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Con la opinión de Héctor Dávila

Vaya show que armaron el viernes pasado con el Dictamen de Viabilidad del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Crearon magistralmente un ambiente de gran expectativa con todo y retraso del anuncio por una supuesta información de último momento... nada más faltó el redoble de tambores y hasta me compré mis palomitas para disfrutar del espectáculo. Pero al final salieron con lo que ya todos sabíamos, que nomás hay de dos sopas, la de "fideos" con el actual desarrollo en Texcoco y la de "jodeos" en la base militar de Santa Lucía, y que será el Pueblo, consulta pública de por medio, el que decidirá en octubre.

Me pregunto qué pensarán realmente el ingeniero Javier Jiménez Espriú y su equipo sobre poner la decisión a merced de una consulta popular, pues son gente técnica y, como lo he reconocido aquí mismo, con trayectoria aeronáutica, por lo que es obvio que saben que se trata de un menester totalmente de ingeniería aeroportuaria. Incluso es hasta ridículo querer contrapuntear la opinión de una organización como el reconocido Centro de Desarrollo de Sistemas Avanzados de Aviación de la corporación MITRE (que desde el principio sostiene que la opción de Santa Lucía es inviable) con la opinión de unos "expertos chilenos" que no sabemos ni quiénes son.

Querer poner el futuro del aeropuerto más grande de América Latina en manos de una mayoría que nada sabe de aviación es muy peligroso, pero más allá de parecer una "amlocura" caprichosa, me parece que existe un trasfondo político-económico muy sólido en este proceso y creo que es parte de una estrategia muy bien orquestada para quitarle lo más que se pueda del pastel a grupos que actualmente controlan los contratos de este descomunal proyecto y, por supuesto, dirigirlo hacia una concesión.

Sinceramente creo que Andrés Manuel López Obrador se sacará de la manga una solución mágica al problema que se inclinará por continuar con la obra en Texcoco, aunque no creo que acepte que su propuesta de cancelar el NAIM y utilizar la Base Aérea Militar de Santa Lucía en conjunto con el actual aeropuerto era, desde el principio, algo descabellada.

Pero lo que si me parece muy preocupante es que la situación se salga de control y que graves errores cometidos por el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, dirigido por Federico Patiño, incidan en lo que pueda pasar, especialmente si de verdad el Presidente Electo pone el asunto a juicio de una consulta popular. Y es que por graves fallas en el desarrollo de la obra del NAIM, que se encuentra avanzada en apenas un 32%, ésta presenta un atraso de por lo menos 4 años, y algunos especialistas incluso afirman que serán al menos 6, debido a graves problemas de suelo, amén que el costo se ha disparado a casi el doble, de 169 mil millones de pesos a 300 mil millones, cifra que además se augura que seguirá subiendo.

Así me temo que el NAIM, que desde hace mucho tanto se necesita, se vuelva un elefante blanco, que no pueda entrar en servicio ni de broma en 2022, si no quizá hasta después del 2024, de hecho el equipo de Jimenez Espriú estima que, en el mejor de los casos, la primera fase iniciaría operaciones hasta finales de 2023. Esto significa el complejo problema de resolver la saturación del actual aeropuerto por unos 5 o 6 años más, con el consecuente impacto negativo en el crecimiento de la aviación comercial.

Más allá de los problemas meramente de navegación aérea, hay muchos temas controversiales en juego, como los terribles impactos ambientales que supuestamente produciría el aeropuerto en Texcoco, o las pérdidas por 100 mil millones de pesos que significaría cancelarlo, por mencionar sólo dos.

En resumen, terminar el NAIM y concesionarlo parece ser la mejor y más lógica opción, y aún con el tremendo costo que implica será un negociazo para el concesionario. Por si las dudas sugiero empezar a revisar los 280 documentos del dictamen publicado por el equipo Lópezobradorista, que junto con los estudios que aún van a realizar, quizá nos convenzan de votar por cancelar la mega obra. Pero no hay que afanarse, que de cualquier manera será lo que Dios quie..., digo, lo que Andrés Manuel quiera.


Saludos


Héctor Dávila

 

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