solo tres años.

El gobierno mexicano ha dado un importante paso para mejorar la seguridad aérea con la creación de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), y aunque es criticable que la investigación de accidentes no se puso en manos de una entidad independiente, la AFAC tiene la oportunidad con este su primer dictamen de un accidente de alto impacto mediático, de utilizar los resultados para ser ejemplar en la sanción a los posibles responsables, pues la seguridad aérea es un asunto que el país debe tomarse cada vez más en serio, dando total certeza a los usuarios, especialmente ante una situación como la que estamos viviendo donde la aviación en todas sus formas, y muy particularmente la aviación general, enfrenta condiciones de enorme fragilidad económica.


El futuro de la aviación mexicana depende en buena medida de que se garanticen los niveles óptimos de seguridad pese a la crisis causada por la pandemia mundial, y poder superar los retos que vendrán detrás, como las auditorías internacionales que con lupa harán el escrutinio de cómo se hacen las cosas por acá, y para las que francamente aún no estamos preparados.


De momento quizá han surgido otras prioridades, pero estoy seguro que la aviación mexicana superará los retos y volverá a recuperar la salud para continuar como una de las de mayor crecimiento en el mundo, pero no será lo óptimo tener un sano crecimiento si no se extirpa por completo el cáncer de la corrupción y las prácticas negligentes que atentan contra la seguridad en la operación de aviones y helicópteros.


Saludos

Héctor Dávila

 

Dictamen1

 

 

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