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Con la opinión de Héctor Dávila

Andrés Manuel López Obrador ya es formalmente Presidente Electo de México y ha dado la certeza de que el próximo Secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT) será el ingeniero Javier Jiménez Espriú y su subsecretario de Transportes el ingeniero Carlos Morán Moguel, ambos con experiencia reconocida en el medio aeronáutico, tanto en el sector gubernamental como en aerolíneas y empresas de tecnología y mantenimiento de aviación, lo que es una buena noticia, pues hace mucha falta en puestos de ese nivel gente que tenga claro de qué se trata la aviación.

Pero lo realmente BUENO es que el ingeniero Espriú ya anunció que planea hacer una total renovación de la aeronáutica gubernamental y revisar a fondo todas las dependencias y organismos del sector, incluyendo a Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), los servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM) y principalmente a la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y, muy importante, se comprometió a crear la Agencia Federal de Investigación de Accidentes del Transporte. Citando textualmente a Jiménez Espriú, será una reingeniería total.

Esta modernización del sector aéreo ya la había prometido desde el principio del presente sexenio el actual titular de la SCT, Gerardo Ruiz Esparza, pero simplemente dejó que se le escapara de las manos la oportunidad histórica de realizar este proceso tan apremiante. Aunque la política de austeridad del nuevo gobierno me hizo desilusionarme por un momento, pensando que sería poco probable que se dieran cambios profundos en la SCT en materia aeronáutica, saber que sí existe la voluntad de hacer cambios de fondo reavivó mi optimismo.

Modernizar los procesos en la DGAC, actualizar las normas con que se rige, remover a funcionarios que tienen décadas enquistados en puestos clave sin dar resultados notables y utilizar herramientas tecnológicas modernas para inhibir la corrupción serán las prioridades de la nueva administración, donde quitarle a la DGAC la responsabilidad de investigar los accidentes, evitando que sea juez y parte, servirá en gran medida para mejorar la seguridad aérea y cortarle tentáculos al monstruo de la corrupción que tanto daño ha causado en áreas como la expedición de permisos y licencias aeronáuticas.

Lo MALO es que en los pasillos de la DGAC se rumora que desde arriba ya se dio la indicación de prácticamente "bajar la cortina" y de que ya no se atenderán proyectos nuevos, pues ya sólo importa finalizar la presente administración sin mayores novedades, y aunque ya nos lo imaginábamos, es una vergüenza que la aviación mexicana sufra, una vez más, de este tipo de cerrazón burocrática por falta de liderazgo en la dependencia que rige las actividades aéreas. Pero, ¿qué podíamos esperar de gente que no es de aviación y no le interesa hacer carrera ni prestigio en este sector? Lo que motiva a los jefazos (y jefazas) de la SCT y la DGAC a taparse ojos y oídos de aquí a que puedan echarse a correr en diciembre, es que están "como agua pa chocolate" por los problemas que traen encima con los accidentes aéreos, en particular el de Global Air, que han evidenciado aún más sus deficiencias.

Y es que resulta FEO, qué digo feo, ¡HORRIBLE! que aún no exista en México una organización que estudie seriamente y con recursos adecuados los aspectos de la seguridad aérea, analice sus causas, identifique los riesgos y proporcione información veraz y útil para prevenirlos. La falta de dicha institución solo ha contribuido a desatar una  especie de psicosis de "peligro en el aire" dentro y fuera de la industria: apenas el viernes pasado un avión de Aeroméxico Connect fue desalojado de emergencia porque personal de tierra creyó que había un incendio al ver salir humo de la APU (algo que incluso es normal), como una secuela paranoica del reciente accidente de Durango. Por si fuera poco, el sábado un A320 de Volaris también fue evacuado en Guadalajara y el domingo un Embraer 145 de Calafia Airlines en Loreto, en el primer caso parece que sí falló la APU y en el otro se sobrecalentó el sistema de arranque generando humo. Estos tres sucesos similares en menos de 72 horas dejaron muchos pasajeros con crisis nerviosa y muchas muestras de preocupación en las redes sociales, lo que no es nada bueno...

Y lamentablemente no hay una voz oficial que tranquilice al público, pues la DGAC actualmente no tiene credibilidad en materia de seguridad, ya que es bien conocido que no cuenta con la infraestructura y personal suficiente y además es incómodamente juez y parte, pues en muchos accidentes aéreos, como ya sabemos, han sido factor común licencias "chafas" y permisos "balines" expedidos por esta dependencia bajo muy dudosas circunstancias.  Por eso le critiqué al Colegio de Pilotos Aviadores de México su idea de pedir en un comunicado que la DGAC revisará más a la aviación general, no sólo porque la aviación general no ha aumentado su índice de accidentes, sino también porque me preocupa que no hay quién le cuide las garras a la DGAC, y ya sabemos de qué tamaño anda la corrupción entre algunos inspectores...

La seguridad aérea en México no se va a mejorar sobre-inspeccionando y "mordiendo" a los operadores, se necesitan identificar profesionalmente los riesgos e implementar en las empresas sistemas como el de Gestión de la Seguridad Operacional (SMS o Safety Management System), pero principalmente identificando las áreas de la industria donde verdaderamente están creciendo los riesgos, analizarlos y proponer medidas preventivas efectivas.

Por ejemplo, se está presentando una gradual disminución en la edad y experiencia promedio de las tripulaciones de las aeronaves, debido al gran crecimiento de la industria, lo que deriva en un problema de "inmadurez" de los jóvenes pilotos ante la toma de decisiones críticas. Esto sumado a condiciones meteorológicas adversas ha sido factor en muchos accidentes, como en los que murieron los empresarios Moisés Saba y Juan Armando Hinojosa, o como en los que fallecieron el  Secretario de Gobernación Francisco Blake Mora y el de Seguridad Pública Ramón Martin Huerta, ¿se acuerdan? o incluso la caída del Black Hawk militar en Oaxaca, que si bien sus importantes pasajeros salieron ilesos, causó la pérdida de muchas vidas inocentes...
Estos factores también han estado presentes en accidentes e incidentes de aerolíneas y para prevenir este tipo de desgracias debemos desarrollar una filosofía de vuelo más a la defensiva para todas estas generaciones de nuevos pilotos, que están bien capacitados y adiestrados, pero que carecen de la experiencia necesaria para tomar decisiones juiciosas y seguras, sobre todo cuando hay mal clima y trabajan bajo la presión de cumplir un itinerario rígido, sea la agenda de un funcionario o empresario importante, o la competitiva puntualidad de una aerolínea.

Este y otros muchos retos deben ser afrontados y resueltos con celeridad por la aviación mexicana, comercial, privada y militar, pero para ello es imprescindible contar con el apoyo de una autoridad aeronáutica integrada con verdadera vocación, dirigida por auténticos profesionales del sector, pues una aviación segura no puede admitir improvisados en su guía. Hoy más que nunca hace falta visión y mentalidad aeronáutica en la SCT, porque simplemente la aviación, sin duda alguna, es y será el transporte más importante del sigo XXI.


Saludos


Héctor Dávila.

 

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