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Autor: Con la opinión de Héctor Dávila

Misiles, pilotos suicidas y la corrupción de autoridades y operadores se han revelado como los más grandes peligros para la aviación en este siglo.

La tecnología aeronáutica ha llevado al avión a posicionarse sin ninguna duda como el medio de transporte más seguro, gracias a la sofisticada automatización de las aeronaves, los avances en computación y en los sistemas de capacitación a través de simuladores que replican la realidad con total exactitud, junto con muchas otras fabulosas herramientas tecnológicas (como el GPS, que un amigo dice que es mejor invento que el avión y hasta que la misma rueda) y aunque los nuevos pilotos estén dejando de ser un tanto aviadores y un poco más operadores, las nuevas tecnologías a su alcance han permitido hacer del vuelo una actividad muy pero muy segura; año tras año la industria se ufana de haber tenido un año más seguro que el anterior, pese al crecimiento sostenido del número de vuelos por todo el mundo.

Sin embargo aún se dan tragedias espantosas, que enlutan al mundo de la aviación, sobre todo porque dejan la frustrante sensación de que nada o muy poco se puede hacer para evitarlas, como cuando una intervención ilícita, ajena a los procesos del vuelo es la causa. Me refiero a acciones de terceros, de criminales, de locos y corruptos, que son la causa principal de estas tragedias.

Sobre uno de estos terribles casos, el pasado 25 de mayo autoridades holandesas, tras la más grande investigación judicial llevada a cabo en los Países Bajos, han develado que están plenamente seguros que la causa de la terrible caída del vuelo MH17 de Malaysian Airlines el 17 de julio de 2014 sobre Ucrania, que cobró 298 vidas, fue el disparo intencional de un misil por parte de tropas rusas.

Más de 200 investigadores y docenas de fiscales así lo han determinado y se han propuesto firmemente llevar ante la justicia a los culpables, con el apoyo de Australia (país que junto con Holanda representan las nacionalidades del mayor número de víctimas en esta tragedia) Malasia, Bélgica y Ucrania.

Los resultados de las investigaciones señalan que, sin temor a equivocarse, fue la 53a Brigada de Cohetes Anti Aéreos del Ejército Ruso, parte del 20 Ejército de Guardias, con base en Kursk, la que disparó el misil 9M38 contra el infortunado vuelo. También se ha descartado por completo la teoría de que el misil fue disparado para atentar contra el avión del propio presidente ruso y que se habrían confundido de blanco, y simplemente se considera inadmisible que armas de tal sofisticación puedan ser disparadas contra aviones civiles "por error". Se trata de un tipo de crimen que la comunidad internacional no quiere dejar impune, y de hecho ya se prepara un Tribunal Internacional para castigar a los monstruos que cometieron tal barbaridad. Rusia, en la antesala de ser anfitrión del Mundial de Fútbol, está quedando muy mal parada negando las acusaciones y echándole "la bolita" a los ucranianos.

Y también se revivió en los medios otro caso donde Malaysia Airlines infortunadamente es protagonista, y me refiero a la famosísima desaparición del vuelo MH370 con 239 personas a bordo sobre el Océano Índico el 8 de marzo de 2014.
En este caso se ha dicho erróneamente que no hay rastro alguno del avión y se han tejido toda clase de teorías sobre lo que le pudo pasar al Boeing 777, pero la verdad es que no hay duda de que el avión se estrelló y ya se han recuperado 20 piezas que fueron parte del aparato, plenamente identificadas, incluyendo un flaperón, partes del estabilizador derecho, del ala y de una aleta hipersustentadora.

Evidentemente mientras no se encuentren restos de los pasajeros, tanto legal como moralmente existen problemas muy serios que no permiten simplemente cerrar el caso y los esfuerzos e investigaciones continúan, pero resaltó y corrió como pólvora prendida en los medios la semana pasada, que un panel de expertos concluyó que la causa más probable de la caída del avión malayo fue la acción deliberada del piloto, capitán Zaharie Ahmad Shah, en un terrible acto suicida.

Esa teoría plantea que Zaharie despresurizó el avión después de apagar el transponder y el equipo de comunicaciones de la aeronave. En pocos minutos, todas las personas a bordo quedaron inconscientes por falta de oxígeno y conducidos hacia la muerte. ¿Las razones del supuesto suicidio de Zaharie? Su matrimonio había "tronado" y su esposa estaba por dejarlo. "Quiso matarse", dijo desde el panel de 60 Minutos el veterano investigador canadiense Larry Vance.

Aunque el equipo oficial de investigadores australianos está en contra de esta versión y han señalado muchas razones para ello, también han tenido que reconocer que la teoría del piloto suicida es plausible.

Sin embargo, y aunque no se ha probado nada en este caso, la posibilidad de que los propios pilotos estrellen deliberadamente los aviones causa pánico y la saluda mental de las tripulaciones, o su posible afiliación a grupos extremistas, son tema de gran preocupación por las enormes proporciones de las tragedias sucedidas por estas causas, como el famoso y bien documentado caso del desequilibrado piloto alemán Andreas Lubitz, que estrelló deliberadamente un Airbus A320 de Germanwings con 149 personas contra una montaña, el 24 de marzo de 2015.

Estas pesadillas, de pilotos locos y militares dementes atentando contra las aeronaves, lamentablemente no son guiones cinematográficos, si no peligros reales y que han causado varias de las peores tragedias de la aviación. Pero hay otro riesgo en el aire que debe preocuparnos tanto o más que estas locuras: la corrupción.

Un caso muy preocupante es el de México, donde tristemente ya se está haciendo común que después de la caída de un avión con la bandera tricolor comiencen a salir a la luz las irregularidades en licencias, permisos, seguros, mantenimiento y capacitación que una corrupción incontrolable ha permitido y que ha costado muchas vidas.

Desde el accidente en noviembre de 2008 del avión del Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, que destapó a todos niveles estas prácticas criminales, se han sucedido todo un desfile de tragedias similares, con las mismas cochinadas detrás... 
¡Es increíble que ya han pasado casi diez años del accidente del Learjet de Mouriño y seguimos en las mismas!

La más reciente catástrofe, con 112 muertos a cuestas, fue la del Boeing de Aerolíneas Damojh (alias Global Air) en Cuba, avión y empresa que con un poco de sentido común se puede saber que no deberían haber estado operando. Bastaba darse una vuelta por su disque taller en Celaya (donde para empezar ni siquiera la pista tiene las características para operar con seguridad un Boeing 737-200) para constatar lo chafa de esta pseudo-aerolínea y sin embargo, con la complacencia de autoridades corruptas e ineptas, obtuvo sin problemas todos los permisos y certificaciones.

Que existan operadores y autoridades tan corruptas me da más miedo que un piloto loco suicida o que un imbécil armado con un misil antiaéreo, y es una gran vergüenza que, a diferencia de las otras tragedias aéreas que se siguen en los medios, podamos anticipar que en México no habrá una exhaustiva investigación y mucho menos que sean llevados los culpables ante la justicia.

Claro, en la Subsecretaría de Transportes  llevan años presumiendo que ya está lista la modernización de la Dirección General de Aeronáutica Ciivil y la creación de un ente independiente para la investigación de accidentes, pero simplemente no lo han querido hacer, y todavía tienen el descaro de decir que la seguridad aérea ha sido su prioridad...

Ojalá que por lo menos pese en la conciencia de los dueños de Global Air y de las autoridades que se prestaron a concederles los permisos, la terrible pena de ciento doce vidas segadas tan injustamente.

Saludos

Héctor Dávila.

Wing

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