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Con la opinión de Héctor Dávila

Durante las Fiestas Patrias se ha vuelto tradicional mirar al cielo para admirar el desfile de las unidades de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), pero más que observar esta demostración con la banalidad de considerarla un espectáculo y lejos de las "curiosidades", como la de que a bordo de un F-5 va por primera vez una mujer, lo importante es que esta parada militar es para mostrar a la sociedad con qué capacidades se cuenta para la defensa del espacio aéreo nacional.

Este año se asignaron para el desfile sobre el Valle de México 72 aeronaves (incluidas 10 de la Secretaría de Marina), lo que es menos de la mitad de las 160 que volaron el año pasado y con menos pasadas, lo que es reflejo de que a la Fuerza Aérea ya la está alcanzando la austeridad republicana, y en el presupuesto 2020 se le aplicó un recorte de casi 1,500 millones de pesos, lo que encarecerá su efectividad.

Podría pensarse que México no enfrenta amenazas externas y por tanto no necesita una fuerza aérea poderosa, pero la realidad es que el espacio aéreo está seriamente comprometido por las incursiones de innumerables aviones del crimen organizado, que llevan drogas desde Sudamérica hacia Estados Unidos y dinero en sentido opuesto. En estas operaciones los delincuentes cada vez más y más están utilizando aviones muy veloces para sobrevolar México y Centro América, contra los que la FAM no puede hacer prácticamente nada. Se trata de aparatos a reacción o turbohélices presurizados, los que logran grandes altitudes y tienen mucho mayor velocidad y alcance que los aviones ligeros a pistón y desde hace unos años no ha sido raro que se capturen aviones Learjet y hasta Gulfstream en actividades ilegales, siendo al parecer el Hawker BAe 125/700 uno de los tipos de jets favoritos de los narcotraficantes, como ejemplo dos de ellos descubiertos que sufrieron percances este mismo mes, uno en Guatemala el pasado 13 de septiembre y otro en Campeche el día 11 (más otro de este mismo tipo que fue asegurado en marzo pasado en Chetumal y uno más en el mismo lugar en diciembre de 2018), así como bimotores turbohélices de alto desempeño como el Beechcraft King Air, uno de ellos asegurado en Belice apenas también el pasado 13 de septiembre y otro el día 6 en Campeche, misma zona donde el 6 de junio se aseguró otro King Air igualito, y uno más en Chetumal el 14 de agosto, e incluso al mismo tiempo que se publicó esta nota, un King Air adicional fue abandonado en un campo en Quintana Roo.

En lo que va del año las autoridades guatemaltecas han decomisado más de una treintena de aeronaves de la delincuencia que han aterrizado en su territorio, básicamente debido a desperfectos, mientras que en México en el mismo tiempo la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha decomisado al menos una veintena de aeronaves y en el sexenio pasado fueron más de 120 los aviones capturados. Considerando la obvia suposición de que la mayoría de los narco-aviones logran pasar impunes con sus cargamentos, nos podemos dar una idea de la gran cantidad de vuelos ilegales que cruzan por la región. Algunas estimaciones suponen que fácilmente podrían ser no menos de veinte al mes.

La aparente y creciente predilección del crimen organizado por aviones de estas capacidades se debe en gran medida a la incapacidad de las fuerzas aéreas de la región para detectarlos e interceptarlos, situación que se ha agravado gradualmente desde que desapareció en 2013 la Dirección de Intercepción de la PGR, que en su época de oro usaba eficaces jets Citation II equipados con radar APG-66, similar al de un caza F-16. Ya he señalado anteriormente que México actualmente solo usa entrenadores Beechcraft T-6C Texan ll y helicópteros como interceptores, los cuales además de no contar con radar adecuado para este tipo de operación, son muy lentos como para alcanzar a los jets y turbohélices grandes, mientras que apenas cuenta con cuatro obsolescentes cazas Northrop F-5/F Tiger II de 37 años de antigüedad, los cuales no tienen sistemas modernos y están centralizados en la Base Aérea Militar de Santa Lucía con muy bajo nivel de disponibilidad, lo que sumado a su corto alcance no les permite ser empleados con efectividad en este tipo de misiones. Además las fuerzas mexicanas han reconocido en diversos documentos, desde hace años, que carecen de los sistemas de radar suficientes para la adecuada cobertura de su espacio aéreo.

Por otro lado, las fuerzas centroamericanas están igual o más limitadas, usando principalmente entrenadores y tienen muy pocos jets. Los 12 Cessna A-37B Dragonfly de la Fuerza Aérea Salvadoreña son viejos e inadecuados para interceptación, pues no tienen radar y sufren de baja disponibilidad por falta de mantenimiento, mientras que la Fuerza Aérea Hondureña tiene solo dos cazas F-5E/F operativos y casi siempre sufriendo también por falta de refacciones, al tiempo que el resto de su flotilla está en proceso de reparación y de sus A-37 solo están operativos dos o tres. Guatemala también tiene el Cessna Dragonfly, pero de los seis en inventario ya ninguno vuela y su intención de comprar dos Pampa lll argentinos fracasó.

Se cometió un grave error cuando hubo la oportunidad de reestructurar y modernizar a la FAM, pues no parece que se hayan tomado en cuenta las verdaderas necesidades para la salvaguarda del espacio aéreo y se adquirieron demasiadas aeronaves caras e inadecuadas. La FAM cuenta con unas 310 aeronaves operativas, además de otras 45 que no están en servicio (32 helicópteros y 13 aviones) y que permanecen en tierra por estar dañadas o requerir reparaciones mayores. De las aeronaves operativas 97 son helicópteros (6 de ellos de tipo ejecutivo en venta) y 18 son vehículos aéreos no tripulados, 23 son aviones de transporte, 13 son jets ejecutivos (4 que están en proceso de venta), alrededor de 150 son entrenadores y solamente cinco aviones son de vigilancia electrónica y cuatro interceptores.

Entre los aviones de entrenamiento hay 57 nuevos Beechcraft T-6C+ Texan II que la FAM usa como interceptores. El Texan ll es un excelente aparato de adiestramiento, pero pretender considerarlo como un multirrol táctico es ridículo, pues se diseñó y comercializa como un entrenador puro, (multirrol sería su "hermano mayor" el AT-6 Wolverine, que cuenta con sensores, más potencia y capacidad de armamento guiado), pero los "Tejanos" de la FAM no cuentan con ningún tipo de sensor electrónico ni su prestaciones son adecuadas para volar artillados, y si se les logra dotar en un futuro con armamento, este será de práctica y de ninguna manera del tipo aire-tierra deseable en la actualidad, pues en el siglo XXl es fundamental usar municiones de precisión "quirúrgica" para evitar daños colaterales; ya hemos visto en México desgracias de civiles inocentes muertos por fuego de ametralladora desde helicópteros, ¿qué pasaría con el uso del mismo tipo de armas no guiadas desde aviones con mucho menor precisión?

Por supuesto sobra decir que un Texan II tiene muy pocas posibilidades de alcanzar a los veloces turbohélices y ninguna a los jets que están prefiriendo los criminales, mientras que para reconocimiento son muy caros y ahí sirven mejor los helicópteros. Sin radares suficientes para su guía, y prácticamente con una sola plataforma de detección y control Embraer 145 AEW&C, que realiza apenas unos 15 vuelos al mes, la de detener a los aviones del crimen organizado parece una misión imposible.

Ya he criticado mucho la desgracia de la adquisición de demasiados entrenadores y tan caros a cambio de no invertirse casi nada en la protección del espacio aéreo; en un país como México, con tantas carencias (hasta de medicinas en los hospitales), es una tristeza que se gastaran 500 millones de dólares en aviones entrenadores pretendiendo darles un rol táctico, principalmente porque esa adquisición obedeció a una visión obtusa y muy mediocre de las doctrinas modernas del poder aéreo. Para empezar ni siquiera están sirviendo para mejorar notablemente las capacidades de los pilotos de la FAM, pues están muy subutilizados, ya que los pilotos militares están volando menos de 6 horas al mes, además que las fuerzas aéreas modernas están privilegiando otras tecnologías, como los simuladores, para tener pilotos capaces a menor costo, mucho más rápido y con flotas muy pequeñas de entrenadores a hélice en relación al número de pilotos en servicio, en una proporción inversa a lo que pasa en México, e incluso hay fuerzas aéreas muy competentes, como la sueca o la alemana, que resuelven la formación de pilotos externamente de forma muy económica ¡y no poseen ni un solo entrenador!

Peor aún, los propios pilotos de la FAM que hicieron durante años evaluaciones para la adquisición de nuevos aviones siempre recomendaron la compra de verdaderos jets multipropósito, concretamente el BAe Hawk, e incluso cuando se resignaron a que se les compraría un turbohélice siempre recomendaron en primer lugar el Embraer Súper Tucano, que al menos sí está concebido como un avión táctico, pero se desoyeron las opiniones expertas.

Las fuerzas armadas mexicanas cada vez se orientan más a las acciones contra la delincuencia organizada, desplegando este primer año del mandato de López Obrador más elementos que en los anteriores (63 mil), con enormes retos como detener el robo de combustibles, y por supuesto el tráfico ilegal de estupefacientes y armas.

Los aviones militares no son para espectáculos, festivales y desfiles, son para defender nuestro espacio aéreo con efectividad y la FAM no puede distraerse de este importantísimo objetivo, por lo que resulta muy penoso ver que los pilotos militares no cuentan con el equipo adecuado para cumplir tan ardua tarea y más penoso ver que, por culpa de los despilfarros de la ultima década, en esta administración no se asignarán recursos para adquirir las aeronaves y sistemas tecnológicos necesarios para la eficaz cobertura del territorio; a lo mucho habrá dinero de los seguros para reponer dos o tres aeronaves accidentadas y mantener los cuadros.

Hay que reconocer que los helicópteros y transportes modernos con que cuenta la FAM son herramientas imprescindibles para el apoyo en casos de desastre, donde siempre han estado prestos a ayudar, y por supuesto su mayor capital es el gran valor de los hombres y mujeres que forman sus filas, los que se esfuerzan con entrega en cada misión pese a todas las fallas y carencias del sistema, lo que siempre será digno de un sincero aplauso, pero hay que decirlo, esos aviadores merecen que se les dé el equipo adecuado para cumplir mejor con su deber.


Saludos

Héctor Dávila

 

T 6TexanIIEditorial

 

 

 

 

 

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