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Con la opinión de Héctor Dávila

La Secretaría de Marina (SEMAR) hizo su cartita a Santa Claus y le pidió dos fabulosos helicópteros navales NH 90 y un avión Cessna Grand Caravan nuevecitos de paquete, y como se portó bien todo el año e hizo todas sus tareas parece que si le van a traer sus juguetes. Esto no tendría mayor motivo de crítica si no fuera que, por otro lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador se quiere deshacer de más de 100 aeronaves (incluyendo 60 helicópteros) para ahorrar dinero y acabar con el despilfarro del que pecó feamente el Gobierno anterior.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto los excesos en materia de aviación fueron impresionantes, él mismo se surtió caprichosamente con la adquisición por casi 100 millones de euros de 9 helicópteros ejecutivos (2 Airbus H 225 Super Puma y 7 Agusta AW109SP), uno de los cuales se lo dio a su amigazo David Korenfeld, ex director de CONAGUA, quien cínicamente lo utilizó para ir y venir de su casa como si fuera un magnate, además de dos jets Gulfstream G150 por los que se pagaron más de 30 millones de dólares y que Peña quería tan caprichosamente como los estilizados Agusta, pero como para que no se sintieran sus canchanchanes de la SEDENA, SEMAR, PGR y del Banco de México les compró un precioso avión Bombardier Challenger a cada uno, gastando en ellos otros 100 millones de dólares, pero a la SEMAR la consintió aún más, con un par de espléndidos Gulfstream, un G550 y un G450, éste último para asignarlo a la mismísima Presidencia.

Todavía fue peor el caso de Emilio Lozoya, el ex-director de PEMEX, que en una de las compras más turbias de la historia de la aviación mexicana se agenció de otro impresionante Gulfstream G550, un Cessna 680 Sovereign y un helicóptero EC 145 (hoy todos en manos de la SEDENA), los cuales muy tramposamente se etiquetaron y justificaron como aeronaves de vigilancia junto con otros tres Cessna Citation y tres helicópteros Bell 407GX, por los que se pagaron en conjunto más de 1,748 millones de pesos.

El dispendio fue enorme; adicionalmente la Secretaría de Gobernación se compró dos jets ejecutivos Learjet 45EX, mientras que la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) adquirió otro igual, como si le hicieran falta más aviones de lujo e ignoró las necesidades fundamentales de defensa aérea del país, pues no invirtió un solo peso en los sistemas de radar y vigilancia que se prometieron, mucho menos en interceptores, pero como lo he señalado muchas veces, en cambio se gastó una fortuna (más de 500 millones de dólares) en una cantidad excesiva de aviones entrenadores para convertirse, como oportunamente demostré con sendos análisis comparativos, en la fuerza aérea con la mayor desproporción entre entrenadores y aeronaves de combate en el mundo.

Bajita la mano, y basado en los montos declarados por las propias dependencias, calculo que Peña Nieto y su Gabinete se gastaron en aeronaves ejecutivas de lujo (sin contar al tristemente célebre Boeing 787 TP-01) unos 9 mil millones de pesos, pero el despilfarro multimillonario del Gobierno en uso de aeronaves no se limitó a compras de equipo, también se gastó una cantidad prácticamente incuantificable en rentas de aeronaves ejecutivas, por ejemplo, tan solo una institución como el INFONAVIT erogó en los últimos 15 meses casi 12 millones de pesos en vuelos privados.

Sobra decir que en un país como México, con un porcentaje tan grande de la población sumida en fuertes carencias, resulta inmoral que sus gobernantes utilizaran tantos recursos en aeronaves que francamente no soy prioritarias y me parece que el licenciado López Obrador tiene toda la razón al prohibir a sus funcionarios el uso de aeronaves privadas, así como que decida vender las que no son estrictamente necesarias para las tareas de seguridad, aunque esto me duela por el impacto que tendrá en la aviación general, pues muchos profesionistas y negocios se beneficiaban enormemente de la riqueza con que se conducía el Gobierno en el uso del transporte aéreo.

Sin embargo, el presupuesto del nuevo Gobierno para el 2019 es desconcertante y muestra una gran incongruencia comparado con lo que prometió el Sr. Presidente, y es que de entrada se asigna prácticamente la misma suma que el año pasado (casi 237 millones de pesos) a la Coordinación General de Transportes Aéreos Presidenciales, cuya flota supuestamente ya no será usada, por lo que a lo mucho se debería asignar para sus 20 aeronaves solamente el mantenimiento mínimo requerido para preservarlas en lo que se decide su destino. Pero lo que me parece también muy incongruente es que se quieran destinar más de 6,100 millones de pesos para comprarle a la Armada dos helicópteros y un avión, cuando al mismo tiempo el Gobierno tiene 60 helicópteros y 70 aviones, muchos de ellos prácticamente nuevos, que quiere vender; ¿qué una mano hace una cosa sin que se entere la otra?

Entiendo perfectamente que el NHIndustries NH 90 FNH es un helicóptero embarcado de lo más avanzado y capaz para realizar misiones anti-buque y tareas antisubmarinas con los misiles y torpedos más efectivos, dotado con los más modernos sensores y que los quieren porque son el binomio perfecto para operar con la nueva y modernísima fragata de Patrulla Oceánica de Largo Alcance "ARM Reformador", recién estrenada con mucho orgullo por la Armada de México. Estoy de acuerdo con que se dote a nuestras fuerzas armadas con equipo moderno y confiable, pero ¿de verdad se necesita hacer ese gasto? Me refiero a que entre las aeronaves que la Presidencia ya no va a usar hay muchas opciones, por ejemplo hay seis excelentes Airbus Super Puma, muy similares a los modernos helicópteros Cougar que la Armada ya opera, por lo que me pregunto si no será viable (y mucho más barato) adaptar un par de ellos para misiones navales, aprovechando además que ya se cuenta con personal de vuelo y mantenimiento especializado en esas máquinas.

Por lo pronto será tema para mucha polémica si México realmente requiere o no de helicópteros de guerra naval tan avanzados como los del tipo de los que se quieren adquirir y si las funciones que se necesitan realizar para cuidar nuestros mares pueden cubrirse con máquinas menos sofisticadas y costosas, pero más importante, con las que ya se tienen entre esos 60 helicópteros que se pretenden vender. Porque además venderlos no será nada fácil ni rápido, veamos tan solo el caso del Bell 412EP, matrícula XC-PNL, del gobierno de Nuevo León, muy equipado con radar y telefonía satelital, y que precisamente por ostentoso se ha tratado de colocar sin éxito en nada menos que seis subastas, y cuyo precio ya se rebajó de 68.5 a 48.4 millones de pesos, ¡30% de descuento y aún así no se consigue cliente..!

Por otro lado, el Presidente aún desde su calidad de "electo" anunció que frenó la intención de la SEMAR de adquirir 8 helicópteros Sikorsky MH-60 Seahawk, porque no estaba dispuesto a comprar armamento de guerra durante su Gobierno. ¿Y luego? ¿Por qué el cambio de opinión?

Pero todavía me parece más incongruente lo del Cessna Grand Caravan, pues se trata de un avión de carga bastante sencillo, y si la Armada realmente necesita un aparato de tan modestas prestaciones creo que de entre los que tiene ya de sobra el Gobierno Federal debe haber bastantes para escoger uno que le sirva, ¿o no?

En fin, ya el señor López Obrador se ha disculpado diciendo que su polémico Presupuesto de Egresos 2019 tiene errores, pero una cosa es equivocarse y otra ser incongruente, de por sí a la SEMAR se le bajó el presupuesto con respecto al 2018, aún cuando pretendía comprar al menos otros tres helicópteros rusos Mi-17 más 5 monomotores Cessna 182 para reconocimiento, y tiene el compromiso de mantener una flota de 138 aeronaves.

Mientras tanto la SEDENA, aunque se le aumentó el presupuesto un 11%, debido a sus responsabilidades para desarrollar la nueva Guardia Nacional, considerando el importante incremento de personal que requerirá, además de que se le encargó la construcción del Aeropuerto Internacional de Santa Lucía, también se tendrá que apretar bastante el cinturón, por lo que dentro del círculo de aviadores militares se teme que la operación de la FAM se pudiera ver muy comprometida por una eventual falta de refacciones y combustibles, lo que podría significar que el número de horas de vuelo por piloto caigan aún más de lo que ya cayeron en los últimos meses, y lo que es aún peor, se echen a perder más aeronaves por falta de mantenimiento. Ya de por sí la FAM tiene medalla de oro en desperdicio por perder en los dos últimos sexenios muchas aeronaves muy buenas que simplemente se abandonaron y dejaron de mantenerse, desde helicópteros Mi-8/17 y Bell, pasando por aviones como el Pilatus PC-9M, hasta transportes C-27J Spartan, así que ni imaginarse cómo le irá con menos recursos.

Si bien los excesos y despilfarros del anterior Gobierno en todos los aspectos aeronáuticos son tan obvios como indefendibles, no se pueden ignorar las grandes ventajas del uso de aeronaves para realizar con mayor efectividad las actividades de las fuerzas de seguridad y del propio Poder Ejecutivo; el reto es utilizarlas de tal forma que, como dice el dicho, "ni tanto que se queme al santo, ni tanto que no lo alumbre", y se debe procurar que el Poder Aéreo Nacional siga existiendo para verdaderamente servir al Pueblo, pero dirigido mediante una política congruente...

 

Saludos

 

Héctor Dávila

 

Editorial

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