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Con la opinión de Héctor Dávila

El accidente mortal la semana antepasada del helicóptero Airbus EC.130 XA-VRG, al servicio del gobierno de Michoacán, volvió a atizar la polémica y los cuestionamientos de moda: ¿por qué se están cayendo tantas aeronaves en México? ¿Hay crisis de seguridad aérea en el país? ¿Son seguras las aerolíneas nacionales?

La cobertura mediática que se da a los accidentes aéreos y la celebridad de los pasajeros afectados hacen natural que el impacto social de estos siniestros sea tan grande, pero muy pocas veces en los medios se presentan análisis serios y confiables sobre este escabroso tema, por lo que bien vale la pena dar un breve repaso de cómo va realmente la seguridad aérea durante este año en México, desde la perspectiva de cada uno de sus principales segmentos, como helicópteros, aerolíneas, aviación privada, agrícola y militar.

Como preámbulo hay que señalar que para México el año pasado fue uno de los peores en seguridad aérea del último lustro, pues se presentaron 77 accidentes con 61 muertos, contra 76 accidentes y 60 muertos en 2017, en drástico contraste con los 49 accidentes y 42 muertos registrados en 2016 (lo que significa un alarmante aumento en accidentes del 50% en solo dos años), mientras que de enero a lo que va de agosto de este año se han suscitado al menos 49 accidentes aéreos con un lamentable saldo de 40 muertos, prácticamente la misma tendencia del mismo periodo del 2018, ya que descontando las víctimas del Global Air en Cuba, en ese plazo murieron en México 39 personas en 48 tragedias aéreas. Estas no parecen ser buenas noticas, pues podemos adelantar que, en general, no se percibe mejoría.

Los helicópteros. Este segmento ha sido el más mediático, con los accidentes de Puebla y Michoacán acaparando los titulares, sin embargo este año se han registrado 4 accidentes de ala rotativa de todo tipo (tres de turbina y uno de pistón), más uno que fue derribado a tiros por policías en un incidente muy confuso y que por tanto no puede considerarse llanamente como accidente, por lo que si comparamos con los 10 helicópteros accidentados el año pasado (8 de turbina y 2 a pistón), no se puede sostener que exista un notable aumento en los accidentes de helicópteros en México como varios medios señalan. Incluso descontando a los militares y navales, que creo deben ir en un análisis aparte, serían 7 helicópteros civiles accidentados en 2018 contra solo 3 en lo que va del 2019, por lo que se ve una ligera tendencia a la baja que en los próximos meses puede quedar claramente definida, tal vez como parte del esfuerzo que desde el año pasado las autoridades y operadores realizan con el Comité Consultivo de Seguridad Operacional de Helicópteros, lo que sería ideal, dado que la tendencia mundial de accidentes de helicópteros va muy claramente a la baja y ojalá este sea también el caso de nuestro país.

Aerolíneas. Este sector hasta el momento parece ir bien, superando al año pasado que fue realmente trágico con las caídas del Embraer de Aeroméxico Connect en Durango y del Boeing 737 de Damojh (Global Air) en Cuba, accidentes que, junto a muchos incidentes, evidenciaron una seria problemática de tripulaciones inmaduras, integradas por pilotos muy jóvenes, con poca experiencia y poco disciplinados. Es obvio que casi todas las aerolíneas han "jalado orejas" y se han puesto las pilas, lo que se nota hasta en las comunicaciones en las frecuencias, donde ya no se escucha tanto "chacoteo" como antes, pero lamentablemente el problema de pilotos indisciplinados sigue dando la nota, como los escándalos de algunos de ellos sorprendidos en aparente estado de ebriedad, incluso en vuelos internacionales. Sin embargo, creo que el mayor riesgo para las aerolíneas reside actualmente en la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde ya se presenta una alarmante taza de aviones que se tienen que "ir al aire", pues del primero de diciembre del 2018 al 29 de junio de este año se registraron 729 de estas maniobras (88% por parte de aerolíneas nacionales), lo que significa que diariamente se estarían realizando de 3 a 4 de estos procedimientos (casi 6 por cada mil aproximaciones), lo que es el doble de lo que se considera el máximo aceptable (a nivel mundial se dan de 1 a 3 idas al aire por cada mil aproximaciones). Las "idas al aire" para volver a intentar la aproximación no se consideran emergencias, pero en el AICM hay ya tantas operaciones con tan poca separación entre los aviones, más un clima muy cambiante, que resultan circunstancias criticas que están obligando a los pilotos a realizar las idas al aire con mucha más frecuencia, y en condiciones más difíciles, ocasionando tensión y problemas de administración del espacio aéreo. Si consideramos que las estadísticas indican que un 10% de estas idas al aire son potencialmente peligrosas, tenemos prácticamente una bomba de tiempo haciendo tic-tac, en tanto no se resuelva desahogar al AICM con una nueva terminal aérea...

Aviación Privada. Los jets ejecutivos operados por las empresas serias en México, como lo he señalado muchas veces, tienen un récord de seguridad excelente, a la par o mejor que sus colegas norteamericanas. Aquí el problema son los taxis aéreos "pirata", que operan aviones viejos con muchas irregularidades con matrículas extranjeras o privadas, con mantenimiento deficiente y hasta tripulaciones con capacidades apócrifas. Este tipo de sucios operadores arruinaron el récord perfecto de cero accidentes de jets privados del año pasado e incluso apenas a la mitad ya es 2019 el peor de los últimos tres años para este tipo de aviación, pues se han dado tres siniestros, incluido el del trágico Challenger en Coahuila en el que fallecieron 13 personas.
El resto de la aviación privada ligera no presenta tendencia alarmante en accidentes con respecto al año anterior, pero esto no es para cantar victoria, pues varios de los accidentes han estado relacionados con irregularidades en mantenimiento y licencias, por lo que es imperativo que las autoridades redoblen esfuerzos, puesto que pese a que han habido operativos como inspecciones en rampa en busca de aeronaves problemáticas, aún no han trascendido resultados dignos de mención y los pillos siguen haciendo de las suyas (incluidos inspectores corruptos), en especial en aeropuertos como Atizapán, Guadalajara y Querétaro.

Aviación Agrícola. Esa si está para llorar, con al menos 17 accidentes en lo que va del año, lo que se enfila a superar los ya de por sí escandalosos 23 accidentes de fumigadores ocurridos durante 2018. La migración de pilotos calificados a la aviación comercial, la flota decrépita y la incapacidad de las autoridades para supervisar a este tipo de aviación son las causas de tan alta siniestralidad. La buena noticia es que las autoridades ya están planeando varias juntas para el mes de agosto entre operadores y entidades relacionadas a esta actividad, con el fin de encontrar la manera de revertir esta tendencia

Aviación Militar. La Fuerza Aérea Mexicana (FAM) este año parece estar sacándose la espina del nefasto índice de accidentes que presentó todo el sexenio pasado, con seis accidentes tan solo en 2018, mientras que en lo que va del 2019 solo ha tenido uno, pero se trató de un vehículo no tripulado. Parte de esta mejoría se debe a 14 medidas implementadas por la FAM, entre las que destacan la suspensión temporal de todas las operaciones de helicópteros a fin de realizar pláticas de concientización sobre la importancia de operar las unidades conforme a las normas, además se especificó que cuando los mandos sean transportados en una aeronave los pilotos sean los que tomen todas las decisiones y se ordenó de forma permanente mayor supervisión para determinar el grado de capacitación de las tripulaciones. Sin embargo, hay que decirlo, parte de la baja en la siniestralidad también se debe a que la FAM ha disminuido mucho el número de sus operaciones desde julio del año pasado, tanto por falta de refacciones y combustible, como por orden superior prohibiendo los vuelos acrobáticos. Ademas han tenido muchos problemas con la adquisición de las pólizas de seguro de las aeronaves militares, cancelándose incluso el proceso de licitación que ya llevaba un año, desatando una fuerte controversia alrededor de este delicado tema por parte de las compañías aseguradoras. Pero esperemos que las buenas cifras en materia de seguridad en la FAM sean realmente producto de que se están enderezando las cosas que estaban mal, y se mantenga el buen rumbo.
En la aviación naval por desgracia se ha dado un accidente fatal este año, en el marco de una operación particularmente complicada como lo es la lucha contra incendios, pero no hay elementos que pudieran indicar una disminución de la seguridad aeronaval con respecto al 2018, aunque desafortunadamente tampoco hay mejoría, por lo que creo que en la Armada de México tienen que prestar más atención a la seguridad aérea, pues el sexenio pasado llevaban un récord muy bueno.

Es claro que un elemento fundamental para garantizar la seguridad aérea es la existencia de una autoridad aeronáutica competente, profesional y honesta, junto con una organización con capacidad de investigar los accidentes aéreos de manera autónoma e implementar medidas preventivas eficaces, además de llevar estadísticas confiables, cosas que lamentablemente no existen en México y por las que la industria aérea ha suplicado por décadas. El nuevo Gobierno parece haber escuchado estas súplicas y se ha propuesto poner en marcha por primera vez una Agencia Federal de Aviación Civil (que ya estará en funciones dentro de unos 180 días), la que puede ser la base, al fin, que permita poder afrontar correctamente los grandes retos que implica la seguridad en la aviación actual.

 

Saludos

Héctor Dávila

 

Edit4Ago2019

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