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Con la opinión de Héctor Dávila

Otro más en una larga lista de accidentes y la suspensión de su próximo "show aéreo" han puesto de nuevo en los titulares el cuestionamiento de qué es lo que está pasando con la Fuerza Aérea Mexicana (FAM).

Durante este sexenio se ha gastado más que nunca en comprar aeronaves militares y sin embargo es decepcionante que dichas inversiones se hayan hecho con tal desatino que no se haya logrado que la FAM cumpla con su misión primordial, que es garantizar la defensa del espacio aéreo mexicano, pues se sigue careciendo de radares y de aviones interceptores modernos y confiables.

El avión accidentado la semana pasada, matrícula 2048, es uno de los nuevos entrenadores turbohélice Beechcraft T-6C+ TEXAN II (de hecho era el más nuevo de la flota), de los que en poco más de tres años de uso se han accidentado otros 6 y sufrido muchos incidentes, valuados en promedio en 8.5 millones de dólares cada uno.

Sesenta de estos aviones, popularmente conocidos como "Tejanos", fueron adquiridos junto con otros 25 entrenadores Grob G-120T, lo que representó un gasto de más de 10 mil millones de pesos, tremenda inversión que francamente significa un despilfarro que no aporta verdaderos beneficios al país, ya que no se necesitan, desde ningún punto de vista, tantos entrenadores, pues además se cuenta con más de 30 Pilatus PC-7 con muy pocas horas de vuelo encima y más de una veintena de Cessnas, cuando al mismo tiempo se carecen de aviones de primera línea, salvo por apenas tres tristes tigres F-5E/F obsolescentes y que al parecer aún se encuentran en posibilidad de estar operativos.

Una grave falta de visión y la carencia de una doctrina moderna de lo que es el poder aéreo entre los altos mandos militares han creado una fuerza aérea en México ineficiente y costosa, lejos de lo que realmente se necesita. Un análisis de las flotas de diferentes fuerzas aéreas del mundo nos permite saber cuál sería una relación sana entre el número de entrenadores turbohélice y el de aviones jets de combate y alto desempeño de primera línea, que de acuerdo a un estudio de más de 40 fuerzas militares, el promedio mundial resulta ser de 3.6 aviones de combate por cada entrenador. Por ejemplo la fuerza aérea estadounidense (USAF) tiene 2,620 jets y 512 entrenadores turbohélice, Japón tiene 604 jets y solo 49 entrenadores turbohélice, o Chile que posee 82 jets de primera línea (incluyendo cazas F-16) y solo 18 entrenadores turbohélice (adjunto se puede ver un cuadro comparativo de esta relación en varias fuerzas aéreas).

Incluso hay fuerzas aéreas muy modernas que prescinden por completo de turbohélices y solo usan entrenadores de hélice a pistón, aún más sencillos y económicos, como España que tiene 233 jets y 53 entrenadores a pistón, o Italia que cuenta con 373 jets y 75 entrenadores de pistón. Más aún, Alemania en su poderosa Luftwaffe utiliza 268 jets de combate y ni un solo entrenador, si, ni uno, pues inteligentemente resuelve sus necesidades de entrenamiento contratando la capacitación básica de sus pilotos en Estados Unidos.

Por todo lo explicado resulta ilógico que México tenga alrededor de 113 entrenadores turbohélices y solo tres cazas, aún la relación de entrenadores con respecto a toda la flota es desproporcionada. Uno se pregunta ¿de dónde salió la idea de comprar tantos? Bueno, en principio creo que hubo buenas intenciones en el deseo de modernizar a la FAM, fue la ejecución lo que falló.

Los T-6C fueron una compra caprichosa dentro de la FAM, simplemente se preocuparon por llenar "cuadros" y no necesidades, y son la herencia de una mala costumbre, pues simplemente se buscó sustituir con ellos casi el mismo número de PC-7 que a su vez sustituyeron a los T-28 y estos a los originales AT-6 de la Segunda Guerra Mundial, queriendo mantener una estructura obsoleta de escuadrones dizque de combate equipados con entrenadores, mentalidad que data de hace más de 70 años.

La historia de estos aviones desde el principio empezó mal, pues para sustituir el mismo esquema ya obsoleto de entrenadores doblando como aviones de primera línea se había decidido reemplazar los Pilatus PC-7 con su sucesor, el PC-9, por lo que se adquirieron los primeros dos en 2006 a un costo unitario de 6.8 millones de francos suizos de aquel entonces, pero por quién sabe qué oscuras triquiñuelas cambiaron de repente de opinión y prefirieron el Beechraft T-6, que en realidad no es otra cosa que un PC-9 fabricado bajo licencia en Estados Unidos al gusto de la USAF.

Esta decisión fue el primer paso para tirar millones a la basura, pues uno de los PC-9 se perdió en un accidente y el otro simplemente se abandonó y se dejó de mantener, despilfarro millonario que es un verdadero crimen, pero no es raro que la FAM haga ese tipo de cosas (como el caso de los helicópteros rusos Mi-26 o más recientemente el de los C-27J Spartan, de los que se compraron 4 por un monto de 160 millones de dólares hace tan solo unos 6 años y que hoy apenas vuela uno y los otros, faltos de mantenimiento, ya hasta los canibalizan). Además el primer contrato por los Texan se lo dieron nada menos que a Tradeco, una empresa ligada a escándalos de corrupción y malos manejos, responsable de vergüenzas como la "estela de luz" y el famoso socavón de la autopista Del Sol, al grado que incluso Beechcraft la demandó por incumplimientos contractuales relacionados con los mismísimos aviones de la FAM.

Pero poniendo a un lado los cuestionables negocios de la SEDENA con empresas como Tradeco, la versión T-6C+ que adquirió México resultó ser un avión muy caro (casi cuesta el doble que un T-6A como los que usa la USAF y casi el triple de operar que un PC-7) y plagado de problemas técnicos, padece de mucho desgaste en sus ruedas y tren de aterrizaje al operar en las elevaciones y temperaturas habituales del país, ya que es una versión que resultó ser más pesada.

Pero más grave es que sus sistemas electrónicos y de seguridad, como el sistema de escape de emergencia, no son componentes con los que una organización como la FAM esté habituada a lidiar y de los 55 que aún le quedan normalmente están fuera de servicio 25% de ellos, por vencimiento de las actualizaciones de la computadora integrada de aviónica  (Integrated Avionics Computer) y de los servicios de los asientos expulsores, que son recurrentes. Estos y otros problemas relacionados con los proveedores, aduanas y los tiempos de entrega de las refacciones hacen que el promedio de tiempo en el que un T-6C+ de la FAM este parado por este tipo de mantenimiento sea de cinco meses, disminuyendo notablemente la disponibilidad de estos aviones, pese a que son prácticamente nuevos.

En lo referente a la funcionalidad de estos aviones como interceptores para proteger nuestro espacio aéreo, su desempeño por ser de hélice, su carencia de radar y de armamento (pues no fueron diseñados para combate y se les artilla con armamento de práctica o ligero), los hace prácticamente inútiles. Claro, me dirán algunos que México es un país de paz, sin enemigos externos y que no necesitamos aviones de combate, pero se equivocan, México está enfrascado en una tremenda guerra contra el narcotráfico y reportes de especialistas colombianos han demostrado que los traficantes están usando, cada vez más, veloces jets ejecutivos para transportar la droga hacia los Estados Unidos, aviones que pasan casi totalmente impunes por el espacio aéreo mexicano. Y si no fuera así, de todas formas, como ya lo expuse, es innecesario tener tantos entrenadores tan caros. De hecho como anécdota, he platicado con ejecutivos de firmas de aviones de adiestramiento de varias partes del mundo y todos se sorprenden de que México tenga tantos, y coinciden en que con unos 25 aparatos la FAM debería tener resueltas sus necesidades de adiestramiento. Incluso es muy ineficiente que 125 pilotos estén asignados a los escuadrones de T-6C cuando la misma FAM se queja de sufrir escasez de pilotos, todavía más si tomamos en cuenta que vuelan muy poco, apenas por encima de las 6 horas mensuales, por lo tanto todos los aviones están muy subutilizados.

El hubiera no existe, pero sin verme "chairo" y decir que mejor se hubieran invertido tres cuartas partes del dinero gastado en aviones de entrenamiento en casas para damnificados (alcanzaría para unas 16 mil casitas), sin duda hubiera sido mejor invertir ese dinero en una capacidad real de intercepción y combate aéreo, pero la oportunidad se perdió y dada la clara política de austeridad del virtual presidente electo, pasaremos muchos años padeciendo las malas decisiones con una flota militar excedida en entrenadores costosos y sin capacidades significativas para la defensa aérea.

Sobre el accidente del pasado 18 de julio, el general Salvador Cienfuegos, Secretario de la Defensa Nacional, actuó correctamente al suspender las actividades aéreas que pudieran poner en riesgo más vidas, especialmente el espectáculo aéreo. Desde hace varios años hemos visto un claro e indiscutible ascenso en los índices de accidentes que lamentablemente han costado muchas vidas, incluidas las de civiles inocentes, y los mandos no han logrado revertir esta terrible tendencia. Ese es el tema quizá más importante dentro de la FAM y que está aún pendiente de ser resuelto.

Creo que la suspensión es un acto responsable, sobre todo en tanto no se sepa qué es lo que pasó con el Texan caído en Oaxaca: Hay muchas versiones, incluso periodísticas, de que se le desprendieron las alas durante las maniobras, lo que de ser verdad debería significar poner a toda la flota en tierra para su revisión ante el peligro de una posible falla estructural. Sin embargo, los reportes más veraces de los que he tenido conocimiento hablan de que el motor del aparato perdió potencia y los pilotos, el capitán Carlos Reséndiz Cruz y el teniente Luis Humberto Ortiz Castañeda, trataron de controlarlo al limite para que cayera en una zona segura dentro de la Base Aérea de Ixtepec, saltando apenas en el último instante arriesgando sus vidas para que nadie saliera herido en tierra y tratando de salvar el avión, en un claro ejemplo de profesionalismo y pilotaje que hay que reconocer.

Saludos

Héctor Dávila.

 

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