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Con la opinión de Héctor Dávila

Apenas señalaba el serio problema que estamos enfrentado en México con tripulaciones de vuelo indisciplinadas, con muy poca experiencia y madurez, ejemplificado por el piloto que fue despedido de una aerolínea por cometer la imprudencia de tomarse una "selfie" en aproximación final para presumir en redes sociales, y ahora salen una joven piloto y una sobrecargo de aviación ejecutiva, ayudadas por personal de tierra, a payasear ávidas de "likes" en las redes usando un avión para realizar el llamado "Kiki challenge". El resultado es un vídeo que ha logrado un alcance asombroso a nivel mundial, que para decirlo en términos actuales, se hizo "viral".

El mentado reto consiste en que el conductor de un vehículo en marcha descienda para bailar al ritmo de una conocida canción, mientras es grabado desde el interior. Cabe señalar que dicha tontería ha producido gran cantidad de accidentes automovilísticos a nivel mundial, al grado que en países como Estados Unidos, Canadá, España y Emiratos Árabes ya ha sido prohibido intentarla, bajo pena de severas multas y hasta cárcel, pues es muy obvio el mensaje negativo que manda alentando a violentar las más básicas medidas de seguridad al conducir.

Pero ¿cómo se le puede ocurrir a un piloto aviador realizar tan absurda payasada? Pregunta que sería bueno que la piloto de una conocida empresa de aviación ejecutiva de Monterrey, protagonista del numerito, contestara... Sin embargo, ella misma ha querido minimizar el suceso, incluso presentando un "detrás de cámaras" donde revela que los motores del avión nunca se encendieron y que éste sólo se remolcó, tratando de inducir al público a creer que en ningún momento se hizo algo indebido, pero la señorita se equivoca rotundamente: ¡con la seguridad no se juega!

Obviamente el avión no iba por su propio impulso, pero existen normas y procedimientos para el remolque seguro de aeronaves que un profesional debe respetar, y todos los manuales de empresas y aeropuertos, incluyendo las circulares al respecto de la Federal Aviation Administration (FAA), establecen la importancia de las medidas de seguridad a observar durante estos procedimientos, como evitar en todo momento que personas suban o bajen de un aeronave cuando es remolcada, o estén cerca de ella, especialmente en trayectorias frente al tren de aterrizaje o el remolque, y si alguien debe permanecer a bordo se establece que debe estar sentado, además que puertas y compartimientos exteriores deben estar cerrados durante la maniobra, a menos que el fabricante del avión estipule lo contrario.

¿Son medidas exageradas? ¡No! En materia de seguridad aérea no se puede bajar la guardia ni un segundo: en junio del año pasado en Cancún tuvimos la desgracia de que un técnico de tierra muriera al ser arrollado por un Fokker 50 que estaba siendo remolcado, una terrible tragedia que ejemplifica dramáticamente por qué es inaceptable que esta piloto, y demás involucrados, difundieran un mensaje tan irresponsable y torpe sobre cómo deben conducirse los que se suponen son los máximos encargados de la seguridad en una aeronave.

Pero además el momento para hacer tal vacilada no podía ser más inoportuno, me pregunto si estas jóvenes están tan absortas en sus redes sociales que no tienen conciencia de lo que sucede en el entorno real de la aviación mexicana, que pasa por un momento muy incomodo por las tonterías de varios pilotos inmaduros, desde el de Aeroméxico Connect que apagó un motor en vuelo con pasajeros "nomás por ver qué se siente", hasta el de TAR haciéndose retratos aterrizando con los restos del Embraer estrellado de fondo, justamente en la víspera de que las autoridades den a conocer avances preliminares de la investigación sobre el accidente de Durango.

Es una tristeza que jóvenes con un egoísmo tan grande, alimentado por el deseo enfermizo de obtener aceptación en Facebook, YouTube, Instagram y otras redes adictivas, no sólo afecten tan negativamente la imagen pública del gremio de los pilotos y los sobrecargos, si no que afecten también la imagen de las empresas que con enormes esfuerzos e inversiones les han brindado la oportunidad de desarrollarse profesionalmente.

Y es que el horno no está para bollos, en el caso del accidente de Aeroméxico Connect de hace poco más de un mes la actuación de los tres jóvenes pilotos que iban abordo está bajo el más severo escrutinio. Desde el principio hubo en los medios confusión sobre la identidad del primer oficial de la nave, pero es que en realidad iba un tercer piloto supuestamente como observador, lo que ha sido motivo de muchas especulaciones sobre la posibilidad de faltas a la disciplina en cabina, que han trascendido hasta la voz y pluma de editorialistas de reconocidos medios masivos, como los periódicos Reforma y El Universal.

Sobre este asunto, basado en la información disponible, asumiendo que el avión estaba en perfectas condiciones, es fácil anticipar que la causa probable y directa del accidente será atribuida a una microrráfaga (microburst) ocasionada por la tormenta que se desenvolvía al momento del despegue, fenómeno tan peligroso y severo que se considera que ningún piloto podría haberlo resuelto en esas particulares condiciones. Naturalmente hay polémica sobre la decisión de iniciar el vuelo ante la inminente tempestad, pero las condiciones meteorológicas estaban al límite en que recaía en la autoridad y buen juicio del piloto tomar esa decisión, y si tal decisión lamentablemente resultó en encontrarse con la microrráfaga, no podría ser punible ni calificada de negligente, siempre que la disciplina y procedimientos en cabina se hayan respetado íntegramente.

He aquí pues un ejemplo de la capital importancia de seguir estrictamente todos los procedimientos de seguridad en aviación. Si bien confío en que las grabaciones de voz de la cabina del desafortunado Embraer de Durango arrojen que la tripulación se condujo adecuadamente, me permito pensar, hipotéticamente, sólo como un ejercicio de análisis, que si se hubiese cometido la mínima falta, ésta sería motivo de un severo juicio y ocasionaría un golpe más rápido y fuerte que la cizalladura del "microburst" que afectó al avión, y que podría hacer caer estrepitosamente a los pilotos del pedestal de héroes en que algunos se apresuraron a ponerlos.

Los predicamentos por los que están pasando estos jóvenes, desde los menos graves, como el desprestigio profesional o perder un buen trabajo, hasta la seria condición de poder estar involucrado como presunto responsable en un accidente, se deben tomar muy en cuenta como ejemplo para encausar a las noveles generaciones de pilotos mexicanos a tener como prioridad la seguridad ante todo, especialmente cuando el marco legal en nuestro país es obsoleto y los requisitos de experiencia para ser piloto de aerolíneas son mucho menores que en países como Estados Unidos.

Por otro lado, creo también que todos estos jóvenes, que hoy son tristemente célebres por sus imprudencias, merecen otra oportunidad y quizá con la experiencia que han vivido se vuelvan mucho mejores y más responsables al mando de un avión, y se preocupen en transmitir un mejor mensaje, especialmente hacia esos "chavitos" que sueñan con ser héroes de la aviación y que creen que para eso hay que ser arriesgado, temerario e imprudente, cuando en realidad un auténtico héroe de la aviación es aquel que, en todo momento y ante cualquier circunstancia, hace lo correcto.

Saludos


Héctor Dávila

 

 

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