América Vuela
Noviembre 13 ,2019

1605

Con la opinión de Héctor Dávila

Tan inmensa como es la compañía aeroespacial Boeing parece ser la debacle que le espera, al acumulársele un problema tras otro, remolcados por la tristemente famosa crisis del 737 MAX. La cosa es que por todas partes le llueven golpes a la firma norteamericana, que día a día parecen deslustrar más su otrora inmaculado prestigio.

Por sí fuera poco que la flota de alrededor de 390 jets MAX siga detenida desde hace más de 7 meses, afectando a decenas de aerolíneas, sin que las autoridades aeronáuticas puedan dar aún una fecha siquiera aproximada para reactivar al avioncito (aunque American Airlines "cree" que podría ser en enero), a The Boeing Company se le están cumpliendo una por una todas las leyes de Murphy, empezando por la máxima de que si las cosan andan mal, seguro se pondrán peor...

Así pues, ahora ya son casi 40 aviones de series anteriores del 737NG, incluyendo once de la brasileña GOL, que también han sido puestos en tierra tras descubrirse grietas en una parte estructural del fuselaje donde se empotran las alas y que requieren de reparación urgente. No se sabe bien que tan extenso pueda ser este nuevo problema, que implica inspecciones inmediatas para aquellos aparatos con entre 20 mil y 30 mil ciclos de uso, pero se cree que en el peor de los casos pudiera afectar hasta un 5% de los aviones, lo que nos permite dimensionar el tamaño del lío considerando que hay unas 6,800 de esas aeronaves distribuidas entre un centenar de aerolíneas por todo el mundo, y si se aplica la Ley de Murphy, pues...

A esta bronca se suma también la tensa situación con la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que está muy molesta con Boeing por las fallas de calidad y diseño que tienen plagado de retrasos el programa de aviones tanqueros KC-46, los que adolecen desde llevar basura olvidada dentro de su estructura, hasta defectos potencialmente peligrosos en su rampa de carga y sistema de aprovisionamiento en vuelo, lo que ya le está costando muchos millones en sanciones y sobrecostos al apabullado fabricante, a lo que se sumó también el retraso en el lanzamiento del programa 777X.

Y claro, no faltaba más, había que revisar con lupa el programa 787 Dreamliner, no vaya a ser que las malas mañas que se le han encontrado a Boeing en los demás proyectos también lo estén afectando, y bueno ¿qué creen? Pues que ya le están empezando a sacar "trapitos al sol" a este modelo, como que sus flaps y salts podrían estar mal diseñados para operaciones invernales, y las órdenes por el más moderno y vanguardista avión Boeing en producción, están ya en franca picada, coronadas por la dolorosa cancelación recientemente de un contrato de Aeroflot por 22 Dreamliners, valuado en más de 5 mil millones de dólares, que ahora irán a caer en manos de Airbus. En medio de esta triste situación se espera que se tendrá que ralentizar la producción del 787, que ya tiene decenas de posiciones vacantes o sin vender. Este año las entregas totales de Boeing ya disminuyeron 47% y, con tantas cancelaciones, su listado de pedidos muestra un preocupante resultado negativo de menos 106 aviones.

Incluso lo que parecería ser lo mejor que le está pasando a Boeing en estos momentos, que es la adquisición de la división de aviones comerciales de Embraer, aparentemente está a punto de hacer erupción en Brasil, pues los ajustes para concretar la fusión que dará pie a la creación de la firma Boeing-Brasil Commercial, donde Embraer solo tendrá un 20% de las acciones, implican el despido temporal de 15 mil empleados, a los que se asegura que no perderán su trabajo, pero que están muy nerviosos, mientras los lideres sindicales ya afilan los cuchillos, pues muchos trabajadores se oponen tajantemente a que Boeing se quede con la industria aeronáutica comercial brasileña.

Todas estas complicaciones tienen a The Boeing Company muy afligida, y ya su desesperado Consejo de Administración le quitó el título de Presidente a Dennis Muilenburg, para que regañado y con orejas de burro se concentre exclusivamente en resolver de una vez por todas la crisis del 737 MAX (ya se habían tardado), pues todavía falta lo más difícil, la certificación por parte de las ahora escépticas autoridades aeronáuticas europeas y asiáticas, que no tomarán por buena así nomás la aprobación que eventualmente otorgue la Federal Aviation Administration (FAA) a los cambios en los sistemas de control y capacitación, pues ya se demostró plenamente que la autoridad norteamericana fue muy permisiva y hasta inepta con la certificación original de los sistemas del MAX, lo que ya sabemos el fuerte daño en la reputación que esto le ha costado, por estar el tema directamente relacionado con los dos lamentables accidentes fatales que todos conocemos, y que desataron esta crisis en la aviación mundial.

Como mencioné, no está claro cuándo logrará Boeing resolver la crisis MAX; la FAA ha señalado que no hay una fecha estimada y que continúa revisando los cambios en los procesos de capacitación que se requerirán para los pilotos, y las estimaciones de las aerolíneas, que quién sabe en qué se han basado, han resultado todas equivocadas, por lo que aún no es posible cuantificar totalmente el tremendo costo a nivel mundial que está generando este problema.

Sin embargo, peses a todo, en la magullada Boeing no se pierde por completo el entusiasmo, y aún bajo la sombra de casi todos sus proyectos emproblemados, con increíble optimismo planean un nuevo desarrollo, el 767X, el cual sería una modernización del viejo 767 del que muchas aerolíneas necesitan un reemplazo.

En este contexto Boeing decidirá hasta el próximo año si se avienta a desarrollar un avión totalmente nuevo de tamaño mediano, que se llamaría 797, pero sobre la idea del 767X me pregunto, con todo lo que ha pasado ¿será conveniente reintentar modernizar un avión viejo para seguirle sacando provecho? ¿No fue eso justamente el origen de la catástrofe del 737 MAX?

Creo que tras todos los tropiezos Boeing necesita ser más imaginativa para poder emparejársele a su némesis Airbus, que ya le aventaja mucho en nuevos pedidos, y posiblemente el mercado será poco receptivo al concepto de otra vez forzar viejos diseños para seguirlos haciendo competitivos, pero más importante, ¿quién más cuenta con los recursos y experiencia suficientes para desarrollar un avión totalmente nuevo, económico y ecológico, capaz de conquistar los cielos del Siglo XXI? Boeing debe reasumir ese compromiso.


Saludos

Héctor Dávila

 

BoeingFactoryEdi

Foto: Boeing

 

 

 

Archivo de Comentarios Editoriales