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Con la opinión de Héctor Dávila

La "mexicomedia" aeroportuaria que a ratos nos hace reír, a ratos se torna tragedia y casi nos hace llorar. Así nos lleva de extremo a extremo de la gama emocional el caótico devenir del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), manteniéndonos, como fanáticos de una de esas series de televisión, al pendiente de cada nuevo capítulo con sus inesperados giros en la trama.

Para comenzar, con el término Nuevo Aeropuerto Internacional de México ya ni siquiera sabemos a cuál referirnos, si al proyecto de Texcoco, que parece que se rehusa a morir, o al de Santa Lucía, que aparentemente se resiste a nacer.
Grupos de la sociedad civil de muy diferentes corrientes, pero con la postura común de que el proyecto cancelado en Texcoco es en realidad la única opción viable como solución a las apremiantes necesidades aeroportuarias del Valle de México, han unido fuerzas para golpear legalmente al plan presidencial de construir el aeropuerto civil en la Base Militar de Santa Lucía, con una andanada de demandas bastante efectivas que lograron que se preserve el estado que guardan las obras de Texcoco, pero más importante (e impactante), que se ordenara suspender las obras de Santa Lucía, que dicho sea de paso, ni siquiera han comenzado.

La suspensión por orden de Jueces Federales se logró en base a que al parecer al proyecto de Santa Lucía le faltan toda clase de estudios, especialmente ambientales y sus correspondientes permisos, pues es obvio que una Manifestación de Impacto Ambiental debe elaborarse en función a un plan maestro definitivo considerando por lo menos una ingeniería básica, que no existe, ya que solamente hay apenas un plan maestro, lo que podría considerarse como un grave error estructural por parte del Gobierno.

Así, la carencia de análisis completos de impacto de ruido, de impacto a la flora de la región, de riesgo para especies aviares, de contaminación del aire y de explotación acuífera, además de varias omisiones técnicas, incluso errores de dimensiones de áreas, hasta de la cercanía de un basurero de desechos nucleares, y por supuesto serias dudas sobre seguridad aérea, se están volviendo una terrible pesadilla para el intento de hacer que Santa Lucía sea el aeropuerto comercial que el Presidente sueña.

Por supuesto el Lic. Andrés Manuel López Obrador ha respondido como era de esperarse, desestimando por completo la acometida legal contra su obra: “Son amparos que no nos perjudican, porque no se está construyendo nada en Santa Lucía. No estamos preocupados, porque todo es una campaña mediática. Es un amparo para que no se detengan las obras de Texcoco, del pequeño negocito, ese, que querían hacer de más de 300 mil millones de pesos. Como se les cebó entonces están molestos", declaró al respecto y apuntó enérgico que hay un interés político y también económico detrás de los esfuerzos legales en contra de Santa Lucía, sobre lo que agregó: “No quiero decir sus nombres, pero sí sabemos (quiénes son). Es una estrategia de nuestros adversarios, pero no van a poder, porque legalmente no se está infringiendo ninguna ley. Aun cuando una autoridad del Poder Judicial actuara de mala fe hay instancias y lo más que lograrían sería demorar el proyecto".

Bueno, me parece muy obvio que quienes han promovido las acciones legales tienen fuertes intereses por que se salve el proyecto de Texcoco, lo cual también es legítimo, pues de la misma manera que el Presidente y su equipo consideran que dicho proyecto debe morir por todas las supuestas fallas y corruptelas que dicen que hubo detrás de él, es aceptable que existan también grupos que exijan que Santa Lucía sea cuestionada por las mismas y hasta más claras deficiencias e irregularidades que pudieran existir en su desarrollo. Creo que así es como deben funcionar la Democracia y el Estado de Derecho.

Por su lado, el Presidente está confiado en que Santa Lucía prevalecerá y asegura que, pese a los tropiezos legales, el nuevo aeropuerto estará listo en dos años como lo prometió. Sin embargo, hay quienes piensan que la batalla que le espera al Gobierno para poder erigir victorioso su plan aeroportuario será muy dura, incluso al grado de que la polémica decisión le podría acabar costando demasiado caro, políticamente hablando.

La forma en que se ha dado la cancelación de NAIM en Texcoco, desoyendo a casi todos los expertos del sector aeronáutico, sin dar a conocer al público los detalles de las irregularidades y actos de corrupción que supuestamente la motivaron, apoyándose en una raquítica consulta popular, sin que hasta el momento tampoco se presente un proyecto arquitectónico y de ingeniería con soluciones de seguridad aérea convincentes para la construcción de la terminal aérea en Santa Lucía, y ahora menospreciando los recursos legales que se le oponen, me hace pensar que se trata más bien de una decisión bastante personal del señor Presidente y no de un simple capricho, ni una testarudez autoritaria, sino de algo con un móvil más fuerte, como una venganza. Si, aunque el Presidente pregona no ser rencoroso y proclama olvidar las afrentas de sus adversarios, su encono para hundir en las profundidades del lago de Texcoco al NAIM, sin importarle el precio, me parece francamente un acto digo de un vengativo villano de telenovela, pero... ¿por qué?
Tengo mucha imaginación y se me ocurre que quizá es su única forma de castigar a los corruptos dueños de ese proyecto, pegándoles donde más les duele, cancelando sus súper lucrativos contratos y planes de negocio, debido a que existe algún tipo de "pacto de inmunidad" que tiene que respetar a favor de los integrantes del gobierno anterior, lo que le causa mucho enojo y frustración. Pero esto es solo una cosa loca que se me ocurrió...

Lo que sí es cierto es que la intrincada trama de esta serie seguirá dando vuelcos inesperados en direcciones que no dejarán de sorprendernos, causándonos carcajadas delirantes y en momentos preocupándonos y hasta asustándonos, y cada uno puede ir haciendo sus apuestas sobre el desenlace final de este espectáculo: ¿veremos triunfar al aeropuerto de Santa Lucía en un par de años? ¿O resucitará de entre las sombras el aeropuerto de Texcoco?

 

Saludos

Héctor Dávila

 

Lucia

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