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Con la opinión de Héctor Dávila

La aviación mexicana está en un punto de inflexión en el que la presión de múltiples factores, si no se actúa con prontitud, pueden desencadenar una de sus peores crisis, con el riesgo a la puerta de que gran parte de lo construido por nuestra industria aérea se desmorone. Y ante tal peligro creo que solamente un gremio tiene el poder de evitar la catástrofe: el de los pilotos aviadores.

La industria aérea mexicana es actualmente como una gran torre de "Jenga" a la que ya le han quitado gran parte de sus vigas y que se sostiene en un delicadísimo equilibrio, en la que el retiro de la siguiente pieza podría ser catastrófico. La crisis de seguridad aérea que el gobierno niega que existe, la normatividad obsoleta, la enorme corrupción de las autoridades y su aún más grande incompetencia, los errores de cálculo de los empresarios ante el crecimiento desordenado del transporte aéreo, la cerrazón de algunas asociaciones y sindicatos y, tal vez lo peor, la apatía y falta de unión entre los pilotos ante la situación, son los ingredientes para la tormenta perfecta.

Quizá el mayor responsable del problema es la Secretaria de Comunicaciones y Transportes, pues la actual administración desde que tomó las riendas del sector sabía perfectamente que había que tomar medidas apremiantes para mantener a México competitivo en el escenario de la aviación mundial, teniendo claro el camino: ordenar el crecimiento, modernizar la autoridad aeronáutica y erradicar la corrupción. La tenían facilito, sobre todo porque nuestros "vecinos del norte" ya habían concluido muchas de sus reformas y pavimentado el camino, solamente había que copiar tantito...

Pero no se hizo casi nada, se les fue como agua el sexenio y no cumplieron con la urgente creación de la Agencia Federal de Aviación Civil que prometieron, ni con la entidad independiente investigadora de accidentes, ni modernizaron el marco legal, ni mucho menos disminuyeron la grotesca corrupción enquistada en la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC). Cínicamente se aprovecharon del éxito de la aviación comercial, presumiendo hasta a nivel presidencial la paternidad de su espectacular crecimiento (60% durante el sexenio), pero ese crecimiento en realidad ha sido orgánico y desordenado y en todo caso gracias a las inversiones de los empresarios, pero parece que el gobierno solo ha puesto obstáculos, con trámites excesivos, sin resolver los problemas de saturación desperdiciando el sistema metropolitano de aeropuertos y, lo que es peor, sin implementar medidas que garanticen plenamente la seguridad aérea.

Solamente preocupó el jugoso negocio del nuevo aeropuerto (NAIM), el cual ni siquiera va en tiempo y forma ni tampoco han podido defenderlo bien ante la amenaza del próximo gobierno de cancelarlo. Los responsables parece que ni se inmutan: tenemos una Subsecretaria de Transportes que declara que la seguridad aérea es su prioridad pero del tema parece no saber ni hacer nada, apoyada por un Director de Aeronáutica también neófito en la materia, que se atreve a presentar los avances del peor accidente aéreo en el país en muchos años minimizando los factores contribuyentes, empañado por un obvio conflicto de intereses, dejando participar a empleados de la empresa accidentada. Creo que están a punto de pasar a la historia entre los funcionarios que han ocupado esos cargos con los peores resultados en seguridad aérea...

Son justamente las secuelas del accidente de Aeroméxico Connect claras evidencias de los síntomas de la descomposición del sistema. En aviación los accidentes son siempre multifactoriales y descartar los factores contribuyentes es muy sesgado e irresponsable. Hay muchos antecedentes que podemos tomar como referencia, por ejemplo el caso del Learjet 31 matrícula XA-USD, que se accidentó en el 2013 tras despegar de Fort Lauderdale en Florida y donde murieron 4 personas. Ese accidente, aunque el avión era mexicano, por caer en territorio estadounidense, investigarlo fue responsabilidad del National Trasportation Safety Board, y cuyo dictamen arrojó que la causa probable del accidente fue la pérdida de control debida una falla mecánica que ocasionó el despliegue de la reversa de un motor en vuelo. Para variar se detectó que el copiloto no contaba con la certificación y cursos correspondientes para ese tipo de avión. Si bien la causa probable y directa del accidente fue la pérdida de control por la falla de la reversa, de la cual los pilotos sin duda no eran culpables (como los de Aeroméxico Connect no tienen culpa de la tormenta) en el dictamen se consideró como "factor contribuyente" el que el primer oficial no estuviera debidamente certificado, pues no se tenía manera de garantizar que pudiera realizar correctamente los procedimientos para ayudar al capitán en caso de emergencia. Este tipo de antecedentes podrían ser a la aviación lo que la jurisprudencia es a los temas legales, y demuestra lo incorrecto que es querer minimizar las graves faltas que los pilotos cometieron desde antes de iniciar el vuelo y/o su falta de certificación. El asunto es muy delicado, pero insisto, no podemos mejorar la seguridad aérea si nuestro marco legal es obsoleto y las autoridades actúan con parcialidad. En Estados Unidos los pilotos del vuelo de Durango estarían en la cárcel, pues volar sin la certificación correspondiente o permitir que una persona no autorizada tome los controles de un avión son delitos que se penan hasta con 5 años de prisión, mientras aquí se les esconde y hasta protege. De paso no olvidemos el trágico caso de Global Air, que causó la muerte a más de un centenar de personas y que es un ejemplo del tipo de empresa que la DGAC deja funcionar y, como diría Maussan, nadie hace nada..

En este contexto tanto Aeroméxico como la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) parece que se han perdido en el camino, evidenciando aún más la crisis de la que hablo, que denota falta de unión, falta de liderazgo, baja de la moral y de "espíritu de cuerpo" dentro de las organizaciones y empresas.

Es entendible que ASPA casi de forma robótica defienda punto y coma del Contrato Colectivo y emplace a huelga a la empresa por la decisión unilateral de restringir el uso del ya célebre "jump seat" como prestación de los pilotos (llamada Tripulante Viajando en Cabina o TVC), así como defender el debido proceso en el despido de los súper irresponsables pilotos del accidente de Durango, pues esas son las funciones principales de un sindicato. Como es entendible también que la empresa busque acciones dentro de su visión que puedan disminuir los problemas de seguridad operacional que padece, porque siendo francos, han sido muchas las violaciones del protocolo de cabina estéril por causa de TVC y otros problemas de seguridad ocasionados por pilotos en la aerolínea. Pero ¿quién se pone del lado de los pasajeros?

Hace algunos años un copiloto de la línea aérea japonesa ANA cometió un error (un error, no una irresponsabilidad) que casi causa un accidente. Los más altos directivos de la empresa junto con los representantes de los pilotos hicieron una conferencia de prensa para pedir una disculpa pública, inclinándose humildemente, por el error de solo uno de los empleados de la aerolínea; no por casualidad ANA está considerada entre las dos mejores aerolíneas del mundo. En cambio Aeroméxico y ASPA solo han hecho comunicados internos o de prensa para culparse una a la otra, olvidándose de a quién se deben y dejando a los pasajeros esperando a ver a qué hora dan la cara de manera conjunta con una explicación pública que les de la tranquilidad de que realmente la seguridad es primero.

Sin embargo no creo que las "fuercitas" entre ASPA y Aeroméxico lleguen al extremo de una huelga, sería algo que a nadie conviene, pero tal tensión, que aparenta a ratos salirse de control, es otro síntoma de la compleja crisis por la que atraviesa la industria aérea mexicana...

Dicha crisis se está dejando notar en otras empresas, en Aeromar las cosas van de mal en peor y sus pilotos tuvieron que renunciar cabizbajos al aumento salarial que pretendían, en un intento desesperado por alargarle la vida a la empresa, pero con todo les fue mejor que a sus colegas de Interjet, que fueron puestos "de patitas en la calle" en medio de despidos masivos atribuidos al fracaso del avión ruso SuperJet 100, que de "Súper" demostró no tener nada. Aunque la empresa afirma que sus finanzas van bien y que recontratará al personal una vez que supla los cacharros rusos por Airbus, lo que tardaría no menos de tres años, éste y otros casos muestran la vulnerabilidad de la industria aérea, que ante una cosa que salga mal se puede desmoronar estrepitosamente, como dije antes, igual que un torre de "Jenga".

Muchos pilotos de mi edad le han dicho con sarcasmo al centenar de pilotos que se quedaron sin chamba "bienvenidos a la aviación", pues se trata de una generación que da la impresión de que todo se les ha dado muy fácil (y quizá de ahí provengan tantos problemas de inmadurez entre las tripulaciones), ya que por otro lado prácticamente no hay uno de mi generación que no haya vivido como "normal" el ser víctima de los recortes y de la quiebra de las empresas, pues nos tocó ver la muerte de Aerocalifornia, Aviacsa, SARO, Allegro, Quasar, Estrellas del Aire, Azteca, TAESA, Mexicana y Aeroméxico (Aeronaves de México, que quebró en 1988 y de cuyas cenizas salió la actual Aerovías de Mexico) y muchas otras más, incluyendo la desaparición de los Servicios Aéreos de PEMEX y el adelgazamiento de fuentes muy importantes de empleo como los Servicios Aéreos de la PGR y otra dependencias de gobierno.

La nueva generación de pilotos de menos de 35 años de edad prácticamente no conoció esto, gracias al increíble crecimiento del trasporte aéreo del que hemos sido testigos en la última década, pero no tiene por qué despeñarse este crecimiento y volverse a poner la profesión de piloto como una de escasas oportunidades de empleo, como nos recitaban una y otra vez a los que nos hicimos aviadores hace 30 años o más. La aviación que tenemos hoy cuenta con bases más sólidas gracias a los inversionistas que han creído en ella, permitiendo el desarrollo de la flota más joven, numerosa y moderna que hemos tenido.

En un escenario así, el gremio de los pilotos aviadores debe asumir una responsabilidad más clara y fuerte, los pilotos son los que en esencia palpitan con la vocación de volar y hacer de las nubes caminos y puentes, son ellos los que deben poner cara a los corruptos y denunciar las licencias falsas y los mantenimientos truculentos, erigiendo la seguridad aérea como una fortaleza inexpugnable, dejando fuera a los laxos, a los mediocres y a los oportunistas, elevando el prestigio de la profesión de piloto a alturas mayores que a las que pueda llegar la aeronave más potente.

Hay que reconocer que ASPA y el Colegio de Pilotos a Aviadores de México hacen muchas cosas, pero les hace falta hacer más, necesitan más apoyo, pero no de los que buscan su cobijo para tapar sus errores e incompetencia, si no de los que quieren de corazón que nuestra aviación sea la mejor, la más segura y la más bella.

Y ASPA y el Colegio no son las únicas opciones, cualquier trinchera es buena para defender el mismo cielo, sin confundirnos, pues las empresas y los empresarios no son el enemigo, en cambio son la corrupción de las autoridades y la omisión del gobierno de entender el lugar que realmente merece nuestra industria lo que hay que destruir como se aplasta una alimaña.

Hay mucho trabajo por hacer: defender la conclusión de proyectos necesarios para el desarrollo de la aviación, como el NAIM; elevar el nivel académico de los pilotos, pues en el siglo 21 me parece inaceptable que un piloto sea visto tan solo como un técnico apenas con "prepa" terminada (técnico superior universitario, como le llaman los conformistas); buscar modernizar nuestro marco legal (nomás comparen nuestra pobre Ley de Aviación Civil y sus 92 raquíticos artículos contra los numerosos incisos de los "Parts" de las Federal Aviation Regulations de Estados Unidos) y garantizar a los pasajeros, a quienes en esta industria todos nos debemos, que volar en México sea la experiencia más segura y agradable del mundo, tenemos todo para lograrlo.

Que me disculpen mecánicos, técnicos, ingenieros, despachadores y controladores de vuelo, no desconozco que su labor es imprescindible para que la aviación funcione tanto o más que la de los pilotos (incluso ya hay aviones sin piloto muy confiables), pero ante la opinión pública el piloto es la figura emblemática del profesional de la aviación, de alguna forma representa a todos los que integran la gran familia aeronáutica y por eso los exhorto a asumir el papel que eso implica. Hacen mucha falta verdaderos líderes en la aviación mexicana, estoy seguro que con la enorme cantidad de "sangre nueva" que el crecimiento de los últimos años ha traído a las cabinas de pilotos hay de sobra candidatos, pero solo unidos se podrá evitar que se les corten las alas...


Saludos

Héctor Dávila.

 

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