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Con la opinión de Héctor Dávila

El filósofo José Ortega y Gasset decía que "un esfuerzo inútil conduce a la melancolía", y melancólico fue el sabor de boca que dejaron los argumentos del director de la International Air Transport Association (IATA), Alexandre de Juniac, y de varios directores de aerolíneas, en lo que me pareció una especie de defensa de la muy improbable resurrección del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco, durante la celebración del Aviation Summit 2019 en la Ciudad de México.

En este evento, bastante bueno por cierto, se pudieron ver las olas de estos desesperados alegatos chocar y disiparse contra las rocas del inexorable acantilado de la postura oficial en boca del ingeniero Javier Jiménez Espriú, encargado de las Comunicaciones y Transportes de México (SCT), quien dejó claro una vez más que, se diga lo que se diga, el aeropuerto de Texcoco está recontracancelado, y hasta prometió en breve proporcionar información adicional con la que se terminará de echar tierra y flores a la tumba de ese proyecto. Sin embargo, Espriú aceptó estar ante "un enorme reto" y declaró: “Estamos en la obligación y deseo claro de invitar a todas las aerolíneas que llegan a México, y a las mexicanas, a participar en el análisis logístico de lo que tenemos que hacer".

De Juniac tuvo la pírrica satisfacción de que, como dice el refrán popular, "por lo menos la boca se la oyeron", aunque hubo algunos líderes de aerolíneas que prefirieron mostrarse más dócilmente alineados al proyecto gubernamental de un Sistema Metropolitano de Aeropuertos, fundamentado en el trinomio Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM)-Toluca- Santa Lucía.
Pero el Director de la IATA recalcó tesonero la obvia preocupación que existe ante el tremendo reto en materia de seguridad que implicará el tejido y manejo de un espacio aéreo con la complejidad que exigirá la operación de la Base Aérea de Santa Lucía (que próximamente será bautizada como Aeropuerto Internacional “General Felipe Ángeles”) junto con el actual “Lic. Benito Juárez”, cuya cercanía se estima muy critica, sobre todo ante el hecho de que la propuesta de solución técnica a este problema no ha sido todavía presentada por el Gobierno, pues según apenas se le está encargando a la firma europea NavBlue, la que la tendrá lista en unos seis meses.

Además, irónicamente, la cercanía entre ambas terminales, aparentemente muy desfavorable en términos de control de espacio aéreo, es por otra parte una distancia muy lejana en cuanto a la conectividad que se requiere para favorecer la operación comercial, lo que tiene a empresas como Aeromar, Interjet y muy particularmente a Aeroméxico y sus aliadas internacionales muy preocupadas, pues han manifestado que no ven cómo podrían hacer rentable su operación con tres aeropuertos atendiendo simultáneamente a la gran metrópoli mexicana; bueno, ni siquiera con solo dos se sentirían cómodas. Además, resaltaron su rechazo a lo elevado de las tarifas de uso aeroportuario, pues han favorecido un entorno de desequilibrio entre aerolíneas que pierden y aeropuertos que ganan.

Aunque las aerolíneas de bajo costo como Volaris o VivaAerobus tienen bien definido que su tendencia es ir a donde haya demanda, y que los mercados no pueden ser forzados, es claro que el modelo de negocio que las rige tampoco es muy compatible con la idea de duplicar los costos de servicio al tener que atender dos o tres terminales para la misma ciudad, pese a que se han mostrado un poco más dispuestas a adaptarse al proyecto, quizá porque están planeando apostar a lograr el privilegio de operar solamente desde uno de los aeropuertos.

“La decisión de abandonar el nuevo aeropuerto (NAIM) hace más difícil la operación de las aerolíneas y también perjudicará la economía mexicana" declaró profético y retador Alexandre de Juniac, pero el titular de la IATA también apuntó críticamente a la decisión del Gobierno mexicano de dejar el nuevo aeropuerto comercial de Santa Lucía totalmente en manos militares, desde su construcción hasta su operación, algo que a nivel mundial se considera aberrante.

Ya incluso circula la broma de que a la SEDENA se le cambiará de nombre a SEDECONA, por Secretaria de la Defensa y "Comercialización" Nacional, pues por lo menos en materia de aviación ahora se pretende que los militares se dediquen a construir aeropuertos civiles, vender aeronaves ejecutivas, hacer espectáculos aéreos y ferias comerciales, administrar las terminales de pasajeros y hasta disponer de las utilidades de estos negocios.

Quizá si la SEDENA, a través de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), fuera más competente en el cumplimiento de sus deberes en materia aeronáutica, tal vez daría más confianza y podría llegar a parecer aceptable que se aventure en un giro tan especializado y alejado de su naturaleza como es la administración aeroportuaria, pero lamentablemente ha demostrado muchas fallas en el cumplimiento de su misión primordial de proteger el espacio aéreo y no pudo cumplir bien con los planes de desarrollo que se planteó en los últimos dos sexenios en ese sentido, pues ni siquiera cuenta con los radares ni con los sistemas necesarios de vigilancia e interceptación aérea, y despilfarró miles de millones de pesos en la adquisición de muchas aeronaves de dudosa utilidad, e incluso se debe resaltar la opacidad con que se condujo en su participación en la construcción de la costosísima barda perimetral del NAIM cancelado en Texcoco.
Con tales antecedentes realmente es fácil coincidir con la IATA en eso de que parece muy mala idea querer poner a los militares a construir y administrar un aeropuerto civil, especialmente uno tan importante.

Es claro que el Gobierno de México y los representantes de la aviación comercial aún no encuentran un camino de total entendimiento en este tema, pero quizá mantener el diálogo, valiente y claro, permita que los mejores argumentos sobrevivan y se impongan a la sinrazón, para beneficio de toda la industria aérea, y por decantación del País entero.
Aunque las decisiones oficiales parecen inapelables, el planteamiento de propuestas mejores y más viables no puede tampoco ser desoído, por eso eventos incluyentes  como éste, en el que se dio este diálogo franco, son muy importantes.

Hacer que Santa Lucía y el AICM funcionen juntos bien y con seguridad como los aeropuertos que atiendan hermanados a la gran capital mexicana aún se antoja a ojos de muchos como algo casi imposible, y por supuesto es obligación de los expertos y grandes actores de la aviación mundial que así opinan decirlo con firmeza, eso es ser congruente y tener valores. Pero por otro lado no hay que perder de vista que la decisión oficial no solamente está tomada, sino puesta ya en marcha, y serán los responsables de dichas decisiones a quienes corresponderá demostrar que están haciendo lo correcto, especialmente si se les han puesto todas las cartas sobre la mesa.

Lo bueno es que podemos estar seguros de que en muy pocos años se desenmarañará todo este asunto, y entonces la justicia podrá ejercer su hábito de dar a cada quien lo suyo...


Saludos


Héctor Dávila

Lucia

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