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Con la opinión de Héctor Dávila

Vaya que es sorprendente cómo la suerte puede cambiar en un parpadeo: el 737 MAX pasó de ser un tremendo "hit" para Boeing, siendo su modelo más exitoso de la historia al acumular en tiempo récord más de 5,000 pedidos, a de repente ser repudiado como un producto mal diseñado, en el que por un intento para ahorrar tiempo y dinero se alargaron los límites tecnológicos de un anacrónico avión al cual además, en un aparente contubernio (o al menos negligencia) con las autoridades aeronáuticas estadounidenses (FAA), se le permitió entrar en servicio obviando fallas que eventualmente llevarían a los dos trágicos accidentes de Lion Air y Ethiopian, los que cobraron las vidas de 346 personas, dejando en duda la confiabilidad de la FAA, pérdidas descomunales para las aerolíneas y gran desprestigio para Boeing.

En resumen, Boeing planeaba desarrollar en 2011 un nuevo avión de pasillo sencillo del rango de 200 asientos para sustituir al 737, su grandioso pero ya muy cansado caballo de batalla, para poder competir de tú a tú contra la familia A320 de Airbus, que le quitaba cada vez más pedidos, por ser una serie de aviones más avanzados y económicos. Lamentablemente Boeing jugó mal sus cartas y ante la tremenda presión de los continuos éxitos del A320 se decidió, pese a la molestia de sus ingenieros, por hacer una versión revisada del 737 que pudiera seguir siendo rentable y estar disponible mucho más pronto, en vez de invertir en un avión totalmente nuevo.
Lograr esto requirió de tantos cambios que al final se obtuvo prácticamente un aparato distinto, al que para poder ser tripulado de forma similar a sus antecesores se le tuvo de dotar del ya satanizado sistema MCAS (Maneuvering Characteristics Augmentation System), el cual, como ya todos sabemos, no jaló y aún peor, han salido a la luz muchas evidencias de que se sabía que el sistema podría tener fallas, pero la FAA funcionaba en tal nivel de simbiosis con Boeing, que casi criminalmente se le permitió al fabricante la certificación del avión pasando por alto la estricta supervisión que realmente requería.

De golpe, las medidas de precaución mientras se corrigen las fallas obligaron desde hace cuatro meses a poner en tierra todos los 737 MAX, operados por casi medio centenar de aerolíneas, suspendiéndose más de 8,600 vuelos semanales por todo el mundo. Las inmensas pérdidas aún no son cuantificables, al tiempo que se acumulan los meses las compañías sufren por culpa de la suspensión de operaciones del desdichado avión, por ejemplo American Airlines, que tiene una flota de 24 MAX, ha tenido que cancelar 7,800 vuelos y absorber 138 millones de dólares en pérdidas, mientras que Norwegian, con 18 de estos aviones en su flota, ya perdió 81 millones de dólares, siendo las menos afectadas las que han tenido que replantear todos sus planes de desarrollo hasta por varios años ante la falta de los aviones.

Naturalmente hay demandas de familiares de las víctimas, de aerolíneas decepcionadas y hasta de grupos de pilotos que se sienten moralmente afectados, que junto a un fuerte deterioro de la imagen pública de la empresa hicieron que las acciones de Boeing se desplomaran y que el precio del 737 MAX se devaluara más de 5%, además de que Airbus ha podido hacer ganancia de pescadores en río revuelto, aventajando a la norteamericana en pedidos por amplio trecho, pues obviamente ya casi nadie parece querer uno de esos Boeing...
Pero las grandes preguntas son: ¿cuándo caramba regresará al aire el 737 MAX? y ¿qué tan dañada saldrá Boeing de todo este embrollo?

La respuesta a ambas incógnitas está estrechamente ligada al hecho de que aún no se ha resuelto el problema fundamental, que es rectificar los sistemas del avión para que sea totalmente seguro de operar, lo que se está complicando mucho, haciendo muy difícil predecir cuándo podrá volver a volar: se hablaba de que sería pronto, antes de junio, luego que en este mes de julio, después que sería hasta octubre y ahora nadie cree que pueda ser antes de noviembre, y los más pesimistas piensan que no veremos un MAX en el aire hasta el próximo año.

Y es que están surgiendo más detalles incómodos, por ejemplo la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) ha remitido recientemente una lista de cambios que solicita se hagan al avión para poder dejarlo volar, entre los que destaca la nueva preocupación de que el piloto automático al parecer no siempre se desconecta correctamente en ciertas situaciones de emergencia, sin dar tiempo a los pilotos para evitar un desplome o entrada en pérdida. Este cambio en el piloto automático significaría extender aún más el tiempo que se necesita para completar todos los arreglos, sin mencionar que, tras conocerse la pésima conducta de la FAA en la certificación del Boeing, se espera que las autoridades aeronáuticas de todos los países, especialmente las europeas y las asiáticas, sean particularmente duras al revisar cada detalle de la certificación del avión norteamericano antes de permitirle volver a entrar en servicio comercial.

Boeing es un titán que con aparente estoicismo se ha estado enfrentando a la crisis del 737 MAX, pero ha trascendido que entre sus empleados y ejecutivos campea la tristeza, la frustración y hasta el coraje, lo que no es para menos, pues los problemas no dejan de golpear a la empresa desde varios flancos; por ejemplo el programa del avión cisterna KC-46 para la Fuerza Aérea norteamericana ha estado también inmerso en una interminable cadena de fallas y escandalosas irregularidades que han irritado mucho al Pentágono, además que Boeing tuvo que retirarse del prometedor concurso para adquirir un nuevo avión de combate para las fuerzas canadienses, enojada porque según el negocio ya estaba "arreglado" a favor de Lockheed Martin. Por si fuera poco, ahora que se sabe cómo era la relación de Boeing con la FAA, también está bajo escrutinio la producción del 787 Dreamliner, donde con lupa en mano los "inquisidores" le están rascando para ver qué le encuentran.

Boeing está sufriendo la que es quizá la peor crisis de seguridad en la historia de la industria aeronáutica, pero no olvidemos de qué talla es este verdadero gigante, que es la compañía de tecnología más grande y el mayor exportador de Estados Unidos, siendo ya el único fabricante de aviones comerciales de ese país, con una trayectoria de 103 años de continuo éxito, que da empleo a unas 153,000 personas, además que genera más de un millón de empleos indirectos, y por supuesto el gobierno estadounidense no puede darse el lujo de permitir que una empresa tan importante se desbarranque.

Podemos anticipar que Boeing, pese a que perderá miles de millones, sobrevivirá al trágico y penoso caso del 737 MAX. Su gran diversificación en el negocio de tecnología aeroespacial, especialmente en el mercado de Defensa, junto con su estrecha relación con el gobierno, le tienen prácticamente asegurado el futuro, pero después de esta crisis tampoco las cosas serán como antes y aunque creo que el 737 MAX resurgirá como el ave fénix de sus cenizas como un aparato muy seguro (quizá hasta con otro nombre), por lo menos en términos del mercado de aviones de aerolínea, creo también que la era Airbus quedará bien consolidada.

Saludos

Héctor Dávila

BoeingMAX

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