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Con la opinión de Héctor Dávila

En el agua jabonosa reflejando como espejo el cielo aparece la silueta del primer avión, imagen que será recurrente durante toda la película.
El maestro Alfonso Cuarón ha dicho que quería ser piloto como segunda opción a la que consideró como la poco probable posibilidad de ser astronauta, pero los aviones que aparecen a lo lejos en las cuidadísimas tomas de su obra maestra no son tanto por ese motivo, si no que son más bien una alegoría, casi homenaje, al molesto paso de un ruidoso avión a cada minuto durante la filmación en la colonia Roma, amenazando arruinar con su estruendo la grabación de sonido de la tan alabada cinta.
De alguna manera la exquisita Roma, con sus sutiles aviones entrometiéndose a lo lejos, dejó plasmado muy discretamente para lo posteridad un testimonio del grave problema aeroportuario que ha afectado desde hace muchos años a la gran urbe de México, el cual todavía no está resuelto.

Los aviones, pasando literalmente a cada minuto sobre nuestras cabezas, se han convertido en parte normal del paisaje urbano, tanto que muchas veces ya ni siquiera registramos conscientemente cómo con su ruido se entrometen en la vida de cientos de miles, quizá millones de personas, distrayendo conversaciones, ahogando el volumen de radios y televisores, o perturbando el descanso nocturno.

Estamos muy acostumbrados, pero el problema sigue ahí y los aviones siguen volando hacia y desde un aeropuerto saturado, al que ya están forzando sus espacios limitados a 60 operaciones por hora para que apretadamente se puedan realizar hasta 68, y aunque varias de sus áreas oficiales serán utilizadas para ampliar las terminales, esto no será paliativo alguno, pues el problema ya sabemos que es principalmente de pistas, por lo que no se pueden recibir más aviones, no importa cuántas terminales y salas se construyan alrededor.

Aunque ya iniciaron los estudios y primeras obras de lo que será el polémico Aeropuerto Internacional de Santa Lucía (AISL), proyecto que está en manos de la Secretaría de la Defensa Nacional, lo más importante no ha sido aún esclarecido: ¿cómo se resolverá el problema meramente aeronáutico del conflicto de control de tráfico aéreo con los dos aeropuertos operando uno tan cerca del otro? En este contexto, la única organización de peso de la industria aérea mexicana que ya manifestó estar trabajando de cerca con el Gobierno para lograr que su nuevo proyecto aeroportuario funcione de la mejor manera, quizá más por resignación que por convicción, es la Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO).

En contraste, una de las voces más acreditadas que en los últimos meses se había opuesto decididamente a la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco era precisamente la CANAERO, organización que podría ser considerada el músculo más vigoroso que existe para la defensa de la industria aérea mexicana.

El punto débil de CANAERO, que cuenta con 67 asociados, quizá fue el que a veces se le percibiera más cercana a los intereses de Aeroméxico y sus aliados, que a los del resto de la aviación, llegando incluso a modificar sus estatutos para permitir la reelección como su Presidente de Sergio Allard, brazo fuerte de la aerolínea del "Caballero Águila", acción que en su momento fue aplaudida frente a los reflectores, pero que tras bambalinas desató severas críticas y desinfló un poco la credibilidad de la Cámara.

Pero frescos vientos de cambio están beneficiando a la industria aérea en México y con ellos llegó la sorpresa de que por primera vez se eligió al frente de CANAERO a un representante de la Aviación General. Se trata del Lic. Alejandro Alonso Olivares, quien es Director General de Aerolíneas Ejecutivas (ALE), una de las más importantes empresas de servicio de aviación privada y taxi aéreo de América Latina.

Este cambio representa una gran oportunidad para que la voz que puede representar más y mejor a la industria aérea mexicana tenga una visión más amplia e incluyente, pero sobre todo más sensible a las necesidades de todos los tipos de aviación que la componen.
Es tan importante este cambio de percepción que por ejemplo vi, sin poder disimular la risa, cómo varios de los periodistas que cubren temas de CANAERO nomás no entendían lo que era ALE, de donde proviene Alonso, y pensaban que se trataba de una especie de pequeña aerolínea alimentadora, en vez de una empresa de mantenimiento, venta y renta de aeronaves corporativas.

Alejandro Alonso tiene más de 20 años de experiencia en la aviación privada, donde goza de gran prestigio y se le reconoce como un sagaz vendedor de aviones ejecutivos, y su llegada a la Presidencia de CANAERO de inmediato significó el interesante cambio de discurso que ya señalé, donde en sus primeras declaraciones a medios, además de dejar claro que será neutral en su atención a las inquietudes de todas las empresas de aviación, destacó el reconocimiento al proyecto de aeropuerto civil en Santa Lucía, aceptando que es factible que se concluya en menos de tres años y, dejando atrás la resistencia al mismo, manifestó la disposición y acción de la Cámara para encontrar la mejor manera de operar el actual aeropuerto internacional (AICM) junto con el que se construirá en la Base Militar.

Aún con esta aparente alineación con el proyecto del Gobierno Federal, CANAERO con Alonso al frente sostuvo el reclamo de que se enmienden los errores de la anterior administración, urgiendo a la creación de una vez por todas de una autoridad aeronáutica civil moderna a nivel de Agencia Federal, apoyada con una organización investigadora de accidentes del transporte totalmente independiente, instituciones que, como he señalado muchas veces en este espacio, ya es apremiante que existan en México para atender los requerimientos regulatorios de un sector de tan rápida evolución como es la aviación.

Sin duda aún falta bastante para ver los mayores efectos de las decisiones gubernamentales, y creo que el proyecto de construir un aeropuerto comercial en Santa Lucía para ser operado simultáneamente como complemento del actual y saturado AICM todavía no enfrenta sus peores obstáculos, pero el que una organización como CANAERO adopte una postura coadyuvante pienso que es una estrategia acertada para lograr más cercanía con las nuevas autoridades, y comenzar una buena relación enfocada a construir una mejor y más fuerte aviación, con lo que se tiene a la mano, donde el conflicto francamente ya resulta innecesario.

Al fin y al cabo si el proyecto de Santa Lucía es realmente inviable, la verdad se impondrá sola y éste caerá por su propio peso; y si realmente funciona, será muy bueno para todos haber trabajado en su desarrollo. No hay de otra pues, que quedarse a ver cómo acaba la película...

 

Saludos

Héctor Dávila

 

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