América Vuela
Septiembre 20 ,2020

1885

Con la opinión de Héctor Dávila

Dicen que andan muy contentos en la Subsecretaría de Transporte de la SCT con la chamba de echar a andar la nueva Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), pues tienen muy claro que traen en las manos una oportunidad de oro para destacar, en medio de un primer año de gobierno lleno de vicisitudes y tropiezos.

Se notó la buena actitud el pasado miércoles 13 de noviembre, cuando el subsecretario Carlos Morán Moguel se aventó una sesión de trabajo maratónica con todos los funcionarios que están relacionados con crear e integrar la AFAC, en el Centro de Mando Aeroportuario, en la que como todo un maestro en motivación personal inyectó elocuentemente mucho entusiasmo en todo su equipo, recalcando la oportunidad histórica que se tiene de hacer un verdadero cambio de fondo en la industria aérea con la nueva Agencia, invitándolos a aportar una lluvia de ideas para tomar en cuenta la experiencia de todos los que por tantos años han servido en lo que fue llamada la Dirección General de Aeronáutica Civil.

Este cambio en liderazgo fue un una luz inspiradora para muchos de los ahí presentes, que vivieron en carne propia la oscuridad que imperó en otras administraciones con respecto a la aviación, concretamente en la inmediatamente anterior, y parece que no me equivoqué cuando en su momento critiqué a la subsecretaria Yuriria Mascott, de la que dije de su gestión que seguramente pasaría a la historia como la peor que hemos tenido en cuanto a los transportes en México, entre otras cosas por desaprovechar la oportunidad (y eludir el compromiso) de modernizar a la Autoridad Aeronáutica, lo que tanto se había prometido y que el país necesitaba urgentemente desde hace muchos años.

Sin embargo, la actitud entusiasta del Ing. Morán Moguel, y de su flamante Director de la AFAC, el Lic. Rodrigo Vásquez Colmenares, obviamente no serán suficientes para hacer un cambio de fondo en la aviación, y sobre todo para hacerlo sentir en la opinión de la comunidad aeronáutica mexicana, que bien sabemos que se encuentra aún en "shock" por los abruptos cambios en política aeroportuaria (sí, me refiero a lo de la cancelación de Texcoco y todo el rollo de Santa Lucía), y la disminución a prácticamente cero del uso de aeronaves ejecutivas por parte del gobierno federal, lo que junto con algunas nuevas disposiciones fiscales, tienen a la aviación corporativa mexicana mirando su futuro con lágrimas en los ojos.

La Subsecretaría de Transporte y la AFAC, de la mano, tendrán que resolver muchos problemas para apuntalar la confianza de la aviación general, lograr la credibilidad que necesitan y hacer que realmente se note la diferencia, pues dentro del subsector aún hay muchas dudas sobre que dicho cambio vaya a ser más que solo de nombre. Entre estos problemas están cómo combatir con efectividad a los taxis aéreos piratas que usan ilegalmente aviones con matrículas "November" o "XB", derribar los obstáculos fiscales y burocráticos para la importación de manera rentable de aeronaves y sus partes, facilitar a las tripulaciones cumplir con obligaciones como la obtención del certificado de aptitud psico-física, o acabar con la corrupción en la obtención de las capacidades en licencias de pilotos y mecánicos, además de crear una organización efectiva, moderna e independiente para la prevención e investigación de accidentes aéreos, entre muchos otras contrariedades que afectan el desarrollo de esta industria.

No solamente es el tema aeroportuario, que de por sí representa ya para las autoridades el gran reto de suavizar la áspera relación con aerolíneas y asociaciones relacionadas al transporte aéreo comercial, que aún no digieren el nuevo orden, a las que habrá que apapachar un poco y mejorar el diálogo. Es también el amplio espectro de actividades de la aviación general el que hay que atender, y aunque no da notas de primera plana como la disputa entre Aeroméxico y Emirates o los infortunios de Interjet, es fundamental para el desarrollo del país, desde la avión agrícola hasta la de apoyo a la industria petrolera.

Aquí tiene el gobierno una gran oportunidad, la de hacer sentir a este segmento fundamental de la aviación que no está olvidado, que no solo importa el crecimiento orgánico de las aerolíneas y sus problemas de infraestructura, si no que se tiene claro que la mayoría de las aeronaves del país no son de transporte público, sino de trabajo, helicópteros, fumigadores, jets ejecutivos y aviones de escuela y deportivos.

Y por supuesto, sin que se nos olvide, cumplir la promesa de acabar con la corrupción, que todavía existe y sigue afectando con sus sucias garras a la seguridad aérea.

Ya tenemos al fin a la AFAC, lo que se agradece. Ahora resta ver que se ponga a funcionar con eficiencia y que impulse el despegue de toda la aviación mexicana. Hay con qué, y definitivamente ya es hora...


Saludos

Héctor Dávila

 

PA46

Archivo de Comentarios Editoriales