3670

Con la opinión de Héctor Dávila

La escandalosa polémica la desató el Presidente Electo, quien declaró que sabía que en represalia por brindarle información a su equipo de trabajo sobre la Base Aérea de Santa Lucía habían despedido a un General de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), por lo que investigaría el caso y, de ser cierto, lo reinstalaría en su cargo.  En todos los medios se dijo que seguramente se trataba nada más ni nada menos que del mismísimo Comandante de la FAM, el general de división Miguel Enrique Vallín Osuna, al que habrían removido del puesto el pasado 15 de septiembre, el cual ocupaba desde hace apenas nueve meses.

Aunque Jesús Ramírez, vocero de López Obrador, aclaró en entrevista por televisión que "parecía" que realmente el General no había sido despedido por dar la citada información y que ha circulado la versión extraoficial por parte de "fuentes castrenses" de que Vallín simplemente pasó a retiro por límite de edad, todo apunta a que algo "grueso" está detrás del intempestivo relevo del Comandante.

Y es que así como resulta inverosímil que el Comandante de la FAM hubiera atendido y dado información al equipo aeronáutico del nuevo gobierno sin la autorización del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), también la forma en que dejó el mando es muy inusual, pues no hubo ceremonia de despedida y cambio de mando, ni comunicado de prensa oficial, además que se dice que le hicieron el grave desdén de ya no dejarle participar en el desfile militar del 16 de septiembre, lo que hace suponer que realmente existe un conflicto detrás de este asunto. (Nota importante: después de publicada esta editorial, más de un mes después de ser removido del cargo, una semana posterior a que AMLO denunciara que se le despidió por filtrar información, al General Vallín se le hizo una ceremonia de retiro en el Colegio del Aire).

La versión que más circuló en medios y entre especialistas sobre el relevo del general Vallín era que se debía al enorme fracaso dentro de la FAM en abatir el alto índice de accidentes que sufre y por el incumplimiento de sus principales proyectos de tecnología y defensa aérea. Sin embargo, en honor a la verdad, estas reales y muy graves fallas dentro de la institución no creo que sean responsabilidad directa de Vallín Osuna, pues este deterioro lo heredó de sus predecesores y son producto del mal manejo de esos aspectos durante todo el sexenio e incluso desde el anterior, y difícilmente en menos de un año y ya prácticamente sin presupuesto se podrían haber revertido las cosas en la aviación militar de manera tangible.

Sobre la seguridad operativa de la FAM ya he hablado mucho en editoriales anteriores, sus índices de accidentes son escandalosos y para mala suerte del General, apenas a un par de meses de que tomara el mando se dio el peor de los peores accidentes, cuando un helicóptero Black Hawk, con el Secretario de Gobernación a bordo, le cayó encima a un grupo de civiles en Oaxaca, causando la muerte a 13 de ellos. Los accidentes no cesaron y esto llevó al Secretario Cienfuegos a ordenar suspender los vuelos acrobáticos y el espectáculo aéreo.

Dejar de volar no es la forma de evitar los accidentes, eso solamente baja la moral de los pilotos, aunque sí es importante que no se ponga en riesgo a la gente mientras no se resuelvan los problemas de fondo que causan los percances, pero de cualquier modo ¿por qué castigar al General que agarró al último el problema y no a los demás involucrados?

En cuanto a los planes incumplidos, estos tienen aún más trasfondo y alcanzan a muchos más mandos de la SEDENA como para responsabilizar solamente al que se puso al frente de la FAM en los últimos meses. El fracaso del sistema de vigilancia aérea que se prometió lograría para este año una cobertura radar de más del 70% del territorio nacional y el cual no tuvo ningún avance en todo el sexenio, lo atribuyen simplemente a insuficiencias presupuestarias, pero en cambio sí pudieron gastarse más de 500 millones de dólares en un exceso de aviones entrenadores de los que realmente no se necesitan ni la mitad, y otros 160 millones en unos aviones de transporte (C-27J) que en menos de seis años la mayoría ya no vuelan por falta de mantenimiento, además de la compra de muchos otros aviones y helicópteros ejecutivos de lujo francamente innecesarios, así que no cumplir la misión primordial de proteger y vigilar el espacio aéreo por falta de dinero es inexcusable y solamente evidencia graves fallas en la planeación y en cómo se priorizaron las metas de Defensa en el sexenio.

Otro escándalo relacionado con el supuesto despido del Comandante es el del incumplimiento del Proyecto Azteca-1, consistente en el desarrollo de un avión ligero de entrenamiento, que según parece molestó mucho al Secretario de Defensa pues él mismo declaró que para el desfile pasado volaría el primero, lo que resultó un chasco que lo hizo quedar mal públicamente. Ese proyecto se presumió con bombos y platillos a principios de la Administración y se prometió y publicó en muchos medios que para este año estarían volando tres prototipos y que para el próximo la Industria Militar iniciaría la producción en serie, para así en el 2020 tener ya fabricados nada menos que 35 ejemplares, lo que quedó en puros sueños guajiros, pues realmente no se hizo nada más allá de una maqueta de madera basada en el proyecto civil de una empresa de Querétaro.

Pero yendo más a fondo, creo que la Fuerza Aérea no debe construir aviones, esa no es su función y casi ninguna del mundo lo hace; las fuerzas aéreas participan en el desarrollo de tecnología aeronáutica estableciendo requerimientos y colaborando en experimentación, pero el concepto de una fábrica de aviones administrada por militares, salvo alguna muy honrosa excepción, está totalmente obsoleto e inoperante en el sigo XXI. El gobierno debe apoyar e impulsar el desarrollo de la industria aeroespacial, si, pero la Fuerza Aérea debe dedicarse a lo suyo, que es garantizar la defensa exterior y contribuir a la seguridad interior, especialmente cuando en estos rubros hay tanto por hacer. En el caso de México esto ha quedado muy claro con el descalabro del proyecto Azteca-1, pero volviendo al tema principal de mi nota, éste error no creo que haya sido culpa del general Enrique Vallín.

No conozco más que de vista al general de división PA DEMA Mario Enrique Vallín Osuna, pero tengo referencias de que es un hombre que se ha preocupado genuinamente por el bienestar de los miembros de la FAM y que ha defendido con energía los derechos de sus subalternos, incluso se dice que hasta aportó de su bolsillo para apoyar la defensa legal de los pilotos involucrados en el fatídico accidente de Oaxaca. La duda persiste: ¿por qué su cese? Nadie se cree lo del retiro por cumplir la semana pasada 65 años de edad, pues hay militares en activo de mayor edad, incluyendo al Secretario de la Defensa Nacional, además que se fue casi un mes antes y como ya mencionamos, en circunstancias muy raras.

Claro, el tema de la seguridad está y sigue candente, especialmente porque durante los ensayos de la parada aérea del 16 de septiembre (y en el propio desfile) se detectaron fallas en el control de civiles subiéndose a volar en las aeronaves, varios haciéndose pasar por periodistas.
La blandura con la que se otorgan las acreditaciones de prensa para volar a gente que en realidad son simplemente aficionados y no periodistas profesionales causó molestias entre algunos mandos de la SEDENA, por las graves implicaciones que esto puede llegar a tener en aspectos de seguridad, lo que coincidió justamente con el momento en que Vallín Osuna fue relevado del mando: en el medio fluye el rumor de que el General tuvo en esos mismos días una fuerte discusión con el Subsecretario de Defensa, por éste y otros temas, lo que pudo conducir directamente a su retiro.

Cualquiera que sean las verdaderas razones del cambio de mando, la mención del asunto hecha por Andrés Manuel López Obrador hace pensar que tiene simpatía y quizá hasta cercanía con oficiales de la FAM, y como lo he dicho en otras ocasiones, puede ser la gran oportunidad para que se busque concientizar al político para impulsar la independencia de la institución, que creo que es el principal origen de sus problemas.

No es secreto que el Ejército controla a la FAM y si bien supuestamente no le deja ni decir "esta boca es mía", como en el caso de los accidentes, especialmente el de Oaxaca, donde considero que el Comandante y otros miembros de la FAM debieron salir ante la opinión pública a dar explicaciones técnicas así como a ofrecer disculpas, también es cierto que para otras cosas algunos mandos sí han tenido la iniciativa de mostrarse muy activos públicamente, como promoviendo negocios y pidiendo el patrocinio para sus ferias, por lo que sinceramente creo que deberían dedicar algo del entusiasmo que ponen en esos asuntos mercantiles y promocionales para apoyar mejor a la institución y más importante, hacer que realmente supere las deficiencias operativas, estructurales y de seguridad que tanto le están afectando.

El momento es histórico, la oportunidad existe y quizá pueda estar en manos de los mandos retirados tomar la iniciativa de señalar la importancia, en todos los aspectos, de la conveniencia de que la Aviación sea una fuerza autónoma al mismo nivel que el Ejército y la Marina. Para ahondar más sobre los temas que he expuesto recomiendo algunas otras de mis editoriales, como aquí: "Tres Tristes Tigres y demasiados Tejanos", así como ésta aquí: "¡Viva la Independencia! ¿De la Fuerza Aérea?"

El sexenio que está agonizando será tristemente recordado como uno donde el cáncer de la corrupción se extendió como metástasis a todas las esferas del gobierno y la SEDENA no se escapa del diagnóstico. El periodista René Delgado se refirió recientemente al problema de la corrupción en una aguda opinión periodística publicada en Reforma de la que me permito compartir un fragmento contundente, que me parece resume mucho de lo que en estos seis años ha pasado en materia de aviación militar (y civil): "...uno de los muchos tropiezos de la administración se constituyó en su símbolo: desprecio por la gente y la vida ajena, obra sin proyecto, modernización con propina, sobrecostos increíbles, sanciones sin castigo, recontratación de las empresas constructoras y, desde luego, permanencia en el puesto y cobijo del funcionario irresponsable..."

Con semejante karma a cuestas rescatar a la Fuerza Aérea Mexicana parece que será una tarea descomunal, y aunque la inmensa mayoría de los que la integran son gente capaz y honorable, entre ellos muchísimos Mayores, Coroneles y Generales, el reto será casi imposible de superar si no hay un cambio drástico en la estructura militar de este país, uno en que la aviación sea tomada con el respeto y seriedad que merece, pues ya no hay duda alguna en la premisa táctica y estratégica de que "quién tenga el control del cielo, tendrá el control del suelo".

 

Saludos

 

Héctor Dávila

 

Azteca1X

 

Azteca2

Archivo de Comentarios Editoriales