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Con la opinión de Héctor Dávila

He tenido que romper mi costumbre de publicar esta editorial los lunes y adelantarla media semana, por los trascendentes acontecimientos de este miércoles 5 de septiembre.
Como estaba previsto, se dieron a conocer avances preliminares de las investigaciones sobre el accidente del Embraer 190 XA-GAL, de Aeroméxico Connect, acaecido el 31 de julio en Durango. Y tal como se anticipaba, se informó que la causa probable y directa del siniestro fue nada menos que la temidísima microrráfaga, que golpeó al avión cuando intentaba despegar en medio de una intensa tormenta.

La conferencia fue realizada en el auditorio del Centro de Instrucción de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (lo que para empezar me pareció inapropiado) y fue encabezada por el ingeniero Luis Gerardo Fonseca, director general de Aeronáutica Civil (DGAC), acompañado por los representantes de Aeroméxico, el Colegio de Pilotos Aviadores de México y el Colegio de Ingenieros Mexicanos en Aeronáutica (CIMA), junto con otros funcionarios de la comisión investigadora del accidente, como el ingeniero Roberto Kobeh, director general de los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM).  En esta presentación se notaron algunos participantes tensos, pues había algo más detrás, además de dos grandes ausencias: la de funcionarios de mayor nivel y la de datos más claros sobre la actuación de los pilotos.

En un principio se esperaba que el Secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, encabezara la conferencia, o por lo menos lo hiciera la Subsecretaria de Transporte, Yuriria Mascott, pero parece que estos funcionarios no quisieron traer en las manos la papa caliente de decir las cosas como se decidió decirlas, y ser responsables eventualmente de omitir detalles sobre acontecimientos que ya se saben y que a la postre serán motivo de gran controversia y revuelo, amén de quizá graves consecuencias. También estuvo ausente Andrés Conesa, director general de Aeroméxico, en su lugar estuvo el capitán Arturo Duhart, director corporativo de seguridad aérea de la empresa, quien se notó muy nervioso, y no era para menos...

Y es que según parece, las autoridades, después de escuchar las grabaciones de la caja negra e interrogar a todos los involucrados, aún no tienen claro si los pilotos hicieron bien su trabajo y confirmaron que un tercer piloto, en adiestramiento, tomó el lugar del primer oficial, pero sin autorización de la empresa o de la DGAC, para iniciar el despegue con, como dijeron, el "acompañamiento" del capitán. Según ellos este procedimiento no es inusual, pero en este caso no estaba autorizado. Quitando el complicado lenguaje que usaron para no presentar este hecho como grave, al que definieron como "Sesión de habilitación en ruta no autorizada", éste se trató entonces nada menos de lo que en el medio llamamos un "cachuchazo".

Esto ya se puso muy turbio, obviamente tienen que ceñirse a la presentación de los hechos que se conocen del accidente y dejar las hipótesis fuera del discurso, pero el hecho de que un incómodo "tercer piloto" que, estando en adiestramiento y viajando como pasajero, interactuó con la operación, aunado a un retraso de más de dos minutos en el despegue del avión ya autorizado para eso en la cabecera de la pista, más otros detalles que se han filtrado, dejan a mi parecer el factor humano como un indescartable componente del accidente, uno que se está tornando muy delicado y que parece que quieren minimizar.

¿Por qué dijeron que hay que seguir investigando a los pilotos y definir si ameritan sanciones administrativas? ¿Por qué los Colegios de pilotos e ingenieros aeronáuticos se prestan para respaldar esa línea tan inusual? ¿Por qué el Secretario de Comunicaciones y Transportes y el Director de Aeroméxico, que al suceder el accidente estaban hasta adelante, ahora se esconden? ¿Qué intereses se quieren proteger a cambio de seguir ocultando toda la información? ¿Cuál es en concreto la responsabilidad de los pilotos al decidir despegar en ese preciso momento, ante la furia de la tormenta y habiendo hecho un cambio de lugares sin permiso?

A mí que no me mareen, aquí hay un muy grave caso de indisciplina en cabina en un vuelo comercial, estos pilotos que algunos ponían como héroes más bien parecen "los tres chiflados" cambiándose de lugar en el momento más crítico y con un centenar de almas a bordo. Por más que lo quieran minimizar es inadmisible y reprochable. Además las autoridades omitieron dar información clave que ya tienen y que podría permitir aclarar bien los hechos, concretamente cuál es la experiencia de los pilotos y en qué nivel de "adiestramiento" estaba ese tercer piloto. Tanto o más importante: ¿Con qué autoridad decide el capitán romper el protocolo de cabina estéril y dejar que un pasajero, porque legalmente era un pasajero, que coincidentalmente era un piloto en capacitación, tome los mandos de un avión en vuelo regular con pasajeros? No nos digan que eso es una práctica "habitual" y tampoco nos quieran engañar con el rollo de que al momento del accidente el capitán  tenía los mandos; ¡por favor! El Embraer 190 no está autorizado para volar "single pilot" ni con "piloto y medio", deben ir DOS pilotos debidamente capacitados y autorizados al mando, eso es lo que se merecen los pasajeros que compran un boleto en lo que se supone es una aerolínea de primer nivel que presume de ser segura.

La forma en que se están manejando las cosas atizará la lumbre de las especulaciones y avivará el encono de las demandas que ya están en curso contra la aerolínea, pero con las verdades a medias que nos han soltado, queda claro que el problema del proceder de las jóvenes tripulaciones de vuelo sigue siendo el mayor reto a resolver en la seguridad aérea en México. Si bien se puede sostener que los pilotos quizá no tuvieron culpa en la causa probable directa del siniestro, una vez más salen acciones muy cuestionables en disciplina en cabina que dan miedo, es inaceptable que el capitán permitiera que el primer oficial le cediera su lugar a un piloto que estaba en adiestramiento, sin autorización explícita y con semejantes condiciones meteorológicas cayéndoles encima.

La lista de acciones inapropiadas, indisciplinadas e imprudentes de pilotos ha ido creciendo de forma imparable, simplemente tan solo un día antes de esta pobre conferencia de prensa hubo cuatro accidentes aéreos en México (fue el día con más accidentes en lo que va del año), donde murieron dos pilotos fumigadores, ya he comentado mucho lo muy mal que andamos en seguridad con la aviación agrícola.

Y aunque en todos los casos que han trascendido públicamente sobre faltas de respeto a las medidas de seguridad se ha despedido a los pilotos involucrados, creo que "correr" a los muchachos no resolverá el problema de fondo, se necesitan implementar otras medidas como impulsar mejoras en la calidad de la formación de los nuevos pilotos.

El crecimiento de la aviación en México ha sido espectacular, en este sexenio crecimos de 57 millones de pasajeros a 90 millones, casi un 60%, y la transportación de carga por vía aérea creció 32%, se aumentó 38% el tamaño de la flota aérea comercial, implementándose nada menos que 969 nuevas rutas aéreas. Pero aunque el gobierno presume la paternidad de estas cifras, la verdad es que dicho crecimiento ha sido orgánico, desordenado, como el zacate, pues no existe una política que dirija este fenómeno y mucho menos que esté implementando medidas que contribuyan realmente a garantizar la seguridad aérea. La enorme demanda por pilotos que estamos viviendo está cambiando por completo el paradigma de la formación y capacitación de los cientos de nuevos pilotos que se están requiriendo en todos los segmentos de la aviación.

Ya he comentado que en otros países, en especial nuestros vecinos del norte, han modernizado desde hace más de cinco años los modelos y requerimientos de experiencia, preparación y prevención de fatiga en las tripulaciones de vuelo, con lo que han abatido totalmente la incidencia de accidentes en aviones comerciales, quizá al precio de tener un crecimiento mucho menor que el de México, pero un precio que creo que vale mucho la pena pagar.

Acá ni siquiera hemos podido crear un organismo autónomo investigador de accidentes, y en el caso de éste de Aeroméxico se nota un claro sesgo derivado de esta situación, al tener sentados en la misma mesa a todos los involucrados, como dando la impresión de que se pusieron de acuerdo en un "team back" sobre qué decir y cómo decirlo, en vez de que un ente independiente, como lo es la National Transport Safety Board de Estados Unidos, informe por sí sola y sin influencia alguna ni de autoridades ni de los representantes de los operadores y tripulantes, los avances de las investigaciones.

Hay que reconocer que existen algunos muy buenos proyectos, como el de Centro de Instrucción de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de implementar una carrera a nivel licenciatura en Administración de Empresas Aéreas, de tres años y medio de duración y con costo accesible, que incluiría la licencia de piloto comercial. Este proyecto me parece muy bueno y espero que prospere, porque pienso que es totalmente obsoleto y contraproducente que un piloto profesional solo tenga que estudiar seis meses o menos de teoría; en Estados Unidos ya se demostró el valor agregado en disciplina, madurez y profesionalismo que una educación universitaria puede dar a los pilotos, y por eso las autoridades toman esos estudios como créditos equivalentes a 500 horas de vuelo.

Sin embargo, de momento en México las empresas aún enfrentan lo que pienso que es su mayor reto, el de encontrar la forma de garantizar que las tripulaciones de vuelo actúen siempre en total y absoluto apego a los procedimientos y normas de seguridad aérea. Aeroméxico y la DGAC todavía deben dar muchas explicaciones, mientras no den a conocer la grabación de voz en cabina del accidente, que se reservan con excusas legales (pero que sí se dio a conocer en el caso del accidente del Secretario Juan Camilo Mouriño) y los datos concretos de la verdadera situación y nivel de experiencia del infame "tercer piloto", no se puede creer que la actuación de la tripulación fue libre de fallas y no incidió de alguna forma en que el avión se accidentara.

Mientras tanto seguiremos muy de cerca los capítulos de esta novela que las autoridades nos están haciendo con el caso Durango, aunque me decepciona mucho que se comprobara que los pilotos no actuaron de forma pulcra y en estricto apego a los procedimientos y hubieran jugado al juego de la silla sin permiso antes de despegar. Ojalá que pronto se desmarañe la trama y se atrevan a decirnos toda la verdad...


Saludos

Héctor Dávila

 

AeromexicoDur

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