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Con la opinión de Héctor Dávila

Los vientos de cambio se sienten ya muy fuertes e innegables, casi tormentosos. La execrable consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), y sobre todo su resultado, que impulsó a nuestro nuevo Presidente a fortalecer su decisión de cancelarlo, sacudió hasta sus cimientos a toda la aviación comercial.

Aún con los apapachos que Andrés Manuel López Obrador ha dado con desgano a algunos de los contratistas del NAIM, de los que al menos un par ya se manifestaron un poco más relajados, las cosas siguen en general como “agua pa chocolate”, con todo y qué Jiménez Espriú declaró, buscando apaciguar los ánimos, que: "No hay por qué alarmarse, estamos hablando de que vamos a construir un aeropuerto en el sitio donde (ya) hay un aeropuerto".

Pero la industria no se serenó mucho que digamos, y menos al saber que pusieron a un ingeniero agrónomo, si, leyó bien, agrónomo, al frente del desarrollo de Santa Lucía. ¿Y así quieren que tengamos confianza? Yo siempre me he manifestado en contra de nombrar a cargo de asuntos aeronáuticos a gente no especializada, además que este agrónomo es Sergio Rubén Samaniego, mancuerna del ingeniero Rioboó en el desarrollo de la idea del binomio Aeropuerto de la Ciudad de México - Santa Lucía como alternativa al NAIM, lo que hace dudar de la promesa de López Obrador de que Rioboó no estaría involucrado en el desarrollo del proyecto. Sin embargo, este ejercicio de llevarse entre las patas al NAIM para dejar en claro lo que el Presidente Electo definió como la nueva división del poder político del económico, seguirá siendo el tema de los titulares por un buen rato, y ya el tiempo dirá si esta decisión será o no recordada como ya se le dice en algunos medios: "el Error de Octubre"...

Pero de momento las cosas no parecen tener pies ni cabeza, las descalificaciones continúan intercambiándose como fuego de artillería en medio de una guerra total, mientras el futuro del núcleo central de la infraestructura aeroportuaria mexicana se tambalea, situación que hace muy difícil encontrar si hay alguna organización o empresa dentro de nuestra industria aérea que pudiera beneficiarse verdaderamente con la trascendental decisión que se tomó sobre el NAIM, pero efectivamente, dentro de todo, existe un rayo de luz prometedora, el que ilumina al Aeropuerto Internacional de Toluca (AIT).

Las buenas noticias son que el gobierno federal ha anunciado más de dos mil millones de pesos de inversión para el AIT, y aunque está arropado en territorio priista ya lo mencionan abiertamente como parte fundamental del eje AICM-Santa Lucia-Toluca con el que se pretende sustituir al megaproyecto del NAIM, lo que denota su importancia estratégica para que funcione ese plan, y yo creo que Toluca servirá mucho más incluso de lo que pudiera funcionar construir una terminal en la mentada Base Militar.

El aeropuerto de la capital del Estado de México, cuyo nombre oficial es "Lic. Adolfo López Mateos", sin duda se beneficiará mucho con esta compleja situación y recibirá importantísimas inversiones para potenciar sus capacidades y mejorar la infraestructura para acceder a él, lo que de rebote también traerá beneficios a la aviación ejecutiva, que tiene ahí su principal bastión.

El AIT cuenta además con una gran ventaja, quizá como ningún otro aeropuerto del país, al tener el Director con más experiencia en el ramo, el Lic. Alexandro Argudin LeRoy, de dilatada carrera en el mundo aeroportuario, quien entre otras cosas fue, por varios años, Director General nada menos que del mismísimo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), por lo que cuenta con el "expertise" necesario para contribuir en mucho al éxito de esta nueva y prometedora etapa para Toluca. De hecho desde antes de la decisión de cancelar el NAIM Argudin ya había logrado reactivar las actividades de aerolíneas en su aeropuerto, con la inauguración de sendos vuelos de Viva Aerobus, los cuales fueron muy bien recibidos en la terminal mexiquense, que por fin vuelve a la vida. No por nada los colaboradores del AIT están contentos con el regreso de Argudin, que además de que lo califican de enérgico y exigente, lo consideran un funcionario eficaz, diametralmente opuesto a los últimos dos Directores del aeropuerto, los cuales prácticamente lo hundieron con su ineptitud.

Claro que el aeropuerto de Toluca no es perfecto y tiene sus fallas, hay muchas quejas de que es uno de los más caros del mundo para operar un hangar de aviación ejecutiva o privada, pero eso no es culpa de la administración del aeropuerto, sino de una añeja concesión que además limita en enorme medida al AIT para dar servicios de aviación general, orientando su actividad principalmente hacia las aerolíneas. Pero con todo y esas limitaciones legales, Toluca funciona bien y sus instalaciones de aviación general son de primer mundo y la actividad de la aviación corporativa ahí es muy sana, vital y efervescente, al grado que a nivel mundial despierta asombro y admiración. Es, en todos los aspectos y sin lugar a dudas, la capital de la aviación ejecutiva de América Latina.

Las oportunidades de crecimiento están garantizadas con amplias reservas territoriales, y quizá hasta pudiéramos llegar muy pronto a ver construida una nueva pista paralela a la existente. Por supuesto su elevación de 2,580 m (8,446 pies) siempre será un reto para la operación a plena capacidad de cualquier tipo de aeronave y frecuentemente las condiciones meteorológicas le son poco clementes, pero por otro lado el aeropuerto de Toluca también es el más equipado del país para operaciones extremas, contando con una pista de 4,200 metros de longitud y es el primero en México certificado para aproximaciones y aterrizajes ILS CAT II/IIIA.

El camino, aunque prometedor, no es precisamente cuesta abajo y tendrá su "chiste" hacer crecer diez veces el flujo de pasajeros del AIT para llegar a lo que se estima es su capacidad máxima de 8 millones de pasajeros anuales, lo que requerirá del diseño de políticas de estímulos muy sólidas para las aerolíneas y el rápido desarrollo de la infraestructura de comunicación que facilite a los pasajeros el traslado desde y hacia el Valle de México, como la construcción de un distribuidor vial desde la autopista México-Toluca y que ya prometió el gobernador Alfredo del Mazo.

Así pues, en la coyuntura actual y ante los acontecimientos que hemos visto desenvolverse con respecto al futuro de la infraestructura aeronáutica mexicana, encabezados por la decisión histórica (para bien o para mal) de cancelar la construcción de un gran y centralizado aeropuerto-hub para la ciudad más grande del mundo, me parece que no hay duda que Toluca será el destino principal del desahogo de la problemática de la saturación del AICM, además de la opción más segura, confiable, económica y disponible.

Y dentro de este marco también en Toluca, cumpliendo con los compromisos que se hicieron entre las autoridades estatales y la comunidad de negocios de la aviación, junto con los miembros del Consejo de Aero Eventos Mexicanos, se restableció esa ciudad como sede permanente de la Exposición y Convención Internacional de Aviación AeroExpo, el evento más estrechamente relacionado con la aviación privada y ejecutiva de Latinoamérica y que en su próxima edición se realizará del 20 al 22 de febrero del 2019, aprovechando la hospitalidad del Gobierno del Estado de México, con su nuevo y funcional Centro de Convenciones, situado convenientemente frente al aeropuerto.

AeroExpo, presidida actualmente por el Lic Alfredo Velázquez Maciel, no podía tener mejor escenario que el que será uno de los ejes de mayor desarrollo de la aviación mexicana, donde la aviación civil corporativa y de negocios tiene su nido y el único lugar de México donde realmente conviven todos los tipos de actividades aeronáuticas.

Como corolario dejo la reflexión de que en esta nueva era del país se vislumbra que la promoción de la industria aeronáutica será, más que nunca, un asunto que recaerá principalmente en manos de la iniciativa privada, pues el Gobierno entrante ha decidido manejarse en un esquema de austeridad que no es muy compatible con el uso de aeronaves para el servicio oficial, proponiéndose la casi total disminución de la flota aérea federal, lo que quizá sea para bien ya que en ese rubro han habido excesos, aunque signifique también una disminución de las oportunidades de ventas para algunas empresas aeronáuticas.

Pero afortunadamente la vigorosa aviación privada, ejecutiva y comercial mexicana es mucho más frondosa y dinámica de lo que haya sido la aviación gubernamental aún en sus mejores tiempos, y representa infinitas oportunidades para todo tipo de compañías, desde talleres hasta centros de capacitación, desde fabricantes de aeronaves hasta distribuidores de partes.

En otros lados para tratar de verse atractivos podrán echar muchos cuentos, dar falsas promesas de acceso a contratos y hasta hacer "manita de puerco" a los proveedores, pero nadie podrá negar que el lugar con el mayor potencial de negocios y contactos de alto nivel, con la más variada población de profesionales y flota de la aviación en México es, y seguirá siendo, nuestro querido Aeropuerto Internacional de Toluca.


Saludos

Héctor Dávila.

 

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