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Con la opinión de Héctor Dávila

El Presidente de México presentó el esperado Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, en el que se expone lo que parece un manifiesto de muy buenos propósitos, con bastante énfasis en los conceptos ideológicos que caracterizan a don Andrés Manuel López Obrador y que en gran medida lo llevaron al poder, como: "no al gobierno rico con pueblo pobre",  "al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie" o "por el bien de todos, primero los pobres".

Es difícil no estar de acuerdo con el espíritu de un documento así, en el que se destaca una y otra vez como meta fundamental acabar con la corrupción, a la que se le atribuyen casi todos los problemas del país. Si bien el Plan expresa el deseo de incentivar a la empresa privada y subraya su importancia, en materia de aviación no se menciona más que el ya muy traído y llevado tema de la construcción del Aeropuerto Internacional de Santa Lucía y, por ahí perdida en un renglón, como parte de las actividades en las que seguirá participando la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), lo que es congruente con lo que ya se sabe: que los militares construirán y administrarán dicho aeropuerto.

Aunque esperamos que más adelante se detallen a fondo los planes del Gobierno para la aviación civil durante el sexenio en un documento de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), resulta preocupante todavía percibir una falta de liderazgo en el sector aéreo, así como una ausencia de planes concretos para su impulso y promoción. Este problema es una herencia del sexenio anterior, en el que diferentes instituciones gubernamentales pretendieron adjudicarse la titularidad de la aeronáutica nacional, atraídas por a su espectacular crecimiento, y erigirse como sus guías y benefactoras, entre ellas la desaparecida Proméxico, la Secretaría de Turismo, la de Economía y especialmente la SEDENA, todo como consecuencia del fracaso de la SCT por encabezar esta responsabilidad y modernizar a las autoridades aeronáuticas mexicanas, en un entorno donde todo pareció girar alrededor de una sola cosa: el proyecto del malogrado Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Esta carencia de un timonel bien definido a cargo de la ruta de la industria aérea ha producido un claro desencanto entre sus integrantes, que se encuentran más desanimados por lo que se interpreta como un "mensaje antiaéreo" del Ejecutivo, que considera las aeronaves como lujos innecesarios y que en su gesta por derribar al odiado NAIM desestimó con gran desdén la opinión de las más respetadas instituciones, órganos colegiados, cámaras y asociaciones de la aviación, como MITRE, la IATA o los Colegios de Pilotos e Ingenieros Aeronáuticos.

Así las cosas no fue casualidad que al Presidente le fuera como en "feria" justo durante la inauguración de la Feria Aeroespacial, donde tras sus discurso se percibió el hastío de mucha de la gente de aviación ahí reunida, que no le brindó los aplausos que esperaba. Y es que la aviación, que en México es una industria próspera que históricamente no le ha costado casi nada al Gobierno, ya está cansada de tantos abusos y demanda a gritos verdadero apoyo, el fin de la corrupción, la modernización real del marco que la rige y métodos de promoción eficaces. El gobierno falló tremendamente en estos rubros durante el sexenio anterior y aún se viven los efectos de esas terribles fallas.

Justamente hablando de la carencia de promoción efectiva por parte del gobierno para la aviación, sale a colación precisamente la reciente edición de la Feria Aeroespacial (FAMEX), organizada por la SEDENA, la que fue un evento que tuvo un gran éxito dentro de la industria aeroespacial (que es la dedicada a la maquila, diseño y manufactura de componentes para fabricantes extranjeros), en la que hubo además una abundante participación de gobiernos estatales y de embajadas de varios países, además claro, de empresas dedicadas en exclusiva a tecnologías de Defensa. También creo que dicho evento tuvo un acierto al convocar a gran parte de las instituciones educativas del país, como escuelas de aviación y universidades que imparten carreras de aeronáutica, además de que fue un bonito escaparate para que el público en general se acerara a conocer las aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) y disfrutar de un festival familiar.

Sin embargo, resulta preocupante, especialmente al ser ya su tercera edición, notar que la FAMEX se desinfló mucho en su convocatoria hacia lo que es en sí la aviación (o industria aérea, la que se dedica a volar y proveer directamente a los que vuelan), pues muchas de las empresas más importantes del medio decidieron no participar directamente en este evento, como fue el caso de Cessna, Beechcraft-Raytheon, Pilatus, Grob, MD Helicopters, FlightSafety, Falcon, CAE Simuflight, Cirrus, Hondajet o Piper, así como varias de las más importantes empresas nacionales de aviación general y ejecutiva, como ALE, Avemex, ICCS, Aerotron, SAE, FlyAcross, Aerovitro, o EOLO, entre muchas otras aerolíneas, aseguradoras, grupos aeroportuarios, talleres de servicio y refaccionarias de gran prestigio que no acudieron a la Feria, empresas de las que la mayoría han sido tradicionalmente importantes proveedores de aviación del gobierno mexicano y en especial de la FAM.

Cada empresa tendrá sus particulares razones para no haber participado, pero pude preguntar los motivos a los representantes de muchas de ellas (y de algunas que incluso sí estuvieron presentes) y en lo general pude recoger varios factores comunes, entre los que destaca un total hartazgo por la corrupción en la forma en que el gobierno mexicano se ha manejado por años en las compras de vehículos aéreos, sus partes y mantenimiento. Así, me queda muy claro que el Estado ha fracasado en sus intentos por promover la aviación, justamente en gran medida por la proliferación de la despreciable corrupción.

Creo que México necesita eventos que impulsen decididamente a la industria aérea, y entre más mejor, pero si el Gobierno quiere evitar que la FAMEX se siga desinflando ante los ojos de los que realmente conforman la comunidad de aviación, es imprescindible que combata mejor las prácticas corruptas, tanto en el medio civil como en el militar. El Presidente lo ha dejado bien claro, y estamos de acuerdo con él en que ya basta de corrupción, pero también se necesitan desarrollar fórmulas nuevas para impulsar las actividades aéreas y mandar un mensaje renovado y optimista hacia nuestra industria, sobre todo apoyando a los que de verdad deben de liderar este sector, acelerando la transformación de las autoridades de aviación civil.

Me consta que en la SCT hay genuino interés por apoyar a la aviación y cambiar la amarga percepción que saborean los empresarios en este medio, donde la inminente creación de la Agencia Federal de Aviación Civil (o como quiera que se vaya a llamar) puede ser la gran oportunidad para definir el liderazgo promotor, congruente y honesto, que tanto requiere la aviación mexicana.

La actual Administración solo lleva escasos cinco meses, y aunque los asuntos de aviación han estado oscurecidos por la enorme sombra de la polémica cancelación del NAIM, esto apenas comienza y aún pienso que de verdad se puede lograr el milagro de un cambio de rumbo, en el que las instituciones civiles y militares del gobierno logren erradicar los viles conflictos de interés y el tráfico de influencias que las han manchado tanto, para entonces en un entorno estimulante y justo ver en qué se puede llegar a convertir esta aviación que tenemos en México, la que si aún con tantas trabas y obstáculos es maravillosa...
¿Cómo sería si de verdad el Gobierno la apoyara?


Saludos

Héctor Dávila

 

Inaugua

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