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Con la opinión de Héctor Dávila

La semana pasada enlutó a la Secretaría de Marina, Armada de México, el trágico accidente en las cercanías de Valle Verde, en los límites entre Querétaro y San Luis Potosí, de uno de sus helicópteros Mi-8MTV-1 (mejor conocidos como Mi-17) cuando realizaba maniobras de lucha contra incendios.
Lamentablemente fallecieron las seis personas que iban a bordo, cinco pertenecientes a la Marina y una que era integrante de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), identificados como el capitán de corbeta CGPH Miguel Ángel Ramos Machorro, los tenientes José de Jesús Medina Santiago y Carlos del Toro Rosas, los marinos Misael Maneses Maldonado y Andrés Maldovino López, así como el voluntario de la CONAFOR Luis Fernando Pérez Balderas. Cinco valiosa vidas segadas cumpliendo una misión dificilísima, tratando de salvar uno de los recursos fundamentales para garantizar el futuro de la humanidad: las cada vez más escasas reservas naturales.

Me sorprende que en México exista una desorganización tan grave en la asignación de recursos aéreos para la lucha contra incendios forestales, de los que más de 5 mil de ellos se han dado en lo que va del año, dejando devastados más de 2,800 kilómetros cuadrados de irreemplazables bosques y pastizales, lo que representa un alarmante aumento del 11% con respecto al año pasado, afectando principalmente a Estados como San Luis Potosí, Coahuila, Querétaro, Tamaulipas, Oaxaca, Chiapas, Durango, Michoacán, Campeche, Puebla y hasta a los alrededores de la Ciudad de México, donde el humo contribuyó a una severa contingencia ambiental.

Y digo que hay desorganización porque casi todos estos Estados han clamado desesperados por ayuda con aeronaves para sofocar los fuegos, las que irónicamente escasean al mismo tiempo que al gobierno federal le sobran, incluso como sabemos se pusieron en venta en la Feria de Santa Lucía casi 40 helicópteros dentro del paquete de 72 aeronaves disponibles (lo que por cierto al parecer fue un gran fracaso, pues no se ha informado de la venta de una sola de ellas). Adicionalmente, las Fuerzas Armadas, que se gastaron una enorme cantidad de recursos adquiriendo muchos helicópteros nuevos durante el sexenio pasado (unos 65 entre la Fuerza Aérea y la Armada), tristemente no racionalizaron los recursos pues para las misiones de lucha contra incendio sufren de un grave déficit de equipo adecuado y tripulaciones capacitadas, y usan casi exclusivamente equipo muy viejo (precisamente los Mí-17 de origen ruso y con más de 30 años de antigüedad) para atender este tipo de misiones, los que por supuesto no dan abasto.

Una estructura planeada con inteligencia permitiría utilizar muchas de las máquinas que sobran, con relativamente poca adaptación, para la lucha efectiva contra incendios, entre ellas naves muy capaces y modernas como los Agusta y Súper Puma que fueron de la Presidencia, pero mientras estos helicópteros se desperdician y casi nadie se interesa por ellos, los fuegos arrecian y se pierden más vidas: ya van una docena de muertos y casi 30 lesionados durante este tipo de labores en el último semestre.

Además, los pocos pilotos especializados que hay en el país y sus valientes acompañantes enfrentan muchas penurias para cumplir estas delicadas misiones, y aunque no creo que el vídeo que hizo el esforzado capitán Ramos Machorro pidiendo el apoyo de una pipa de combustible, para eficientar su operación, sea prueba de que la falta de combustible pudiera ser causa del siniestro, en el medio castrense es bien conocido que a los soldados y marinos muchas veces se les manda a cumplir misiones sin los recursos adecuados; de hecho tienen un término para esta condición tan común: "Misión de García", en referencia al cuento de Elbert Hubbard "Un Mensaje a Garcia", sobre un soldado en Cuba al que le ordenan llevar un mensaje a un tal García, al que no le dan los medios para hacerlo y ni siquiera le dicen dónde encontrarlo...

Pero el descuido e ineptitud de las autoridades y mandos militares para con sus subalternos no demerita en nada el esfuerzo literalmente heroico que hacen las tripulaciones militares, navales y civiles de los helicópteros que luchan contra incendios, o que acuden al rescate en otros tipos de emergencias. Muchos pilotos de helicópteros de gobiernos estatales, policíacos, de dependencias federales como CONAGUA y de empresa privadas contratadas o hasta voluntarias, además por supuesto de los del Ejército y la Marina, realmente "se la rifan" en estas peligrosísimas tareas, y el capitán de corbeta cuerpo general piloto helicopterísta Miguel Ángel Ramos Machorro, con su sacrificio, los representa dignamente a todos ellos, y no es justo que sigan arriesgándose, junto con sus quizá aún más heroicos colegas en tierra, bomberos y voluntarios apenas con lo mínimo, sin recibir todos los apoyos, equipos y recursos necesarios.

Los bomberos aéreos mexicanos, civiles y militares, pilotos y tripulantes que se adentran en las duras condiciones de los voraces fuegos, que llevan al limite técnico las capacidades de sus máquinas arriesgando la vida, están a la altura de los más celebrados miembros de la comunidad mundial de pilotos de rescate, dignos de un orgulloso legado de sacrificios y actos valerosos por el bien de la humanidad, inspirados por aquellos pilotos rusos, que a sabiendas de que recibirían dosis letales de radiación, en helicópteros similares al del Cap. Ramos Machorro, no dudaron en exponerse realizando las misiones necesarias para contener la peor catástrofe ambiental causada por el hombre: la crisis nuclear de Chernóbil.

A todos los tripulantes de helicópteros que afrontan con gran valor cumpliendo la noble misión de salvar los recursos naturales en México, sin importarles los riesgos y sin buscar más premio que la satisfacción de cumplir con el deber, vaya mi mayor aprecio y reconocimiento, junto con el deseo sincero de que todos sus vuelos tengan siempre final feliz.

Saludos

Héctor Dávila

 

Helifire

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