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Con la opinión de Héctor Dávila

El París Air Show, que más que un espectáculo aéreo es más bien lo que se llama un "trade show", o encuentro de negocios, representa el punto más importante a nivel mundial donde los expertos, empresarios, analistas y periodistas más especializados se concentran para elucubrar sobre la situación de la industria aeroespacial, identificar sus principales tendencias y, sobre todo, tratar de vislumbrar su futuro.

Esta edición que acaba de terminar en el histórico aeropuerto de Le Bourget, la número 53, no fue la excepción y en lo que se conoce oficialmente como el Salón Internacional de la Aeronáutica y del Espacio una vez más las especulaciones y las previsiones alrededor de este fascinante mundo de la aviación se vertieron a borbotones.

Por supuesto este evento masivo genera muchísimas noticias, con más de 3,500 periodistas cubriendo la fuente, entre más de 300 mil visitantes de todo el mundo atendidos por más de 2,300 expositores, haciendo de esta feria una suerte de compleja y ajetreada Torre de Babel aeroespacial, donde parece que cada loco anda con su tema, y claro, aunque la cuestión de la "MAX-ima" presión a la que está siendo sometida la compañía Boeing, con el triste asunto de sus aviones parados por los trágicos accidentes (y que en más de tres meses no ha podido resolver), fue uno de los más socorridos, también destacaron los temas de defensa, siendo en esta ocasión el asunto del proyecto franco-alemán para desarrollar un nuevo avión de combate el más sobresaliente, enmarcado por el anuncio de España de adherirse a esta iniciativa para construir un caza furtivo de sexta generación, pero para el que los expertos dudan que exista un mercado suficientemente grande que pueda justificar el tremendo coste que tendrá su desarrollo, especialmente cuando los ingleses tienen un proyecto ya en marcha (el BAE Systems Tempest), contra el que tendrá que competir directamente.

Pero lo que siempre se "roba" el show es la guerra de pedidos de aviones comerciales entre las archirrivales Airbus y Boeing donde, dado que Boeing anda de capa caída por lo del problema MAX, era de esperarse que Airbus descollara ampliamente, anunciando 386 nuevos pedidos (pero ni un cuarto de ellos en firme), y aunque Boeing ha vendido muy poco en lo que va del año, con todo y el calvario por el que transita sorprendió con una mega-orden (más bien intención de compra) de IAG por 200 de sus problemáticos 737 MAX. ¿Pero qué creen? Todo es puro cuento...

Y es que esta guerrita mediática entre las dos grandes compañías se basa en cuentas muy exageradas, pues prácticamente la mayoría de las órdenes anunciadas son por conversiones, opciones o cartas de intención, y son realmente muy pocos los pedidos en firme por aviones nuevos, en pocas palabras se trata en gran medida de blof, alardeo, o puro choro como decimos por acá. Básicamente los grandes anuncios de pedidos de aviones en este caso realmente no significan casi nada, y tienen el único objetivo de acaparar los titulares.

Sin embargo, hay que reconocer que Boeing jugó sus cartas con maestría en París pese a estar muy "quemada" con lo de su 737 MAX, principalmente por no poder aún echarlo a volar de nuevo, pues el anuncio del gran pedido de IAG (que está detrás de British Airways) le significó ante los ojos de la opinión pública una aparente recuperación de la confianza de los operadores; pero lo que no se dice es que para lograr este hit mediático, y no quedar en la penosa posición de salir en blanco de la prestigiosa feria, tuvo que abaratar tremendamente el precio del avión, ya que de concretarse la venta de aunque sea una parte de este rechoncho pedido, el costo de las aeronaves se habría pactado con un enorme descuento del 50%, e incluso quizá mayor...

Así que, sin dejarnos deslumbrar por los exagerados anuncios de ventas y los trucos de las grandes corporaciones por atraer el reflector y proclamarse como las estrellas más fulgurantes de la industria aeroespacial, ¿qué podemos entonces señalar como realmente lo más destacado de este año en el gran evento francés?

Personalmente creo que lo más relevante radica en el consenso general de unión dentro de la industria por acelerar el desarrollo de aeronaves híbridas o eléctricas, lo que es el principio de una auténtica revolución en el transporte aéreo, prácticamente el nacimiento de una nueva era y que fue anunciado conjuntamente por los representantes de "siete grandes": Airbus, Boeing, Dassault, GE Aviation, Rolls-Royce, Safran y United Technologies.

Este poderoso grupo quiere unir fuerzas para desarrollar tecnologías radicalmente nuevas, que resulten en motores aéreos más eficientes, menos contaminantes y que usen combustibles alternativos, entre los que sobresaldrá el uso de la energía eléctrica, un tipo de motor que está dejando de ser un concepto teórico y está convirtiéndose al fin en una realidad práctica.

El anuncio de la entrada a esta nueva era en la propulsión aérea, si bien por ahora nos pudiera parecer aún en una etapa muy rudimentaria, casi como un bebé apenas capaz de gatear, resulta por otro lado algo muy significativo, pues representa una de las declaraciones de la industria aeroespacial más interesantes, congruentes y asertivas de la historia, especialmente considerando el poder y prestigio de las empresas involucradas.
Con esta trascendental alianza, decisiva para el futuro de toda la aviación, tenemos a la vista pues muy buenas perspectivas, donde por una vez no se trató de ver quién gana o quién pierde, sino que al fin vimos caer la perinola en un muy satisfactorio y prometedor "todos ganan".

Saludos

Héctor Dávila

 

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