América Vuela
Mayo 29 ,2020

1964

Con la opinión de Héctor Dávila

La pandemia del espantoso Coronavirus COVID-19 tiene al mundo en estado de alerta, viviendo una pesadilla que solo se veía en las películas de horror y ciencia-ficción, aunque la comunidad científica sabía bien que solo era cuestión de tiempo para que ocurriera algo así. En este contexto resulta irónico que la industria aérea sea el mejor "aliado" del peligroso virus, pero al mismo tiempo la actividad económica que resultará más afectada.

Es obvio que la velocidad del transporte aéreo favorece tremendamente la propagación del virus, pues una persona portadora asintomática puede trasladarse a cualquier parte del mundo en cuestión de horas, muchos días antes de que la enfermedad se le desarrolle y pueda ser contagiosa, lo que nunca antes en la historia había sido posible y que ha globalizado el problema de manera extremadamente rápida. Evidentemente suprimir este potencial de propagación es una de las medidas que los gobiernos buscan implementar, a través del control y hasta la suspensión de vuelos comerciales desde los lugares donde la infección está más generalizada.

La naturaleza en sí de la crisis sanitaria ha llevado a la cancelación de los eventos masivos deportivos, de espectáculos y de negocios por todo el mundo, junto con la suspensión por parte de varios países de los vuelos procedentes de las regiones más afectadas (España, Argentina, Chile, Perú, Rusia y Canadá, junto con al menos otros 20 países, ya cerraron sus fronteras), destacando la decisión tomada por el presidente Donald Trump de impedir la llegada de aviones a Estados Unidos procedentes de Europa por un mes, lo que terminará afectando casi 200 mil vuelos comerciales de todo el mundo. Los ciudadanos norteamericanos sí podrán ingresar a su país, pero el número de vuelos directos será muy limitado. Aunque los aviones ejecutivos privados podrán cubrir la ruta si no van a bordo extranjeros, lo que de momento significará oportunidades para este tipo de aviación, la cancelación de tantas actividades a nivel internacional también terminará golpeando severamente el equilibrio económico de la aviación corporativa.

Esta extraordinaria situación es alarmante y me atrevo a decir que conducirá a la peor crisis jamás vista en la historia de la aviación, simplemente estimaciones muy conservadoras de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) pronostican que las aerolíneas perderán por esto más de 130 mil millones de dólares, lo que es más del triple de lo que perdieron durante la crisis del 9/11, lo que sumado a la presión financiera que ya sufren muchas de las empresas aéreas causará verdaderos estragos, de hecho una veintena de ellas ya están técnicamente en quiebra por esta situación.

Por todas partes aerolíneas como Delta, American Airlines, Grupo LATAM, Air France-KLM, Lufthansa y Aeroméxico se están viendo obligadas a reducir su capacidad de oferta entre 30 y 40%, lo que significará fuertes dificultades para mantener las fuentes de empleo, además por supuesto de la viabilidad financiera de todo el negocio del transporte aéreo, que a nivel mundial emplea de manera directa a casi tres millones de personas. Y aún falta lo peor, pues se espera que la mayoría de las aerolíneas europeas disminuyan su capacidad hasta 75% en los próximos días.

Países como Estados Unidos cuentan con dispositivos financieros para apoyar a sus aerolíneas en un caso como este, pero otros como México no tendrán esa oportunidad, y aunque aún no se toman aquí medidas para prohibir los vuelos de Europa, ya existe una fuerte presión político-social para que el gobierno evite que miles de personas traten de llegar del viejo mundo a los Estados Unidos vía México, esparciendo a su paso el virus, pues es obvio que mantener aislada por 14 días a toda esa gente, como pretenden los norteamericanos antes de dejarlos entrar a su país, puede ser una auténtica misión imposible.

Aeroméxico me parece que es especialmente vulnerable, la pobre recién cerró tratos con su sindicato de pilotos para mejorar sus prestaciones laborales y apenas a gatas salió del 2019 con números negros, y ahora me pregunto cómo podrá soportar las consecuencias de la reducción que ya anunció de dos quintos de su capacidad en vuelos internacionales, más la fuerte baja que se espera en la demanda de turismo, y creo que no bastará con que su director, el Dr. Conesa, se baje el sueldo como lo acaba de prometer.

La situación es verdaderamente grave para la aviación en todas sus formas, incluida la deportiva y privada, pues ya hasta los principales espectáculos aéreos y eventos de negocios aeronáuticos han sido cancelados o pospuestos, mientras que los analistas se rompen la cabeza tratando de pronosticar cuándo y a qué precio será la recuperación, pero como simple y penosa referencia, la caída de la aviación por los tristemente célebres ataques terroristas del 9/11 requirió de cinco años de esfuerzo para considerarse superada, ¡y la actual crisis podrá ser tres o cuatro veces mayor!

No hay una receta para enfrentar adecuadamente la catástrofe por la que está pasando la industria aérea, pero por supuesto la prioridad por ahora es contener la pandemia y vencer al monstruoso virus, que está poniendo a prueba a toda la sociedad, lucha en la que todos tenemos algo que aportar, como lo están haciendo excelentemente los empleados de los aeropuertos y las líneas aéreas que con gran profesionalismo, hora tras hora, están trabajando para cuidar de la mejor manera a sus pasajeros en estos tiempos tan difíciles. 

 

Saludos

Héctor Dávila

 

Edito16MarPrin

 

 

Archivo de Comentarios Editoriales