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Con la opinión de Héctor Dávila

El secretario Javier Jiménez Espriú al fin soltó la sopa: el famoso aeropuerto que se construiría en Texcoco (archiconocido como NAIM) fue cancelado porque era un completo desgarriate: el Grupo Parsons International Limited, gerente del proyecto, escondió información y montones de irregularidades, con lo que la construcción del proyecto violó los lineamientos de la Unidad de Inversiones de la Secretaría de Hacienda sobre la evaluación socioeconómica de los proyectos de inversión, por lo que dicha dependencia debió haber suspendido el proyecto dos o tres años antes para evitar mayores costos al erario, pues este tristemente célebre y truncado nuevo aeropuerto hubiera costado mucho más y no podría haber sido concluido en tiempo y forma.

Espriú detalló un catálogo de escalofriantes irregularidades ambientales, de impacto urbano y social e incluso dificultades técnicas detrás de la construcción del NAIM: el proyecto original se amplió de 472 mil metros cuadrados a casi 800 mil, el presupuesto se disparó a más de 305 mil millones de pesos, no estaría listo antes del 2024, pero además corría grave riesgo de hundirse. Por si fuera poco, se hubiera afectado el ciclo hidrológico de nueve ríos, se abrieron 150 minas, muchas de ellas irregulares, que trabajaron de manera simultanea y saturaron de proyectos mineros 15 municipios del Estado de México. Le faltaría el agua, se afectaría flora y fauna irrecuperable, especialmente a grandes grupos de aves migratorias y se crearían asentamientos humanos insostenibles, amén de que el costo de su mantenimiento sería estratosférico.

Pero lo mas grave, según se desprende del informe del Secretario de Comunicaciones y Transportes, fue la corrupción por parte de los encargados de este fallido megaproyecto, quienes aparte de ocultar la información sobre las dificultades existentes para construir el NAIM, asignaron el 75.5% de los 692 contratos otorgados de manera directa, 13% más por invitación y solamente el 11.5% por licitación, despachándose "entre amigos" una cuantiosa cartera de jugosos negocios y de paso aumentando escandalosamente la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) para garantizar el pago de la monumental obra, afectando directamente a las aerolíneas y sus pasajeros (y de todas maneras gran parte de la TUA se usará por 19 años para pagar la deuda generada por la cancelación del NAIM).

Bien, creo que la lista es bastante convincente, vaya que hay una constelación de problemas terribles detrás de todo este bochornoso asunto, y quizá como el Sr. Secretario dice, el NAIM fue "un error gravísimo" y una obra que "nunca debió iniciarse", pero si es así ¿por qué no exhibir y castigar a los responsables?

Bueno, el ingeniero Jiménez Espriú sí mencionó a unos "incómodos" asesores de Parsons, ex funcionarios como Alfredo Elías Ayub, Aarón Dychter, Felipe Ochoa, Eugenio Laris y el finado Alfredo del Mazo, a quienes atribuyó grandes poderes para, según sus palabras, fungir como “Asesores estratégicos en política en todas las fases del proyecto, consultoría para controlar efectos adversos y que van del proyecto y sobre acciones compensatorias para los participantes en el proyecto, en los gobiernos estatales de México, Hidalgo y Distrito Federal".
Estos personajes, si bien quizá disponían de información privilegiada en el tema y muchas relaciones, ya estaban fuera del gobierno, y en el caso particular de Alfredo del Mazo hay pruebas documentales y periodísticas de que no aceptó oficialmente ningún cargo dentro de esa empresa.

Pero más allá de dirigir el reflector hacia estos asesores externos, fueran o no parte de un trinquete para usar sus influencias y contactos para lograr el éxito del NAIM beneficiando a un particular grupo de poder, lo que de plano no me queda muy claro es por qué son los únicos indiciados, y no se dice quién desde las propias entrañas del Gobierno Federal y del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México permitieron tantas y tan terribles irregularidades; esos sí serían claros culpables de una conducta reprochable y por supuesto punible. ¿Por qué no se menciona a Patiño, o a Mascot, ni siquiera a Ruiz Esparza, ni mucho menos a Peña? ¿Qué no serían esos ex funcionarios los primeros que deberían dar explicaciones? ¿Les tienen miedo? ¿Hay acaso un pacto de impunidad?

Nos han prometido acabar con la corrupción, no basta con señalar las malas acciones si no se señalan también y con toda claridad a los malechores, de esto depende en gran medida la credibilidad sobre las causas que pretenden justificar las nuevas decisiones, como la cancelación del NAIM. Sobre todo en el marco del inminente inicio en junio próximo de las obras del "amlopuerto" en Santa Lucía, del que hay que decirlo, no existen aún a la mano proyectos de impacto ambiental o de soluciones a los conflictos de espacio aéreo, ni licitaciones públicas para elegir a los proveedores... ¡Y ya andan queriendo poner la primera piedra!

El tema aeronáutico- aeroportuario seguirá siendo uno muy acalorado en todas las agendas hasta que no se demuestre que Santa Lucía y el Sistema Metropolitano de Aeropuertos funcionarán bien y que son mucho mejor opción que haber continuado con la construcción del NAIM, lo que sigue en duda no porque no se pueda lograr, sino porque el Gobierno no ha sido lo suficientemente transparente ante la comunidad aeronáutica y parece mandar "mensajes antiaéreos", lo que creo que debe rectificarse urgentemente.


Saludos

Héctor Dávila

NAIM

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