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Con la opinión de Héctor Dávila

Parece que patearon los avisperos en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y en el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, donde se dice que ya transpiran de preocupación, por la fuerza con que Andrés Manuel López Obrador sostiene sus dichos sobre el futuro del nuevo aeropuerto internacional (NAIM).

Tanto le temen al virtual presidente electo que ya frenaron la asignación de más contratos y andan como "seditas" parando la campaña mediática de "expertos" y empresarios que afirmaba que cancelar la obra era inviable tanto técnica como económicamente. De hecho hace unos días Arely Gómez González, titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), celebró una reunión con el equipo de trabajo del NAIM donde los convocó a continuar vigilando las prácticas e implementando medidas, para evitar que conflictos de interés, faltas administrativas o hechos de corrupción tengan cabida en la construcción del NAIM. Esta reunión con arenga y todo se dio poco después de la visita con ojo crítico que hizo Javier Jiménez Espriú a la obra en Texcoco, en la que, según dicen, puso cara de fúchi a casi todo, dejando bien claro que el equipo de Andrés Manuel López Obrador no le tiene nada de aprecio al proyecto. Y es que quien será el próximo titular de la SCT ya declaró que será "implacable" si descubren actos indebidos.

Pero más allá de las anomalías que pueda encontrar, López Obrador de plano no quiere dar continuidad a un proyecto de tal magnitud y que es emblema del gobierno que va a sustituir; digamos que no le gusta la idea de pagar la cuenta del desmedido banquete que Enrique Peña Nieto y Gerardo Ruiz Esparza se sirvieron, especialmente cuando ante la opinión pública la SCT está siendo percibida como la a Secretaría más corrupta e ineficiente del gobierno que termina.

Pero la cosa no es tan fácil, AMLO y su equipo tienen el problema de que la cancelación del NAIM traería un costo tremendo, más que en dinero, en imagen y prestigio para el País ante los círculos empresariales, tema muy espinoso, aún si se contara con la justificación de que la consulta pública que se propone para resolver la cuestión arroje que el nuevo aeropuerto no va.

Sin embargo, en temas que abarcan más el interés de toda la aviación, el cambio de gobierno que se avecina emociona porque luce muy prometedor, y es que al fin podemos ver perfilarse para los altos cargos a funcionarios con probada experiencia y conocimientos en aviación.

Javier Jimenez Espriú es un reconocido ingeniero que ya ha colaborado en la SCT y fue director general de la Compañía Mexicana de Aviación, fundador del Instituto Mexicano del Transporte, quien además fue miembro de los Consejos de Administración de Turborreactores y de Aeronaves de México, por lo que al encabezar la SCT en el próximo sexenio brinda las esperanza, como lo hemos pedido tanto, de que al frente esté alguien con mentalidad aeronáutica.

El ingeniero Jiménez Espriú declaró en entrevista que buscará en la SCT colaboradores con absoluta honestidad y vocación de servicio, pero muy importante que sepan del asunto, literalmente dijo: "Si van a llevar a cabo labores de ingeniería, que sean ingenieros; si van a hacer temas contables, que sean contadores, que no pongamos a los abogados a hacer carreteras". Declaración que algunos sugieren que hizo referencia a un saco que muy bien le queda a la actual subsecretaria de Transportes, Yuriria Mascott, quien es justamente abogada y cuyo desempeño por su inexperiencia en el tema de aviación ha dejado mucho que desear, y que se está llevando las palmas con la "cerecita del pastel" de nombrar a pocos meses de acabar el sexenio a un asesor muy cercano a ella, que sabe de aviación lo que yo de botánica, al frente de la polémica Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC).

Para sustituir a Mascott se perfila por fin a alguien que sí sabe de aeronáutica (¡gracias a dios!) y que ha vivido tanto lo que es servir en la DGAC como padecerla. Se trata del ingeniero Carlos Morán Moguel, quien además de haber estado al frente de la DGAC fue director técnico y de operaciones de Aeroméxico, así como director de Turborreactores y director comercial de Mexicana de Aviación. Morán Moguel cuenta con el cártel y la simpatía hacia el medio aeronáutico necesarios para hacer "esa" diferencia que en esta industria tanto estamos pidiendo. En sus manos quedará una gran responsabilidad, vedaderamente histórica, que esperamos no sea pasada por alto.

Y es que como ya lo hemos dicho muchas veces, la autoridad aeronáutica mexicana está obsolescente y enquistada en esquemas que no fomentan el desarrollo de la aviación y, por el contrario, afectan la seguridad aérea y permiten altos niveles de corrupción. La modernización de la DGAC es urgente, y su reestructuración muy necesaria, pero para esto hacen falta mucha visión y valor desde los más altos niveles en la SCT, además de seleccionar a las personas correctas para el trabajo.

Uno de los grandes retos, y que el actual gobierno simplemente desdeñó, es el de crear una organización independiente responsable de prevenir e investigar los accidentes aéreos, especialmente cuando en este año, con la trágica caída del Boeing 737 de Global Air, se sufrió el más grave accidente en la historia de la aviación comercial mexicana en los últimos 32 años. En particular hay sectores de la aviación muy desatendidos que están sufriendo un notable aumento en la siniestralidad por la falta de supervisión, como es el caso de la aviación agrícola, que en todo el 2017 experimentó 13 accidentes de aeronaves fumigadoras, cifra que para este año ya se superó en un 23% pues para finales de julio ya se han registrado 16 accidentes, lo que indica focos rojos muy obvios que atender, pero en la SCT parece que ni se enteran.

Creo que es obvio que a esta altura del partido los actuales funcionarios que dirigen la SCT, desde arriba hasta la DGAC, ya no harán nada significativo para ayudar a la aviación, pues ya tienen la cabeza en otro lado; unos quizá barriendo apresuradamente la casa que todo el sexenio han tenido muy sucia, otros que ya están haciendo sus maletas, e incluso hay algunos que ni siquiera se han dado cuenta que perdieron. Pero por fortuna el cambio, al fin, imparable, ahí viene...

Saludos

Héctor Dávila

 

Jimenez

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