1374

Con la opinión de Héctor Dávila

La semana pasada se realizó en el hotel Camino Real Monterrey San Pedro, en la Sultana del Norte, el Seminario Internacional de Seguridad Aérea "Amigos de la Aviación", que una vez más por tres días sirvió de encuentro entre las autoridades aeronáuticas mexicanas y norteamericanas con operadores, tanto privados como comerciales. El evento se ha caracterizado (y consolidado), como un importante promotor de la facilitación para la obtención de licencias para pilotos y mecánicos mexicanos ante la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA), así como escaparate para que sus colegas de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) nos expliquen algunas de sus formas, usos y costumbres, todo en un marco cordial y efectivo, que es un reflejo de la entrega y profesionalismo de sus organizadores, a los que felicito muy calurosamente por el resultado de su esfuerzo.

Siempre me han parecido muy buenos este tipo de encuentros, pues creo que a la aviación le hacen mucha falta amigos, carencia que se hace más evidente en tiempos como los actuales, con la industria aérea mundial tambaleándose por la escandalosa crisis del Boeing 737 MAX.

A todos los niveles, desde el más sencillo ejemplo con el desempeño del inspector del más modesto aeródromo, hasta las más encumbradas y complejas organizaciones gubernamentales encargadas de las certificaciones aeronáuticas, ha quedado más que demostrado que el relajamiento de la observación estricta de las normas y procedimientos, sea por incompetencia o por vicios más repudiables, son la causa primigenia de casi todas las tragedias aéreas.   

El acercamiento entre autoridades y operadores debe ser por supuesto muy amistoso y con espíritu facilitador, pero cuidando siempre que los principios de absoluto rigor en materia de seguridad aérea nunca se relajen. El deshilado de la trama que se está dando día a día sobre el penoso caso del 737 MAX, nos muestra una vez más lo terrible que puede resultar el libertinaje entre las partes encargadas de velar por la seguridad aérea.

La compañía Boeing ya es severamente señalada por supuestamente haber sido omisa en varios procedimientos, sobresaliendo la falta de capacitación que debió exigirse a los pilotos del 737 MAX, pues ésta se limitó a breves cursos en línea autoadministrados, según denunciaron representantes de pilotos de las principales aerolíneas usuarias, como American Airlines y Southwest Airlines. Por supuesto toda la industria coincide en que definitivamente ese no fue el nivel de adiestramiento adecuado para la transición de los pilotos de versiones anteriores del 737 hacia el nuevo modelo, y se sospecha que se debió a un intento de la empresa por mantener costos bajos y atractivos para sus clientes, confiándose en un nuevo sistema automatizado (el ya infame MCAS) que no consideraron siquiera explicar bien a los pilotos, en una aparente optimización de los procesos privilegiando motivos económicos sobre la seguridad, algo en definitiva inadmisible, independientemente de que se llegue a demostrar si esta falta de adiestramiento tuvo o no que ver, y en qué medida, con los fatídicos accidentes.

Pero tanto o más grave es el descubrimiento de que la FAA, autoridad máxima encargada de velar por la seguridad de los diseños de las aeronaves, cuya palabra era respetada y seguida por todo el mundo, delegó en manos de Boeing varios procesos para apresurar la certificación y aprobación del 737 MAX, al parecer para ayudarle a cumplir su apretada agenda presionada por la competencia contra los nuevos modelos de la familia A320 de su archirrival Airbus. Esta reprobable conducta de las autoridades aeronáuticas norteamericanas ya provocó una auditoría especial del Departament of Transportation (DOT) y nada menos que atrajo la atención del FBI, que ya investiga también posibles conductas criminales. La presencia del FBI entre la mezcla de agencias que indagan sobre la relación Boeing-FAA alrededor del asunto 737 MAX, parece deberse a la búsqueda de una respuesta al cuestionamiento de porqué la Autoridad ayudó tanto y a tal grado al gran fabricante de aviones: ¿Acaso fue por patriotera, para facilitarle la vida contra sus competidores extranjeros? ¿Fue simplemente incompetente? ¿O hubo algo peor, como algún tipo de corrupción?
Eso es lo que los herederos de Eliot Ness están justamente tratando de descubrir...

Por supuesto es una gran desilusión saber que este tipo de malas prácticas se pudieran dar en esas cúpulas de tanto prestigio y poder internacional, donde se desarrollan y certifican las extraordinarias aeronaves que tanto admiramos, y no solamente en esos bajos niveles que en países como nuestro México estamos más acostumbrados a ver, donde pululan desde inspectoruchos tan miserables que extorsionan pidiendo cualquier baratija a jóvenes estudiantes de aviación a cambio de pasarlos en un examen, hasta los pillos que venden carísimos permisos de taxi aéreo y certifican trabajos de mantenimiento que no se hicieron.
Pero que existan estas aberraciones significa también la oportunidad para que cada quien, en su propia trinchera, desde los que tienen a su alcance a las grandes organizaciones internacionales, hasta los que estamos tan solo a nivel local, cerca quizá del más modesto aeródromo, seamos amigos verdaderos de la aviación y luchemos contra estas prácticas, empezando por denunciarlas y rechazarlas, para contribuir a que ni un solo inocente más muera por la negligencia y omisión de aquellos en cuyas manos se ha puesto tan valiosa responsabilidad.

Sobre el caso 737 MAX creo que seguramente veremos rodar cabezas importantes en las filas de Boeing y la FAA, y qué bueno que haya instancias que investiguen y sancionen a quienes fallan al compromiso con la seguridad aérea. Mientras por otro lado, pese a que sin duda las pérdidas se seguirán acumulando, sobre todo porque junto con las inminentes demandas civiles por compensaciones ya hay importantes cancelaciones de pedidos del avión protagonista de este meollo, también creo que Boeing superará pronto el descalabro, pues es tan fuerte el duopolio que junto con Airbus tiene sobre la oferta mundial de aviones comerciales, y tan grande el apoyo que tiene del gobierno norteamericano, que seguirá disfrutando de utilidades por décadas apenas dándose abasto con los miles de pedidos de su gordísima cartera.

Pero regresando al principio, debo aclarar que no trato de decir que me parece que este tipo de problemas de seguridad que afectan a la aviación a nivel mundial sean básicamente porque las autoridades pudieran ser "demasiado" amigables con los fabricantes y operadores, pues creo que ser "amigo" de la aviación es justamente lo opuesto, es decir, se trata de buscar una colaboración estrecha entre autoridades y operadores pero sin dejar jamás que se relajen los compromisos y requisitos que la seguridad aérea exige.

Por eso digo que la aviación necesita amigos, muchos amigos sinceros y verdaderos, que no hagan payasadas con las aeronaves, que se tomen en serio absolutamente todos los procedimientos de vuelo, que cumplan cabalmente con todos los adiestramientos, revisiones y certificaciones, que nunca acepten privilegiar motivos económicos sobre la seguridad y bajo ninguna circunstancia se dejen seducir por aquellos miserables que dentro de esta industria viven de las despreciables prácticas de corrupción.
Seamos pues, auténticos Amigos de la Aviación...

Saludos

Héctor Dávila

 

airplane

Articulos Relacionados

LAS PUGNAS DE INTERJET, AEROMÉXICO Y SUS SINDICATOS 12 Ago 2019

LOS PELIGROS DE LA AVIACIÓN MEXICANA 05 Ago 2019

¿POR QUÉ AEROMÉXICO LE TIENE TANTO MIEDO A EMIRATES? 29 Jul 2019

AHORA SÍ, EN SERIO, LLEGÓ LA AGENCIA DE AVIACIÓN CIVIL 21 Jul 2019

POBRE BOEING, ¿CUÁNDO ACABARÁ SU CALVARIO? 15 Jul 2019

¿QUE SE VAYA EL DIRECTOR DE AERONÁUTICA? 08 Jul 2019

A VOLAR CON EL SEXO DÉBIL 01 Jul 2019

Archivo de Comentarios Editoriales