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Con la opinión de Héctor Dávila

Ya con los pies bien plantados en el siglo XXI resulta increíble que todavía se discuta si las mujeres tienen o no algún impedimento fisiológico para ser pilotos competentes, aún más cuando la discusión es a niveles mediáticos que suponemos de calidad y altura.  Más escandaloso es que la polémica se haya encendido con las chispas incandescentes que sigue emitiendo el problema más grande de la aviación mundial en los últimos años, concretamente con la crisis de seguridad del Boeing 737 MAX.

Y es que el prestigioso Wall Street Journal publicó la semana pasada un artículo en el que se asegura que ahora Boeing y las autoridades aeronáuticas de la Federal Aviation Administration (FAA) tienen la preocupación de que pilotos con "poca fuerza física", especialmente mujeres, no sean capaces de actuar eficazmente el control del compensador o estabilizador horizontal del 737 MAX de forma manual en caso de emergencia.

Este control es una rueda que el piloto debe girar para compensar la actitud de nariz del avión hacia arriba o hacia abajo según se requiera, y en caso de una falla como la que pudo haber hecho caer a los aviones en los tristemente célebres accidentes de Indonesia y Etiopía, se tendría que mover manualmente, lo que según pruebas de simulador resulta muy difícil, pues requiere de bastante esfuerzo físico, dado que dicho control se pone muy duro, especialmente a altas velocidades.

Este material editorial, que muchos otros diarios reprodujeron, sugiere que las mujeres, por tener una menor musculatura en brazos y hombros que los hombres, podrían estar menos aptas para garantizar la seguridad en casos como éste, y que incluso el Pentágono también estaría efectuando estudios enfocados a determinar las diferentes capacidades entre hombres y mujeres para realizar ciertas tareas, que impliquen esfuerzo físico, dentro de las fuerzas armadas.

¿Es en serio? Las mujeres han volado como pilotos de aerolíneas comerciales desde hace casi 50 años, sin que exista un solo dato que indique que, por cuestiones de género, la seguridad de algún vuelo haya estado comprometida. En mi particular experiencia, he tenido la oportunidad de conocer y ver volar a famosísimas aviatrices acrobáticas como Patty Wagstaff, Julie Clark y nuestra queridísima y muy mexicana Luisa Romero, todas ellas damas de delicada fisonomía, y todas campeonas capaces de volar sus aviones con una fuerza extraordinaria, especialmente en el caso de Luisa, una mujer bastante menuda, de la que puedo decir que nunca he visto a otro piloto mexicano (hombre o mujer) volar mejor que ella un avión acrobático, y estoy hablando de maniobras con muchas fuerzas G de por medio; mientras que por otro lado también conozco bastantes pilotos de sexo masculino de muy baja estatura y complexión muy delgada que son estupendos aviadores, incluso de aviones de combate.

Por supuesto las reacciones a nivel mundial tampoco se hicieron esperar y la asociación "Women In Aviation International", que agrupa a más de 14,000 mujeres profesionales de la industria aeronáutica, envió una enérgica carta al Wall Street Journal reclamando que su artículo tiene una postura que falla en reconocer el aporte a la seguridad aérea que en todos los rubros hacen las mujeres, en especial como pilotos y, en resumen, deja claro que tal apreciación parece misógina y contribuye a crear prejuicios contra las mujeres que ejercen la profesión de piloto aviador.

Sin hacerla de abogado del diablo, es necesario señalar que tradicionalmente han sido deseables ciertas características físicas para la selección de pilotos, ya sean una estatura mínima o una visión sin defectos, pero los avances en en todos los campos nos han permitido llegar a un punto en que se han ampliado muchísimo los márgenes que se consideran que un ser humano debe cubrir para ser calificado como físicamente apto para el vuelo.

Creo firmemente en la equidad de género en aviación, tanto que incluso no soy particularmente partidario de que existan grupos, reuniones  y conferencias especiales "de mujeres" en nuestra industria, ni de celebrar como un hito que haya tripulaciones completamente femeninas, pues no me gusta subrayar estos sucesos como algo "extraordinario", si no por el contrario, creo que no debe privarse a nadie en la industria aérea de los beneficios de la experiencia colectiva, segregando por ningún motivo, mucho menos por razones de género.

Obviamente, como en muchas otras actividades, el ascenso de la mujer a una posición de equidad en la cabina de vuelo no ha sido fácil, pero en la actualidad es un hecho consumado y las mujeres cumplen (y se les debe exigir que cumplan) con los mismos niveles de preparación y capacidad que los hombres (y viceversa).

De hecho, creo que incluso debemos reprobar las conductas que demeritan el esfuerzo femenino en nuestra industria, porque también existe el fenómeno opuesto, donde a mujeres se les allana el camino solo por serlo. Recuerdo cuando una "Fuerza Aérea" integró hace ya algunos años a su primera mujer piloto, con la consigna "desde arriba" de que la chica debía graduarse a toda costa. La muchacha no resultó tener una vocación muy fuerte y buscaba desistir, pero a diferencia de sus compañeros masculinos, se le puso todo en bandeja de plata porque no se vería bien mediáticamente que desertara. Incluso se llegó hasta el penoso montaje de fingir ante la prensa el "primer vuelo" de la cadete, cuando en realidad ya lo había realizado y practicado, solo para quedar bien ante la opinión pública. Los generalotes a cargo, queriendo según ellos alentar la equidad de género en las fuerzas armadas, resultaron en realidad misóginos, al pretender que las mujeres lograran graduarse con muchas más facilidades que sus colegas masculinos, como si fueran inferiores. A lo que voy con esta historia, es que simular situaciones para que las mujeres destaquen es tan discriminatorio como pensar que no pueden realizar una tarea tradicionalmente masculina. Nuestra sociedad no debe aceptar ninguno de esos extremos, ni tampoco creo en las cuotas de género, los puestos deben ser para quien demuestre la mayor capacidad y preparación. Tanto hombres como mujeres en la industria aérea merecen recibir las mismas oportunidades y obligaciones.

No hay duda de que ser un gran médico, ingeniero, policía, soldado, humanista, aviador o astronauta no depende del género, y es motivo de gran satisfacción que los prejuicios contra las capacidades de la mujer en la aviación se estén disipando por completo, y se les reconozca no sólo como pilotos, sino también como técnicos, ingenieros aeronáuticos, controladores de tránsito aéreo, autoridades, sobrecargos, médicos, personal administrativo y de ventas, donde su aportación en conjunto, desde mi humilde punto de vista, ya es igual o mayor a la de los hombres.

La penosa y estéril discusión sobre si las mujeres, o cualquier otra  persona, no pueden realizar el esfuerzo físico necesario para operar cierto equipo de vuelo, se resuelve muy fácil: tal equipo está mal diseñado. Es obligación del fabricante diseñar las aeronaves y sus sistemas para ser operados con seguridad por cualquier ser humano, dentro de los rangos normales de salud, sin importar su sexo; si el MAX no cumple este requisito entonces está mal diseñado (lo que parece que a muchos ya les ha quedado bien claro), y la solución no es regresar a discursos discriminatorios misóginos y sobre todo obsoletos, sino buscando las soluciones tecnológicas adecuadas. Estoy seguro que hay por ahí bastantes y muy capaces "ingenieras" que pueden ayudar a encontrarlas.


Saludos

Héctor Dávila

 

FPilot

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