América Vuela
Abril 5 ,2020

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Con la opinión de Héctor Dávila

Con la realización de su tercer Congreso Internacional de Seguridad Aérea, y la inclusión del tema de la Vigilancia Aérea entre los más importantes en la agenda del alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), se dan pasos muy importantes para la recuperación de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM).

Esto es muy significativo porque, pese a haber adquirido mucho equipo nuevo en los últimos doce años, la FAM estaba en una especie de abandono estructural que la llevó a flaquear en seguridad y efectividad, sumiéndose en una crisis de accidentes recurrentes y falta de capacidad para proteger adecuadamente el espacio aéreo nacional.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, en que ocurrieron al menos 37 accidentes y muchos incidentes de aeronaves militares, considerando que la flota de la FAM en gran medida estaba ya renovada y sus pilotos volaban muy pocas horas en promedio, fue muy obvio que algo no andaba nada bien dentro de la institución, que sufría un promedio de 6 accidentes graves por año.

Fui el primero en señalar con datos duros que los accidentes dentro de la FAM, en función al número de horas voladas, capacitación y tipo de operación, iban a un ritmo inaceptable y preocupante, crítica de investigación periodística que en principio fue tomada y contestada por los mandos militares de una manera un tanto soberbia, hasta que las cosas llegaron a niveles insostenibles y a la SEDENA no le quedó otra que aceptar avergonzada el problema, haciendo cambios de mandos, prohibiendo vuelos riesgosos y cancelando los espectáculos aéreos.

No me dio gusto que el tiempo me diera la razón, pero sí que al fin se tomaran cartas en el asunto y a la seguridad aérea se le pusiera en el lugar que merece en la FAM, descartándose ese falaz pretexto de que la aviación militar tiene que ser por naturaleza peligrosa.

De tal suerte en el último año las cosas han estado cambiando, y el índice de accidentes se ha reducido notablemente dentro de la FAM, casi un 50% con tres accidentes en lo que va del 2019 (dos helicópteros y un UAV), y quiero pensar que se debe más a las medidas inteligentes que se han implantado, como darle mayor peso a la autoridad de los pilotos al mando, que simplemente porque se dejó de volar, ya que aunque ciertamente se ha disminuido el número de operaciones, de ninguna manera tanto como disminuyeron los percances.

En este contexto la apertura y constancia en la realización de eventos como el mencionado Congreso Internacional de Seguridad Aérea, que se llevó a cabo del 12 al 14 de noviembre en la Ciudad de México, son de reconocerse, pues la FAM al fin está pasando del rol de arrogante ponente al de atento y consciente escucha en materia de seguridad aérea, invitando expertos extranjeros militares y civiles a desarrollar los temas de interés, lo que desde cualquier ángulo es muy bueno.

Por supuesto aún hay mucho trabajo por delante para que la FAM logre los más altos estándares de seguridad, como sería modernizar su sistema de formación de pilotos, que francamente es muy largo, anticuado y caro, así como implementar más el uso de simuladores, ya que los que tiene son muy pocos con respecto a su flota, mientras que a nivel mundial el uso de simuladores ha sido la norma para mejorar las capacidades de los pilotos y abaratar los costos.

También se han dado otros pasos notables para mejorar la operatividad de la aviación militar mexicana, como rescatar los transportes Leonardo (Alenia) C-27J Spartan, de los que también señalé en su momento la pena de que con menos de seis años de haberse comprado y con muy pocas horas de vuelo encima, ya solamente uno de los cuatro estaba operativo, pero se hizo un esfuerzo por poner otros dos de nuevo a volar y aunque salió caro el rescate de estos aviones (3.65 millones de dólares), pues tenerlos parados resulta a la larga en costos mayores, este podría ser reflejo de un cambio importante de mentalidad en la FAM, pues ahí por años predominó un desperdicio de recursos casi criminal, dejándose al abandono muchas aeronaves sin mantenimiento hasta que se convertían en chatarra inservible, de los que puedo mencionar muchos ejemplos, en que se tiraron millones de dólares en equipo, pero los Spartan, que costaron 40 millones de dólares cada uno, son un caso aparte porque en vez de perderse se han vuelto a poner en servicio, aunque parece que uno de los cuatro ya no podrá arreglarse.

Igual de importante es que la SEDENA, con el grave telón de fondo de los problemas de seguridad que sufre el país, esté volteando la mirada hacia el tema de la Vigilancia Aérea y notando que sus sistemas son insuficientes y aceptando que requieren atención, como se señaló recientemente en una importante y polémica reunión de Generales con el Secretario de Defensa, general Luis Cresencio Sandoval González.

Aunque la FAM ha declarado a medios con excesivo optimismo ser muy eficaz con su Sistema Integral de Vigilancia Aérea (SIVA), la verdad es que a nadie convencían pues este es muy limitado como para creer que realmente puede cubrir con efectividad un territorio como el de México, ya que únicamente cuenta con seis aviones (un Embraer EMB-145 AEW&C, dos EMB-145 MP/SA, dos Beechcraft 350 King Air y una aeronave no tripulada Elbit Hermes 450), y muy poca cobertura de radar, pero se han propuesto mejorar y se quiere equipar al SIVA con tecnología de comunicaciones más avanzada, de Enlace de Datos Tácticos (EDT), para interactuar mejor con redes civiles y militares, en coordinación con una fuerza de reacción con ocho helicópteros y 20 unidades tácticas terrestres.

Por supuesto estas acciones parecen apenas una aspirina frente el dolor desgarrador de lo que vemos a diario que es capaz de producir el crimen organizado, pero es un paso importante, pese a que hay que tener presente que encontrar recursos para nuevo equipo militar dentro de la política de austeridad republicana, francamente se ve muy difícil.

Así las cosas, el mayor reto para la reestructuración del SIVA será poder sacar el mayor provecho a lo que se tiene, pues aunque hay muchos aviones nuevos, principalmente entrenadores y ejecutivos, cuya compra siempre me pareció un grave error, y aunque no hay interceptores capaces, son lo único que hay y con los que, pese a sus tremendas limitantes de desempeño, alcance y falta de sensores y armamento, habrá que arreglárselas para tratar de combatir a los cada vez más abundantes "narcojets".

Por otro lado, por lo menos en las misiones donde los helicópteros son esenciales, la FAM cuenta afortunadamente con una fuerza poderosa y moderna de unas 120 máquinas de ala rotativa multipropósito, aunque con demasiados modelos para mi gusto, lo que en un país como México puede ser una complicación al no poderse optimizar la preparación y disposición de tripulaciones, mecánicos e inventarios de partes, con tantas marcas diferentes (Mil, Airbus, Agusta, Bell, MD y Sikorsky).

Finalmente, como es bien sabido, la fuerza de combate es y será por mucho tiempo la más débil dentro de la FAM, y aunque se quiera "apantallar" como en el Gran Premio Fórmula 1 donde pasaron rugiendo tres F-5, estos no son para nada como cuando pasan un puñado de F-16 sobre el "Súper Bowl", que por allá son un símbolo de los miles de aviones de combate que tienen las fuerzas norteamericanas, sino por el contrario son prácticamente toda la fuerza disponible en México, lo que no es como para presumir, y aunque sin duda estos eventos se engalanen con la presencia de los únicos jets de combate de la FAM, no debe olvidársenos que esa no es su función principal, sino la de defender el espacio aéreo, y ahí son hoy símbolo de grandes carencias...

Mi crítica siempre ha sido preocupado porque la aviación militar en México se convierta en una que en todos los aspectos esté a la altura de lo que merece este gran país, y celebro que en la SEDENA y en la FAM se estén dando acciones, por sencillas que pudieran parecer, para superar las fallas, y cito al célebre historiador Daniel Cosío Villegas, con su agudo pensamiento: "Crítica, crítica severa, honrada, cuidadosa pero crítica, siempre crítica, aún cuando a veces resulte amarga y dolorosa... Las cosas buenas están bien. Las malas son las que hay que remediar. Es más honrado saber con lo que no se cuenta que jactarse de lo que se posee".


Saludos

Héctor Dávila

 

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