En su esquina, de calzoncillos colorados, el retador Andrés Manuel "El Peje" López Obrador, hizo apenas movimientos de calentamiento previos a lanzarse al ring soltando ganchos y "jabs" tratando de derribar al corpulento Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Su feroz embestida hizo gritar eufóricos al público y a los medios, que se levantaron de sus asientos ante la sorprendente acción: El púgil, conocido también como AMLO, complementó el golpe directo de amenazar con cancelar la obra con el "uppercut" de buscar un amparo para bloquear los intentos de blindar financieramente el proyecto y organizar, junto con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Cámara de la Industria de la Construcción, una comisión de 15 técnicos para revisar a fondo la viabilidad del tan mentado nuevo aeropuerto.

Los golpes desataron la locura entre la afición: la Presidencia de la República y la muy comprometida Secretaria de Comunicaciones y Transportes con toda su tropa, apoyándose en MITRE, un consultor supuestamente muy independiente, respondieron categóricamente que no hay de otra más que seguir adelante con el proyecto y que hacer un aeropuerto más barato en Santa Lucía, como quiere AMLO es, aeronáuticamente hablando, imposible, por muchas razones técnicas francamente  innegables, como las trayectorias de los aviones, las limitaciones del espacio aéreo, la orografía, el tipo de terreno y la lejanía.

Incluso la influyente y bien informada Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO) declaró tajante que no le compete a la CCE opinar y que para las aerolíneas sería un costo catastrófico el tratar de operar en otro lugar que no sea donde se construye actualmente la nueva terminal, negándose a cualquier diálogo en este sentido, pues ese tema se discutió y analizó en su momento hasta la saciedad.

Los otros candidatos presidenciales también saltaron a la campal: Ricardo Anaya calificó la propuesta de AMLO de "absoluto disparate", mientras que Antonio Meade sostuvo que el Estado de Derecho no se discute, por lo que hay que rechazar una mesa de análisis de viabilidad del NAIM, pues se deben honrar los contratos que el Gobierno ha otorgado, a fin de dar certeza a los inversionistas. Bueno hasta Alejandra Barrales, que nomás por haber sido sobrecargo ya cree que sabe mucho de construcción de aeropuertos, no se dilató en dar su dizque docta opinión, apenas detrás del jefazo de la Gran Ciudad, Miguel Ángel Mancera, que con todo y que el aeropuerto será en el vecino Estado de México, se manifestó de acuerdo con que el proyecto no puede ser cancelado, y lo consideró "urgente".

Finalmente el sector empresarial logró unificar criterios y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), la Cámara Nacional de Aerotransportes (CANAERO), la Cámara de la Industria de la Construcción (CMIC) la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar), la Cámara Nacional del Autotransporte de Transporte Público y Turismo (Canapat) y la Cámara Mexicana de la Industria del Transporte Marítimo (Cameitram) firmaron un texto en conjunto en el que se exhorta a todas las campañas electorales a no politizar un tema de trascendencia para la competitividad del País, señalando que los compromisos contraídos conforme a derecho no pueden ponerse en riesgo; ya que la certeza es indispensable para la inversión y el desarrollo y reafirmaron su respaldo a agilizar la obra del NAIM, al tiempo que aseguraron que contar con una infraestructura aeroportuaria moderna es fundamental.

En fin, todo el mundo se puso contra AMLO, pero aquí me preocupa que, si las ocurrencias del "pejeaeropuerto" son puras locuras y tonterías ¿por qué se ha creado tanto borlote? ¿Por qué se preocupan en contestarle con tanto encono? ¿Por qué no simplemente aplican el dicho ese de "a palabras de borracho oídos de cantinero"?
Especialmente porque AMLO se conduce como si fuera un hecho consumado que va a ser Presidente, y sus antagonistas le dan a sus dichos tal importancia.

Es obvio que el candidato no podría parar la oferta pública del fideicomiso por 30 mil millones de pesos en títulos de Fibra E que este lunes comenzaron a operar en la Bolsa Mexicana de Valores, con el fin de obtener más recursos para la obra del NAIM, ni puede tampoco darse el lujo, en caso de ser electo Presidente, de generar la inestabilidad y descrédito internacional que sufriría el país al deshonrar los compromisos contractuales signados para una obra de tal magnitud. Pero lo que sí está haciendo con maestría es desarrollar un debate mediático alrededor de un tema estratégico, donde aparece "sólo contra el mundo" como un paladín anticorrupción y en el que ha podido confundir a la opinión pública entre los conceptos de revisar la viabilidad y la transparencia del proyecto. Una cosa es cancelar la obra (lo que es inviable) y otra es auditarla (lo que ya es imprescindible).

El reflector que ha dirigido AMLO hacia el NAIM en todos los escenarios ha dejado por lo menos algo muy bueno, pues si bien los que estamos más cercanos al indómito y salvaje mundo de la aviación sabemos que el nuevo aeropuerto es imprescindible, incambiable e impostergable, ahora no hay sector político, social o empresarial que no esté de acuerdo en que el proyecto tendrá que ser exhaustivamente revisado, no en términos de viabilidad, si no de transparencia. Y parece que esta posibilidad tiene a muchos muy nerviosos...

Y es que como lo he dicho antes, gane quien gane la Presidencia de México, no podrá eludir la presión que ya se ha desbordado con este asunto, y las cuentas de la polémica obra se tendrán que poner bajo la más potente lupa, mismas que ya a "vox populi" se consideran plagadas de irregularidades y manoseadas por el pulpo horrendo de la corrupción.

Como muestra nada más basta mencionar el caso de la barda perimetral del nuevo aeropuerto, obra que se concesionó a la Secretaria de la Defensa Nacional y que según investigaciones dadas a conocer esta semana por Aristegui Noticias, su costo fue elevado en un 89%, pasando de 547 millones de pesos a 2,930 millones, además de retrasarse en su ejecución más de 500 días. Pero todavía más grave, en esos trabajos se detectó la participación de dos empresas "fantasma", constituidas en marzo de 2014 con tres minutos de diferencia, contratadas para surtir más de 10 millones de pesos en materiales diversos y que según Aristegui no tienen ni domicilio ni accionistas reales.

Con este tipo de "detallitos" saliendo a la luz pública no hay duda que este proyecto tan necesario e importante debe convertirse también en ejemplo de transparencia total, sobre el que quede toda la tranquilidad de que no hay transas ni corruptelas detrás y, en caso de que existieran, se castigue a los que hayan traicionado la confianza que se les otorgó. Es igual de importante tener certeza sobre los verdaderos avances de la obra, la verdadera dimensión de sus costes y la realidad del financiamiento adicional que está recibiendo, pues de todo esto dependen en gran medida los planes de crecimiento de la aviación comercial mexicana para los próximos años.

Sin embargo resulta frustrante que, habiendo tantos temas aeronáuticos importantes que desarrollar y por los cuales debatir en México, los políticos sólo se estén ocupando en enfocar su atención sobre el tan traído y llevado pleito por el Nuevo Aeropuerto Internacional.

Saludos

Héctor Dávila

 

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