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Con la opinión de Héctor Dávila

Parece que la comunidad aeronáutica mexicana ya está digiriendo la decisión de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional en Texcoco (NAIM), y aunque todavía hay quienes refunfuñan, la defensa del proyecto se ha ido adelgazando, como la marcha a su favor del pasado 11 de noviembre al corazón de la Ciudad de México, la cual se dice que fue muy escuálida para los estándares que se acostumbran ver por acá, con apenas por encima de las 5,500 personas, según la Secretaría de Seguridad Pública, y entre los participantes se vio poca gente de aviación, pues había más representación de otros grupos, como de incipientes movimientos opositores al nuevo Gobierno.

Por supuesto, el efecto de esta manifestación y de las muchas críticas contra la decisión ha sido nulo en el ánimo del tozudo Presidente Electo, y ya hasta los empresarios, primero escandalizados, ahora han ido doblando las manitas y de poco en poco, no sé si convencidos o resignados, están manifestando apoyo a sus proyectos. Bueno, incluso Andrés Manuel López Obrador anunció que ya hasta se formó un Consejo Asesor compuesto por notables empresarios para colaborar con él, entre los que figura Miguel Alemán Magnani, "big boss" de Interjet, quien recientemente declaró, para sorpresa de muchos en la industria, que Santa Lucía le parece viable, que lo de la cancelación del NAIM no le espanta y que "está algo exagerado lo que se armó con esta decisión".

Me queda claro que los empresarios ya se dieron cuenta que la resistencia será inútil y que lo mejor será adaptarse cuanto antes al estilo de López Obrador, porque finalmente lo prioritario es garantizar la viabilidad de las empresas, pues las cosas, con o sin NAIM, no van nada bien y hay pérdidas, debido a una larga lista de razones, las que ya llevaron a que Interjet, Aeroméxico y Aeromar pusieran en marcha medidas urgentes, incluyendo haber recortado (o se recortarán en breve) más de 700 puestos de trabajo entre las tres compañías, y eso es solo el comienzo, pues están poniendo sus barbas a remojar otras aerolíneas, como Volaris y TAR. Creo que la que está mejor (o digamos menos peor) es VivaAerobus, que es la única verdadera “low cost” mexicana.

Los Sindicatos y Colegios de pilotos, sobrecargos e ingenieros aeronáuticos, aunque se han manifestado una y otra vez contra la cancelación del NAIM con todos los argumentos conocidos, ya ni con una lata de espinacas recuperarán la fuerza que hace años los caracterizaba y han sido prácticamente incapaces de ayudar en algo a evitar los problemas que sufren las aerolíneas que dan empleo a sus afiliados, más allá de apenas renunciar a los aumentos salariales que pretendían. Así, con tan obvia falta de liderazgo en la industria aérea, me parece que la mayor esperanza de que se haga algo efectivo para evitar la desaceleración que se avecina, contener la crisis que seguirá atizando con el tema de la infraestructura aeroportuaria e incluso impulsar el desarrollo en los próximos años, recaerá principalmente en las personas que serán nombradas al frente de las instituciones oficiales encargadas de la aviación.

El equipo de transición para el Subsector Aéreo propuesto por López Obrador, cuyo jefe es el próximo Subsecretario de Transporte, el ingeniero Carlos Morán Moguel, ha estado muy activo en el proceso de tomar las riendas y la semana anterior pasaron revista en la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC), donde removieron el avispero haciendo firmar a todos los directivos sus renuncias, dejando entre ver que la cosa va en serio.
Este equipo lo integran Victor Hernández Sandoval y Rodrigo Vázquez Colmenares, quienes se perfilan para ocupar los puestos de Director General de la DGAC y de Aeropuertos respectivamente, aunque claro que "del plato a la boca se cae la sopa" y aún faltan un par de semanas para que queden las cosas claramente definidas.

Carlos Alfonso Morán Moguel, Ingeniero Mecánico Electricista, fue Director General de la DGAC, Director Técnico y de Operaciones en Aeroméxico, Director Comercial en Mexicana de Aviación y Director General de la empresa especializada en motores de aviación ITR-Turborreactores S.A., donde colaboró con quien será su jefe, el también ingeniero mecánico electricista Javier Jiménez Espriú, postulado como sabemos para estar al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).  Jiménez Espriú, además de haber sido Presidente del Consejo de Administración de ITR-Turborreactores S.A., fue Director General de la Compañía Mexicana de Aviación, miembro del Consejo de Administración de Aeroméxico y de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, fundador del Instituto Mexicano del Transporte, Gerente General de la Compañía Mexicana de Helicópteros y Equipos Aéreos Helaero S.A. y fundador de Helicópteros Aérospatiale de México (que luego se convirtió en Eurocopter de México, hoy Airbus Helicopters).

Víctor Hernández Sandoval es un Controlador de Transito Aéreo profesional, que colaboró por muchos años en los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM) y en su antecesora Radio Aeronáutica Mexicana S.A. (RAMSA), quien después destacó como colaborador de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), donde obtuvo la experiencia que creo que será su punto fuerte, pues participó en revisiones hechas al gobierno de México por parte de esa institución internacional. Es también un reconocido especialista en Gestión del Espacio Aéreo, con amplia experiencia en Seguridad Operacional, Búsqueda y Salvamento y como docente.

Rodrigo Vázquez Colmenares es un Economista que ha hecho su carrera principalmente en líneas aéreas, ocupando cargos gerenciales y directivos en Mexicana de Aviación, TAESA, AVOLAR y más recientemente al frente de Transportes Aéreos Regionales (TAR), por lo que su experiencia se basa en aspectos comerciales y operativos de empresas aéreas, siendo su punto fuerte el ser alguien que ha estado "de este lado de la mesa", por lo que ha padecido lo que es lidiar con las autoridades aeronáuticas y aeroportuarias, con su consabida burocracia, ineficiencia y corrupción.

Estos caballeros, junto con el equipo de colaboradores que ensamblen a su alrededor, tendrán en sus manos un gran reto, el de hacer sentir entre la familia aeronáutica mexicana el cambio que tanto nos ha prometido el nuevo Presidente, y menudo reto es ese... Y claro, en esto está implícito cumplir con la promesa de campaña estelar de don Manuel López Obrador, de acabar con la corrupción.

Particularmente en la DGAC es donde hay más por hacer, primero seleccionar a los buenos elementos, que sin duda los hay, y luego erradicar las mañas y corruptelas que tanto daño han hecho por décadas a la aviación. Los temas son muy variados, hay cosas como los procesos de certificación de capacidades para los pilotos, que requieren modificarse y modernizarse urgentemente, que como están sólo favorecen la existencia de centros de capacitación "patito" que necesariamente tienen que intermediar para que los pilotos que toman capacidades en el extranjero puedan volar aquí, pero que no cuentan ni con los instructores ni los simuladores y mucho menos con los aviones necesarios, pero eso si, expiden las capacidades que se les da la gana, y claro, son grandes impulsores de la existencia de pilotos con capacidades "chuecas". Ya he mencionado muchas veces lo terrible que resulta que prácticamente no hay un solo accidente de avión ejecutivo, comercial o helicóptero mexicano en los últimos 10 años en los que no hayan salido a la luz anomalías con las capacidades de los pilotos.

Y justo en el tema de accidentes, seguimos con la necesidad urgente de que sean investigados por una entidad independiente, lo que además es imprescindible para tener el Programa de Seguridad del Estado (State Safety Program SSP) que recomienda la OACI y que es el núcleo para contar con una autoridad aeronáutica moderna, capaz de garantizar niveles óptimos de seguridad aérea.

También debe revisarse el marco legal, pues me parece que la Ley de Aviación Civil mexicana con sus raquíticos 99 artículos es la verdad muy deficiente, hay países de Centro y Sudamérica que poseen una mejor y eso que en general tienen muchas menos aeronaves. Son más de un millar los asuntos aeronáuticos que deben ser debidamente regulados, y muy especialmente se necesitan superar las limitaciones que tienen las autoridades justamente para eso, para ejercer su autoridad, pues en muchos aspectos la Ley es muy blanda en cuanto a sanciones. Por ejemplo en Estados Unidos pilotar un avión sin la capacidad o licencia correspondiente, o dejar hacerlo a alguien no autorizado, se castiga con cárcel, mientras que en México es una falta acreedora solamente a una multa, lo que en gran medida contribuye a que los pilotos corruptos no teman en hacer chanchullos para volar sin las debidas certificaciones o a que técnicos sin escrúpulos falsifiquen bitácoras de mantenimiento.

Creo, sin ser malinchistas, que quizá el camino fácil sería copiar y "tropicalizar" las regulaciones aeronáuticas norteamericanas, lo que varios países han hecho con éxito, además que nuestra aviación se parece y convive más con la de Estados Unidos, y con esto se acabarían las constantes quejas de pilotos y operadores de ambos países por las discrepancias que hay, particularmente en temas técnicos que se tienen que cumplir en plazos determinados, como la implementación de los sistemas ADS-B y de grabadoras de datos de vuelo FDR para la aviación general. Además sería muy bueno homologar todos los tipos de licencias y los requerimientos necesarios para cada una.

Por supuesto, ya sé que me quedo corto, pues son muchos más los problemas que hay que resolver en la aviación mexicana de los que puedo en este espacio exponer y cada quien tendrá "sus favoritos", pero es obvio que van mucho más allá del tema aeroportuario que se ha estado robando todos los reflectores, y aunque hay preocupación en la comunidad de aviación general porque su nicho pudiera ser visto con displicencia por el próximo Gobierno como un lujo de "fifís", tengo la confianza de que todos los que conforman el equipo de Andrés Manuel López Obrador en esta materia, independientemente de la clara línea (o convicción) que tienen con respecto al asunto Santa Lucía-NAIM, son personas que han trabajado en la industria aérea por muchos años y saben que la aviación general, mucho más allá de servir a una élite, es la base de toda la aviación y una fuente de empleo digno para miles de mexicanos altamente calificados, por lo que no podemos perder la esperanza de ser oídos y atendidos, esperanza que se afianza en el hecho inédito de que los que vienen, desde el Secretario, pasando por el Subsecretario y hasta los Directores Generales, son de los nuestros, pues han sido parte de la gran familia aeronáutica mexicana, y eso algo tiene que tener de bueno...


Saludos


Héctor Dávila.

 

Foto: ASA

Ixtepec

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