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Con la opinión de Héctor Dávila

Para muchos hay señales claras: las aerolíneas mexicanas sufren constantes pérdidas, la sombra de la quiebra ronda a algunas, pilotos y sobrecargos no logran sus aspiraciones en materia laboral, la seguridad aérea parece relajada, la corrupción de autoridades no cesa y, por si fuera poco, la cancelación del Nuevo Aeropuerto de Texcoco y su sustitución por Santa Lucía siguen viéndose como la gran hecatombe...

¿Será el principio del fin de la aviación comercial mexicana como la conocemos? Bueno, si bien es cierto que salvo la honrosa excepción de Viva Aerobus las aerolíneas nacionales llevan una preocupante racha de números rojos, y que las tribulaciones de algunas han sido de gran impacto mediático, como Aeroméxico perdiendo el trono de la de mayor número de pasajeros transportados, Aeromar con su frágil situación financiera o como Interjet con sus líos laborales, la verdad es que todo el "aeroecosistema" nacional se está reacomodando tras más de cinco años de un espectacular y muy desordenado crecimiento, y hay un subtexto no tan escandaloso en el que se pueden leer muy buenos indicadores, como el excelente manejo que llevan tanto Viva Aerobus como Volaris, esta última con la estrellita en la frente de tener el más espectacular resultado en la Bolsa Mexicana de Valores en lo que va del año.
Es verdad que Aeroméxico ya no es la número uno en pasajeros nacionales, pero creo que esto se debe a un asentamiento natural producto de la preferencia de la mayor parte de esos usuarios por las tarifas de bajo costo, por lo que la aerolínea del "Caballero Águila" asentará sus reales en el nicho del largo alcance internacional, que es donde sabe hacer dinero.
 
Por supuesto preocupa la situación de Interjet, que tras los fuertes recortes de personal que realizó el año pasado debido a la baja de sus decepcionantes Sukhoi, no ha podido reorganizarse bien, lo que tiene a sus insuficientes tripulaciones descontentas por un aparente mal manejo de los recursos humanos que ya llevó a la aerolínea a una serie de cancelaciones de rutas en los últimos días, lo que le ha valido una notable pérdida de confianza entre los pasajeros, pero los rumores de una posible quiebra creo que se quedan solamente en eso...
 
Y ya hablando de empleados descontentos, efectivamente en los últimos diez meses a los pilotos y sobrecargos no les ha ido nada bien en sus exigencias ante los patrones, pues todos sus intentos por mejorar los salarios y las condiciones laborales, sean o no de los grupos sindicales tradicionales, han terminado en fiasco. Ni Aeroméxico ni Aeromar cedieron a las presiones sindicales, ni tampoco Interjet ha dado su brazo a torcer, aún cuando se ha filtrado que sus pilotos, y en especial sus sobrecargos, están muy enmuinados con las condiciones que ahora se les exigen, al limite máximo legal, y están casi en pie de guerra.
 
Pudiera pensarse que el que el personal técnico aeronáutico no reciba de las aerolíneas respuesta positiva a sus demandas es algo muy preocupante, pero por otro lado no hay que olvidar que la planta laboral ha crecido más de 30% en tan solo un lustro y las aerolíneas están ofreciendo más trabajo que nunca a pilotos y sobrecargos, y todas las predicciones apuntan a que dentro de muy poco tiempo habrá una clara escasez de tripulantes. Este fenómeno implicará que las tripulaciones se habitúen a trabajar las jornadas máximas, y podría ser una limitante para el crecimiento de las aerolíneas, pero los sueldos y prestaciones de las tripulaciones aéreas seguirán siendo buenos. No sé si eventualmente sea rentable para las empresas equiparar los sueldos con las aerolíneas de otros países, especialmente porque las que crecerán más son las que trabajan bajo el modelo del bajo costo, pero la buena señal es que sin duda habrá mucho empleo para nuevos pilotos en los próximos años y, comparado con cualquier otro tipo de profesionista a nivel nacional, estarán mejor pagados. Más bien el problema será de dónde se sacarán tantos aviadores con la preparación y madurez necesarias para garantizar la seguridad aérea.
 
Y es que ya en el tema de la seguridad aérea, en los últimos tres años en México se ha presentado una evidente crisis en este aspecto, con un aumento claro en el número de accidentes e incidentes de aeronaves donde han sobresalido muchos casos de tripulaciones muy inmaduras y con capacidades deficientes. Esto llevó a que aviones mexicanos protagonizaran algunos de los peores accidentes a nivel mundial durante 2018 y que en rubros como la aviación agrícola la cantidad de percances se haya duplicado.
 
Estos sí son síntomas verdaderamente preocupantes, y están de la mano en gran medida con el problema de la escasez de pilotos bien preparados, pero también de la corrupción, pues existen muchas prácticas relacionadas con licencias y capacidades falsas o mantenimientos deficientes, como se evidenció en los medios alrededor del infame accidente de Global Air en Cuba, y que fue el segundo peor accidente fatal a nivel mundial durante el año pasado.
 
Porque ahondando en el asunto de la corrupción, que nuestro Presidente ha prometido enconadamente erradicar, parece que en aeronáutica nos estamos tardando un poquito, y aunque ya se ajusticiaron a un par de pillos de la Dirección de Licencias que tuvieron que ver con las irregularidades descubiertas en las capacidades de los pilotos de un Lerajet ambulancia accidentado en Toluca (lo que se aplaude), basta darse una vueltecita por algunos aeropuertos, como el de Atizapán, para constatar la manera tan sucia como se conducen algunos Comandantes e Inspectores. Urge que entren en vigor las leyes prometidas que catalogan la corrupción como delito grave, para que la Dirección General de Aeronáutica Civil pueda ser limpiada de los bribones que en este medio todos sabemos que están enquistados ahí, porque eso sí, creo que la corrupción es una fuerte amenaza para la seguridad aérea en México, quizá la más grave...
 
Por último, está el gran chasco de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, que parece que ha dejado traumatizados a muchos dentro de la industria aérea. Y no es para menos, pues las formas de cómo se lleva este asunto son poco convincentes, especialmente el hecho de que la decisión de sustituir el proyecto con la construcción de un aeropuerto civil en la Base Aérea Militar de Santa Lucía se tomara antes de existir ningún estudio serio y de que apenas hasta ahorita se hayan encargado las soluciones técnicas aeronáuticas a empresas francesas, cuando se supone que la obra ya dio inicio; y lo peor: que será el Ejército el encargado de construir y administrar dicho aeropuerto.
 
Lamentablemente en los últimos años la Secretaría de la Defensa Nacional no ha demostrado tener ni honradez absoluta ni capacidad aeronáutica, basta recordar que en su participación en la construcción de la barda perimetral del fallido aeropuerto de Texcoco se descubrieron graves anomalías y sobreprecios, mientras que en sus propias obras, incluidas las de bases aéreas, destacan contratos asignados directamente a empresas envueltas en escándalos, como Tradeco, además de los rotundos fracasos que tuvo durante el sexenio pasado con el proyecto de adquisición de nuevos radares y el desarrollo de un avión entrenador. Por esto y más hay tantas dudas de que meter a los militares en este proyecto sea una buena idea...
 
Pero, ¿será catastrófico el resultado? No tanto, creo que de alguna manera este proyecto la "librará", pues seguramente encontrarán maneras de hacer cobrar vida al "Frankenstein", apoyándose principalmente en otros aeropuertos, como el de Toluca. Incluso las aerolíneas nacionales, salvo Aeroméxico, ya se muestran más dispuestas a aceptar el nuevo orden aeroportuario.
 
De este rápido repaso de las principales problemáticas que aquejan a la aviación comercial mexicana, podemos dilucidar que sin duda se tienen enormes retos en puerta, pero aunque afortunadamente lejos de una catástrofe, la complejidad de este catálogo de problemáticas exige estrategias muy bien meditadas para poderlo arrostrar. Principalmente se deberán tomar las medidas correctas a tiempo, pues en algunos casos no habrá manera de postergar las consecuencias de la inacción y ya no habrá margen para el error. Así las cosas, podemos anticipar un sexenio verdaderamente decisivo para la cimentación del futuro de la aviación mexicana, donde quizá una de las mejores herramientas para organizar su desarrollo sea un nuevo órgano regulador, la esperada Agencia Federal de Aviación Civil, que el Gobierno ya se comprometió a crear de una vez por todas en los próximos meses.
 
Aunque no para todos van bien las cosas, la industria aérea tiene un camino muy prometedor por recorrer si se toman las decisiones correctas, pero es apremiante que los empresarios, gremios y autoridades tomen cuanto antes esas decisiones, pues el futuro ya nos está alcanzando.


Saludos

 

Héctor Dávila

 

DespRain

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