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Con la opinión de Héctor Dávila

Como en el cuento de "ahí viene el lobo" nos trajeron casi una década con que ahora sí se elevaría a la Autoridad Aeronáutica mexicana de una pobre Dirección General a nivel de Agencia autónoma, pero los gobiernos anteriores, por una o por otra, a la hora de la hora se rajaban. Pero esta vez, por fin tenemos una verdadera buena noticia para la aviación: el presidente Andrés Manuel López Obrador ya firmó el Decreto de creación de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), mismo que en cualquier momento será publicado en el Diario Oficial de la Federación y entrará en vigor al día siguiente.

No exagero al decir que este es un paso histórico trascendental para la aviación mexicana, pues desde que México fue penosamente degradado a "Categoría 2" por la Auditoría del International Aviation Safety Assessment Program de la Federal Aviation Administration (FAA) en 2010, se reconoció como urgente la necesidad de modernizar la estructura del órgano regulador de la aviación nacional para poder garantizar la seguridad aérea, pero no se había dado ningún avance, enquistándose más con los años la obsoleta y limitada capacidad de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

La nueva Agencia Federal de Aviación Civil será un órgano administrativo  desconcentrado que tendrá por objeto establecer, administrar, coordinar, vigilar, operar y controlar la prestación de los servicios de transporte aéreo nacional e internacional, aeroportuarios, complementarios y comerciales. Se podría pensar que se trata tan solo de un cambio de membrete, y que la nueva AFAC no tiene diferencia de fondo con la DGAC a la que va a sustituir, pero esta es una visión bastante ignorante, pues la "independencia" de dicha agencia (aunque estará jerárquicamente subordinada a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes) representa una diferencia como de la noche al día, ya que por primera vez en la historia la autoridad aeronáutica tendrá la facultad de gozar de autonomía orgánica y podrá diseñar las políticas de Estado en materia de aviación que la industria tanto ha exigido.

Si bien la AFAC no tendrá la total independencia patrimonial de un órgano descentralizado, lo importante es que podrá desarrollar las políticas públicas y programas en materia de aviación civil y aeroportuaria, así como ejecutar las actividades necesarias para llevarlas a cabo. Para lograr esto, dentro de los 180 días a partir de la entrada en vigor del Decreto se expedirá el Manual de Organización de la AFAC, pero de inmediato se le re asignarán  los recursos humanos, materiales y financieros de la DGAC, respetando todos los derechos laborales de sus empleados.

La AFAC nace en un momento bastante crítico, con una serie de problemas que requieren de mucha atención, como la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) que ya presenta una situación de riesgo latente bastante preocupante, evidenciado por el enorme incremento de "idas al aire" de aviones que se está dando en esta terminal aérea (a nivel mundial es aceptable que se den en promedio dos "idas al aire" por cada mil aproximaciones, en el AICM se están registrando seis cada mil aproximaciones, y estadísticamente 10% de ellas son en condiciones potencialmente peligrosas), lo que implica poner mucha atención en la supervisión de las soluciones de tráfico aéreo durante el tiempo que tarde en construirse el aeropuerto de Santa Lucía y pueda realmente descongestionarse. También se tendrá que lidiar con la tensa situación financiera de varias aerolíneas y con el descontento de Aeroméxico y sus sindicatos por la autorización del vuelo en "quinta libertad" Barcelona-Ciudad de México de Emirates, que aunque obedece a un acuerdo firmado por el gobierno anterior, el que se le encontrara un slot en el saturadísimo AICM fue como patear un avispero. Además están los problemas de siempre: licencias y capacidades de tripulantes falsas, taxis aéreos piratas, montones de verificaciones técnicas de seguridad en prórroga o mal hechas, escuelas patito, comandantes e inspectores corruptos, ineptitud burocrática y un largo etcétera.

Es evidente que la nueva AFAC no hará que por arte de magia se adelgacen las problemáticas, irregularidades y corruptelas que llevan engordando por muchos años alimentadas por la obsolescencia de la DGAC. Tomará tiempo lograrlo, y mucho valor para de una vez tirar las manzanas podridas, pero hay que reconocer el esfuerzo del subsecretario Carlos Morán Moguel y del director de aeronáutica Rodrigo Vázquez Colmenares, quienes anunciaron en febrero pasado durante AeroExpo que por estas fechas se daría este importantísimo paso y están cumpliendo lo prometido, dando a la comunidad aeronáutica mexicana, por primera vez desde hace mucho, una luz esperanzadora de que de verdad podemos mejorar.

 

Saludos

Héctor Dávila

 

Recomendamos leer también la nota: Detalles del Decreto de creación de la AFAC firmado por AMLO

 

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