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Con la opinión de Héctor Dávila

¿Por qué no aparecen en los titulares a nivel mundial tantos accidentes aéreos de funcionarios públicos como en México? ¿Por qué en Estados Unidos, donde tienen la mayor operación de aviación ejecutiva del mundo, no se ven con frecuencia accidentes de políticos? ¿Realmente es tan peligrosa la aviación privada mexicana? Y si es así ¿A qué se debe?

Como punto de referencia obligado, en Estados Unidos, donde la flota aérea supera las 210 mil aeronaves, solamente se tiene registro de un accidente en el que muriera un político prominente en activo en los últimos 16 años, el senador por Minnesota Paul Wellstone, quien falleció el 25 de octubre del 2002 poco antes de intentar reelegirse, al accidentarse en un bimotor Beechcraft King Air.
Y el único funcionario en morir en accidente aéreo en los últimos 10 años, ya en situación de retiro, fue el ex senador por Alaska Ted Stevens, quien se accidentó junto con el ex administrador de la NASA Sean O´Keeffe en un monomotor deHavilland Otter el 9 de agosto del 2010.

Mientras tanto en México, que tiene una flota aérea veinticinco veces más pequeña, en ese mismo periodo de tiempo se han presentado una preocupante cantidad de accidentes aéreos involucrando a Gobernadores, Legisladores y Secretarios de Estado, en aeronaves de todo tipo, tanto privadas y estatales, como militares. En general la aviación mexicana va muy mal en seguridad y en el último lustro el resultado acumulado es lamentablemente a la alza, y tan solo entre 2016 y 2018 los accidentes de aviación cvil en el país aumentaron un 52%, algo terrible si se considera que la tendencia a nivel mundial ha sido constante a la baja.

En un rápido repaso, podemos contabilizar más de 15 accidentes en los últimos diez años, empezando por éste que apenas terminó, en el que además del fatídico helicopterazo del 24 de diciembre en que murieron la gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso Hidalgo y su esposo Rafael Moreno Valle, se dio el trágico accidente del Sikorsky UH-60 Black Hawk de la Fuerza Aérea Mexicana en Oaxaca del pasado 16 de febrero, con el secretario de Gobernación Alfonso Navarrete Prida y el gobernador Alejandro Murat a bordo, y aunque lograron sobrevivir, dejaron un terrible saldo de 13 civiles muertos a los que el aparato les cayó encima.

También este último año, el 28 de agosto, se accidentó el Turbo Commander XC-ZCL del gobierno de Zacatecas llevando a la esposa del Gobernador como pasajera, Cristina Rodriguez, la cual resultó ilesa. Además, dos aeronaves del Estado de Guerrero tuvieron percances, aunque afortunadamente no había funcionarios a bordo; el 27 de abril al Turbo Commander XC-LIM le falló el tren de aterrizaje cuando iba a recoger al secretario de Turismo estatal, Ernesto Rodriguez, en Ixtapa-Zihuatanejo, mientras que el helicóptero Agusta AW119 Koala XC-LKX chocó en pleno vuelo contra un avión Cessna 172 de una escuela en Toluca, cuando aparentemente se dirigía a recoger al gobernador Héctor Astudillo, pero en un golpe de suerte extraordinario ambas aeronaves lograron aterrizar con sus tripulantes sanos y salvos, entre ellos una joven aspirante a piloto.

En el 2017 otro Turbo Commander, un Jetprop 890 matrícula XC-CEN, se accidentó al fallar su tren de aterrizaje en el aeropuerto de Los Cabos con el secretario de Seguridad Publica de Sonora, Adolfo García Morales, como pasajero, quien resultó ileso.
Sin embargo, el 14 de agosto del 2015 se accidentó el helicóptero Bell 429 XC-VVE en el que viajaba el gobernador de Chihuahua César Duarte, acompañado de su esposa y de la conocida periodista Lolita Ayala, la que resultó lesionada de gravedad, y en ese mismo año, el 6 de octubre, se accidentó el helicóptero del Estado de Veracruz, un Bell 430 matrícula XC-VER, y aunque no iban funcionarios en él, lamentablemente murieron los dos pilotos que lo tripulaban.

En el año 2013, el 22 de agosto, se accidentó un bimotor BN-2B Islander matrícula XC-FEE a 15 millas de Zacatecas, que transportaba a cinco funcionarios del Estado de Chihuahua, incluido el secretario de Salud estatal, Sergio Leonardo Piña, resultando dos de los pasajeros heridos, mientras que el 7 de junio cayó en San Luis Potosí  el helicóptero Bell 206B Jet Ranger matrícula N207JA, muriendo en él Juan Ignacio Torres Landa, candidato a Gobernador del estado de Guanajuato, junto con cuatro personas más.

Durante el año 2012 se accidentó en Tlaxcala el helicóptero Bell 407 XC-SSP llevando al secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez y al subsecretario José Nava, quienes por fortuna no resultaron heridos.

Más trágico fue el año 2011, en el que el helicóptero Súper Puma de la Presidencia TPH-06/XC-UHM se estrelló en el cerro de Ayaqueme el 11 de noviembre, cuando se dirigía a Cuernavaca, muriendo ocho funcionarios, entre ellos el secretario de Gobernación José Francisco Blake Mora.
El 21 de octubre de ese mismo año se accidentó en un helipuerto en la zona de los Viveros de Coyoacán, en la Ciudad de México, el Agusta A109S XC-EDM, muriendo sus dos pilotos y resultando heridos el secretario de Desarrollo Metropolitano del Estado de México, Fernando Alberto García Cuevas, y su asistente.

El año 2010 también fue trágico, cuando ocho personas murieron el 7 de junio al caer el bimotor Piper Cheyenne XB-MPV en la presa La Fragua, en la reserva Amistad, estando entre los fallecidos José Manuel Maldonado, presidente municipal de Piedras Negras, y Horacio del Bosque, secretario de Obras Públicas del Estado de Coahuila. Mientras que el 3 de septiembre murieron los Diputados Guillermo Zavaleta y Juan Huerta, junto con Joaquín Cortés, presidente municipal electo de Juquila, Oaxaca, junto con 3 personas más, cuando el Cessna 210 XB-ANG en el que se preparaban para aterrizar en Huatulco se quedó sin combustible y se estrelló. 

En 2009, el 4 de agosto, aterrizó de emergencia el Bell 407 XA-VGT llevando como pasajero a Andrés Rafael Granier, gobernador de Tabasco, junto con otros tres funcionarios, los que resultaron afortunadamente ilesos. No contaron con tanta suerte los 8 pasajeros y tripulantes que iban a bordo del Bell 412 XC-JDC que se accidentó del 11 de enero de 2008 en Puebla, pues lamentablemente todos murieron, incluyendo a Patricia Rossano, esposa del Secretario General de Gobierno del Estado.

Y si seguimos revisando más para atrás la lista se hace más y más larga, destacando por supuesto el fallecimiento del secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño, junto con otras 15 personas, en la tristemente célebre caída del Learjet 45 XC-VMC el 4 de noviembre del año 2008, así como las trágicas muertes en 2005 del secretario de Seguridad Pública Federal Ramón Martin Huerta y del gobernador de Colima, Gustavo Alberto Vázquez Montes, el primero el 21 de septiembre en el helicóptero Bell 412 XC-PFI en el que además murieron ocho de sus colaboradores, y el segundo el 24 de febrero en el jet Westwind XC-COL, en el que fallecieron otras seis personas. Incluso en Puebla ya se había accidentado uno de sus gobernadores en helicóptero, el 18 de diciembre de 2001, cuando se estrelló el Bell 412 XC-PUE con el gobernador Melquiades Morales a bordo, aunque afortunadamente en esa ocasión no hubo muertos.

Esta impresionante lista de desgracias, a las que podríamos agregar las sufridas por famosos empresarios y artistas, nos obliga a reflexionar sobre qué es lo que se está haciendo mal en la aviación mexicana, ya que en este mismo periodo de tiempo en ningún otro país se han sufrido tantos accidentes de funcionarios públicos.
De un análisis profundo de estos accidentes y de la forma de operar de nuestra industria aérea, se pude desprender la hipótesis de que las principales razones de esta gran incidencia de percances aéreos en México son básicamente tres: la incapacidad de las autoridades aeronáuticas, la corrupción y una pésima cultura de presión corporativa.

Autoridades Incompetentes
En los últimos tres sexenios las autoridades aeronáuticas mexicanas se han rezagado muchísimo, ocasionando una rotura del sistema y una fragmentación de los esfuerzos enfocados a la supervisión y verificación de las operaciones aéreas, incumpliendo el proyecto prometido hace años de crear una organización independiente para la investigación, análisis y prevención de accidentes aéreos, que es la modalidad predominante en todo el mundo, al tiempo que la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), dependiente de la Secretaría de a Comunicaciones y Transportes, fuera de algunas mejoras cosméticas, se dejó prácticamente abandonada y carece de los recursos técnicos necesarios para la correcta supervisión de una flota del tamaño de la de México, siendo juez y parte en materia de seguridad aérea.
La DGAC, que en el último sexenio tuvo cuatro Directores Generales, y en algunas ocasiones hasta se dejó acéfala, está muy limitada técnicamente, incluso sus sistemas de cómputo son obsoletos y trabaja con marcos legales igual de desfasados, sin la capacidad real de poder estar detrás de todos los operadores y supervisarlos correctamente, y aunque hay que reconocer que ha hecho algunos esfuerzos notables por mejorar la seguridad aérea, como el establecimiento del Comité Consultivo de Seguridad Operacional de Helicópteros, sus limitaciones junto con la corrupción que en gran medida se ha infiltrado en ella, no le permiten moverse en la dirección correcta para contribuir mejor en la prevención de los accidentes aéreos.

La corrupción
Muy tristemente, ésta es un problema tremendo dentro de la aviación mexicana, donde si bien las autoridades han desempeñado un papel muy obvio, la verdad es que no se les puede echar toda la culpa, pues es principalmente por parte de algunos operadores, pilotos y técnicos que la corrupción se ha diseminado más.
En un altísimo porcentaje de los accidentes aéreos que han ocurrido en el país, desde el de Mouriño en adelante, han sido factor común las irregularidades en las licencias y capacidades de los pilotos. Es increíble que haya tantos pilotos que opten por evadir el cumplimiento de todos los requisitos y adiestramientos necesarios para contar con la capacidad para volar un particular tipo de aeronave, y es común en los accidentes descubrir que los pilotos compraron capacidades a los llamados centros de instrucción "patito", muchas veces con la complicidad de autoridades.
Para explicarlo a quien no esté familiarizado, un piloto con su licencia no puede volar así como así cualquier aeronave sofisticada, digamos jets o helicópteros, aún cuando tenga muchas horas de vuelo, pues requiere de un adiestramiento y una certificación específica para cada tipo de aeronave, y esto es lo que en el medio aeronáutico se llaman "capacidades", mismas que son parte de la licencia del piloto y las cuales son muy costosas, del orden de hasta de decenas de miles de dólares, y por eso hay personas  que optan por comprarlas "chuecas" a una fracción del costo, lo que se traduce en un tremendo riesgo potencial, pues los poseedores de tales licencias en realidad no han recibido todos los adiestramientos, muy particularmente los especiales para justamente resolver las posibles emergencias en el particular tipo de aeronave que pretenden volar.
Lo mismo sucede con los mantenimientos, resulta que en México es común que el mantenimiento de aeronaves se subcontrate a talleres que no están autorizados por los fabricantes, los cuales a su vez subcontratan sucesivamente a otros y a otros, terminando el equipo en las peor es manos.
Prueba de lo anterior es que las empresas que hacen las cosas bien (que afortunadamente las hay) y que contratan solamente a talleres autorizados directamente por los fabricantes de las aeronaves y se aseguran de dar a los pilotos y mecánicos los adiestramientos rigurosamente en centros de prestigio, tienen altísimos estándares de seguridad, equiparables a los de Estados Unidos, ejemplo de esto son las empresas de aviación ejecutiva de empresarios como Slim, Azcárraga, Larrea, Burillo o Salinas Pliego, por mencionar solo a algunos, que realizan muchísimas operaciones y no tienen accidentes, así como algunas empresas de helicópteros, como ASESA o Heliservicio, esta última con un récord de 650 mil horas de vuelo sin accidentes.
Sin embargo, en muchas aeronaves de servicio a Gobierno y algunos taxis aéreos de empresarios poco escrupulosos parece que prevalecen más estos vicios.
La confianza y la honestidad de todas las partes es imprescindible para resolver este serio problema, y creo que a las autoridades, además de modernizarlas, deben dársele las herramientas para sancionar severamente a los incumplidos, pues mientras que en Estados Unidos se pena con cárcel a los pilotos que vuelen sin las capacidades correspondientes o permitan hacerlo a alguien que no las tenga, aquí solamente son acreedores a sanciones y multas relativamente pequeñas. Además, creo que debe prohibirse que los centros de capacitación estén facultados para dar capacidades de aeronaves para las que no cuentan con los equipos, los instructores o los simuladores necesarios.

Presión corporativa
Finalmente, parte de la ecuación del problema de la seguridad aérea en México es la terrible cultura de presionar la ejecución de las operaciones aéreas, donde muchos de los propios dueños y usuarios de las aeronaves desprecian la opinión técnica de las tripulaciones de vuelo y las presionan hasta corromper su compromiso con la seguridad, por lo que es típico encontrar en muchos de los accidentes que los pilotos, por miedo a sanciones y despidos, ignoraron condiciones meteorológicas adversas o hasta fallas en las aeronaves y volaron para tratar de cumplir con un ajustado itinerario. Un ejemplo muy claro de esto fue el accidente del Black Hawk militar de Oaxaca en que viajaban el secretario Navarrete Prida y el gobernador Murat, y del que ha trascendido que un General presionó imponiendo su grado y autoridad sobre los pilotos para realizar el vuelo, aún cuando los oficiales a cargo de la nave sabían que las condiciones no eran buenas, con las terribles consecuencias que todos conocemos. En este caso es fundamental que tripulaciones, autoridades y empresarios de aviación tomen consciencia del problema y se apoye el desarrollo de una cultura de seguridad aérea más responsable, en la que se privilegie la autoridad de los pilotos sobre cualquier compromiso.

Afortunadamente en México hay muchísimos profesionales de la aviación muy preparados, serios y capaces, que estoy seguro que son la mayoría y gracias a los cuales volar es el medio de transporte más seguro. Pero no se puede ignorar que hace falta aún mucho por hacer en materia de seguridad aérea en nuestro país.

(Para conocer más sobre las estadísticas de accidentes aéreos en México, haga clic aquí).

 

Saludos


Héctor Dávila

 

Editorial

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