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Con la opinión de Héctor Dávila

La confirmación de anomalías en la actuación de los pilotos del vuelo 2431 de Aeromexico Connect, que se accidentó al intentar despegar del aeropuerto de Durango bajo la furia de una tormenta, detonó una escandalosa bomba cuya onda expansiva ha alcanzado proporciones internacionales, tanto que merece un mayor análisis el papel que cada quien está representado en esta tragedia de interés público y las implicaciones que ya existen para los Pilotos, su Gremio, la Empresa, los Pasajeros y las Autoridades:

Los pilotos. No cabe la menor duda que cometieron una falta inadmisible, más allá de que un piloto viajara en la cabina en el lugar conocido como "jump seat" en calidad de pasajero, lo que es práctica habitual, el que el capitán le permitiera tomar los controles para efectuar el despegue (y que el primer oficial le cediera su lugar) es una acción indefendible que se puede calificar desde irresponsable hasta criminal. Los tres cometieron esta falta a sabiendas que era ilegal, porque el "tercer piloto" en cuestión aún no contaba con la certificación para volar ese tipo de avión y aunque con este detalle se ha querido manipular la información, para que quede bien claro: por ley un avión como ese en servicio comercial debe ser tripulado por DOS pilotos debidamente certificados con la capacidad correspondiente. Iniciar el vuelo sin un piloto calificado a los controles hace ilegal la operación y moralmente no se puede desligar de este hecho cualquier cosa que haya pasado después.
Tan grave es este asunto que ya se han desatado toda una serie de cuestionamientos, dentro y fuera de la industria, sobre cuáles pudieron ser las verdaderas razones por las que los pilotos hicieron tal tontería, e incluso si estaban realmente aptos para volar.
Tampoco se ha aclarado si el mentado "tercer piloto" participó en el "briefieng" de prevuelo, revisó los informes meteorológicos o siguió algún procedimiento para realmente ayudar en algo al capitán a operar con seguridad la aeronave, especialmente ante las condiciones climáticas que imperaban, que muchos pilotos y meteorólogos de prestigio que he consultado consideran que aconsejaban extremar las precauciones y hasta postergar el despegue.
El vuelo no empezó al ser golpeados por la microrráfaga, eso fue en parte consecuencia ineludible de todo lo que se hizo desde antes de que se iniciara la carrera de despegue, y los pilotos de este trágico vuelo en vez de cumplir con su deber, rompieron la ley y los procedimientos de seguridad, incluyendo el fundamental protocolo de "cabina estéril".
Dicen las autoridades que ningún piloto hubiera podido salvar el avión de esa tormenta, pero ningún piloto verdaderamente responsable y profesional habría hecho las tonterías que ellos cometieron, deliberadamente, antes de la tragedia...

El gremio. Es inevitable que estos acontecimientos estén revolviendo las entrañas de la comunidad đe pilotos aviadores. Se ha interpretado erróneamente que la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) tiene la postura de solapar la conducta de estos pilotos, pero en realidad está haciendo lo correcto al defender el debido proceso en su despido por parte de la aerolínea, es nada más un tema laboral y esa es la principal función de un sindicato, tanto pilotos como empresas deben cumplir sus obligaciones. Es el Colegio de Pilotos Aviadores de México, que a mi humilde juicio funciona como un apéndice de ASPA, el que debería tener un papel más definido en este asunto, y es que ni siquiera se han pronunciado oficialmente al respecto con un comunicado, al tiempo que se han mostrado cerca de la investigación como un incómodo juez y parte, representados en el panel de la investigación por pilotos que son empleados de Aeroméxico, mientras que en otros casos no han dudado en apuntar el dedo acusador, especialmente contra la aviación general o las empresas que no están afiliadas a ASPA.
Por otro lado, es una pena que por unos pocos se afecte el prestigio de muchos excelentes y muy profesionales pilotos aviadores, muchos de ellos a los que admiro con gran respeto, pero desafortunadamente esos "pocos" ya se están haciendo demasiados y la lista de incidentes de pilotos indisciplinados ya es preocupante: hay registrados muchos casos de pilotos que no responden a llamados de la torre de control como si se hubieran quedado dormidos, de unos que se enfilan a las pistas equivocadas, de otros que aterrizaron en el aeropuerto equivocado y luego escaparon volviendo a despegar creyendo que nadie se daría cuenta, pasando por el idiota que apagó un motor en pleno vuelo nomás para fanfarronear y muchos otros que juguetean con los aviones para presumir en las redes sociales, sin mencionar a los que se van de parranda en las pernoctas. Esto debe parar, ASPA y el Colegio de Pilotos deben pintar bien la raya entre proteger los derechos de sus agremiados y solapar las fechorías de los irresponsables.
Me precio de contar con la amistad de varios exSecretarios Generales de ASPA y les he reconocido que el sindicato fue un importante garante de la seguridad aérea, pues antes para una empresa tener al sindicato implicaba un costo que valía mucho la pena, pues era en parte un "seguro" del alto nivel de sus pilotos. Hoy lamentablemente los hechos apuntan a que ya no es así y en este sentido creo que ASPA no es "ni el polvo de aquellos lodos".
No puedo creer que se haya tenido la poca sensibilidad, al día siguiente de que se dieron los avances preliminares del accidente, de publicar la convocatoria para contratar 28 nuevos copilotos justamente para Aeroméxico Connect, pidiendo como requisitos 18 años de edad y 250 horas totales de vuelo, cuando saben perfectamente que sus pares en Estados Unidos, por ley, no los aceptan con menos de 21 años y 1,500 horas de vuelo, precisamente porque saben la importancia de esa experiencia para garantizar la seguridad aérea en las aerolíneas. En Estados Unidos los sindicatos de pilotos apoyaron y defendieron el aumento de requisitos para poder volar en las aerolíneas, lo que ellos mismos afirman que ha contribuido a disminuir la tasa de accidentes e incidentes; el que en México los reglamentos en la materia sean obsoletos no es impedimento para que el gremio de pilotos asuma su responsabilidad en este problema y apoyen que se exijan mayores requisitos.
Ojalá que puedan reconocer esta situación, dejar la soberbia a un lado y realizar acciones más concretas para garantizar que no lleguen a las cabinas pilotos irresponsables e incapaces, y se enaltezca esta hermosa profesión...

La empresa. Aero Litoral SA de CV, parte del Grupo Aeroméxico que opera bajo el nombre comercial de Aeroméxico Connect, enfrenta con este problema su más fuerte crisis. Apenas se celebró el primer aniversario de la asociación del Grupo con Delta Airlines, y de buena fuente sé que los "gringos" están preocupadísimos con las consecuencias que pueda traer esta situación. Si bien Andrés Conesa, presidente del Grupo Aeroméxico, al darse a conocer del actuar de los pilotos los despidió, al momento de esta publicación aún no ha emitido un comunicado con un pronunciamiento oficial hacia la opinión pública, y esto es muy criticable, pues los pasajeros merecen una explicación urgentemente.
Sin embargo, el comunicado interno sobre el despido, que califica con dureza la conducta de los pilotos, deja entrever lo serio del asunto y afirma la importancia de no permitir que se ponga en riesgo el sostén de las 16 mil familias que dependen de Aeroméxico ni la confianza de los 20 millones de pasajeros a los que se deben. Aunque la empresa se perfile como "víctima" de la "violación deliberada de los procedimientos" por parte de los pilotos, el daño ya está hecho y la confianza de los pasajeros ya se puso en riesgo, pues pese al obvio intento de minimizar mediáticamente las faltas de los pilotos y abrir la "caja china" del clima invencible e impredecible como causa directa del accidente, ya hay muchos medios masivos de comunicación que han explicado detalladamente las cosas.
Al Grupo Aeroméxico sólo le queda asumir su responsabilidad y creo que a nivel directivo deberían también rodar cabezas, pues en las áreas de seguridad operacional y capacitación es evidente que se ha fracasado, y para que se recupere la confianza en la empresa deberían contratar a los mejores expertos del mundo para ocupar esos cargos, cueste lo que cueste y "cacarearlo", de otra manera no será fácil sanar las heridas causadas al prestigio de la aerolínea.
Y todavía le falta aguantar el golpe de una tormenta tan fuerte como la que supuestamente tiró su avión: la de las demandas y problemas de seguros, que ya enegrecen las nubes sobre su cabeza...

Los pasajeros. Los derechos de los pasajeros es lo primero que se debe proteger. La competencia para las aerolíneas es muy fuerte y sobra decir que el esfuerzo de todos los empleados, en especial de las tripulaciones de vuelo, es fundamental para conservar la preferencia de los clientes. Francamente Aeromexico no anda muy bien, desde hace varios años ha ido decayendo en la preferencia de los pasajeros, basta recordar que en el "ranking" de las 100 mejores aerolíneas del mundo cayó al penoso lugar 99 y con este escándalo de los pilotos del avionazo de Durango seguramente le irá muy mal.
Me pongo como ejemplo y debo confesar que decidí desde hace casi año y medio no volar más por Aeroméxico, debido a la mala experiencia que sufrí en un vuelo a París, en que alguien sustrajo mi equipaje de mano del avión y dejó otra maleta muy similar en su lugar; los sobrecargos se portaron pésimo, totalmente irresponsables y ajenos a la gravedad del asunto, sobre todo porque había alerta terrorista en Europa y era a los pocos días de unos atentados en Londres. Tuve que resolver el problema por mí cuenta (y con la ayuda de la Policía), pues el personal de la aerolínea literalmente huyó de su responsabilidad. Creo que Aeroméxico ha bajado mucho la guardia en cuanto a la calidad del servicio tanto como en seguridad operacional, lo que se ha notado mucho, pero este es un tema que atañe a toda la industria, pues hay otras aerolíneas que más vale que vayan poniendo sus barbas a remojar.
Corresponde a todos el reto de superar esta crisis y cuidar que el personal de vuelo de todas las empresas de aviación, comerciales y privadas, esté a la altura de los niveles de seguridad, eficiencia y servicio de clase mundial. Los pasajeros merecen la tranquilidad de estar seguros de que van en las mejores manos...

Las autoridades. ¿Cuáles? Pues la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y su Comisión Investigadora del Accidente, encabezadas por el ingeniero Luis Gerardo Fonseca.
El papel que la DGAC está desempeñando en todo este asunto me parece muy triste y está siendo muy criticado a nivel mundial, lo cual es una vergüenza para nuestro país. Revelar con tal timidez y minusvalorando la participación del tan traído y llevado "tercer piloto" es muy preocupante. Tal pifia podría explicarse con el Principio de Hanlon, donde no se puede atribuir a maldad algo que simplemente es por estupidez, pero la forma en que la DGAC evita señalar que ese avión no debió despegar con tales irregularidades nos deja muchas sospechas, pues parece que están protegiendo ciertos intereses, en vez de señalar los hechos con la fuerza, integridad e imparcialidad que se espera de la Autoridad.
La omisión por parte de dichas autoridades y la empresa de mencionar la existencia del "tercer piloto" desde que sucedió el accidente de Durango (pues dieron los nombres de la tripulación con toda claridad) contribuye a acentuar la ilegalidad de la acción de los pilotos y no se puede alegar que se trataba de una "sesión de habilitación no autorizada", pues este piloto no estaba en ese proceso de su capacitación, y está claro que solo pretendía trasladarse a la Ciudad de México, destino del infortunado vuelo, usando una prestación que dicho sea de paso ya fue restringida por la aerolínea.
Lamentablemente la DGAC ha perdido casi toda su credibilidad, la pobreza con la que se desempeña se balancea entre la incompetencia y la corrupción. Tristemente ya es un "cliché " que cada que hay un accidente aéreo que llega al escrutinio público se descubren irregularidades con las licencias de los pilotos. Por tanto es entendible que ya se cuestione tras bambalinas que los propios inspectores de la DGAC, relacionados con los procesos de certificar como aptos a los pilotos involucrados en este accidente (y muchos otros), pudieran no haber estado debidamente habilitados.
La clara condición de juez y parte de la DGAC en este asunto está alimentando una marea muy escandalosa de especulaciones, supuestas filtraciones y datos sobre los involucrados, que está generando gran preocupación y creo que por bien de la industria aeronáutica todos esos rumores y sospechas deberían ser bien esclarecidos y disipados...

La complejidad de este asunto es ya un tema de seguridad y prestigio nacional y considero que debería involucrarse a la Procuraduría General de la República (PGR) para investigar a fondo todos los aspectos que escapan a la competencia de la DGAC y demás partes. Sé de buena fuente que ya hay personas trabajando en una denuncia de esta naturaleza, pues consideran muy importante que se aclare bien si existe corrupción o encubrimiento detrás de este lamentable caso.
Hay muchas cosas que aclarar más allá de lo que pasó al momento de la fatídica "microrráfaga", como qué hicieron los pilotos el día y la noche anterior ¿descansaron bien? ¿Cuáles fueron los resultados de la valoración médica de los pilotos inmediatamente después del accidente? O cómo fue al detalle su capacitación y habilitación como pilotos de Embraer 190. Son puntos muy importantes, no se trata de crucificar a nadie, pero si de acallar los rumores, dar certeza a la opinión pública e identificar problemas que puedan estar amenazando la seguridad aérea y que podrían ameritar la realización de acciones correctivas cuanto antes.

Toda esta situación me hace recordar en algo la película "El Vuelo", una historia de ficción donde el personaje interpretado por Denzel Washington es un piloto que enfrenta con gran destreza una situación en vuelo casi imposible de salvar, pero habiendo cometido una grave falta no relacionada directamente con el accidente. Cuando gracias al gran aparato burocrático y legal que lo protege está a punto de escapar de la responsabilidad de su falta, tiene la integridad y el valor moral de decir toda la verdad y afrontar las consecuencias de sus actos con la conciencia limpia. Pero parece que eso solo pasa en las películas...


Saludos


Héctor Dávila.

 

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