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Autor: Con la opinión de Héctor Dávila

 

¡Bombardier! Dejando boquiabiertos a los analistas especializados de todo el mundo, la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC por sus siglas en inglés) noqueó de un solo golpe las pretensiones de Boeing por impedir que la empresa canadiense entrara con libertad al mercado estadounidense con su birreactor regional CSeries.

La decisión por unanimidad de los cuatro integrantes del panel del USITC no solo dejó en la lona la posibilidad de imponer un impuesto del 292% a la importación del avión, si no que de inmediato disparó el valor de las acciones de la jubilosa Bombardier, pero más importante, dio un golpe contundente a favor de la razón y el libre comercio, en un momento por demás crítico en el que Estados Unidos, Canadá y México barajan en una tensa partida el futuro del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Boeing, pese a ser la campeona en ingresos netos de la industria de la aviación comercial mundial y a no tener un producto que el CSeries amenace directamente, se emberrinchó confiando en el apoyo de la retórica proteccionista y anti-importaciones del presidente Trump y pensó que Bombardier era muy enclenque como para enfrentarse a su gran musculatura, pero se desplomó como Goliath frente a David, perdiendo de todo, principalmente amigos.

Primero, aceleró con la demanda que Airbus y Bombardier cerrarán filas en una asociación que los hizo un rival aún más fuerte; segundo, ocasionó que los gobiernos inglés y canadiense (y sus cientos de miles de trabajadores del sector aeroespacial) repudiaran a la firma norteamericana amenazando con una guerra comercial y detuvieran una compra de cazas Boeing F/A-18 para la Real Fuerza Aérea Canadiense valuada en más de 5 mil millones de dólares, la que probablemente no pueda recuperarse; en tercer lugar, irritaron a su clientela, como Delta y otras aerolíneas que solo buscan las mejores opciones para ser competitivas y a las que no les gustó nada que Boeing les quisiera cerrar esa libertad y, finalmente, boicoteó sus propias aspiraciones de asociarse con Embraer, ya que tras la noticia del fallo el viernes pasado, los brasileños presurosos anunciaron que no hay posibilidad alguna de que Boeing compre Embraer o adquiera control alguno sobre la empresa.

Boeing reclamaba básicamente dos puntos: que Bombardier recibió del gobierno canadiense apoyos que considera subsidios ilegales y que vende el  CSerieres a precios muy bajos en una práctica de competencia desleal conocida como "dumping".
Sin embargo, la USITC dejó claro que "Boeing no sufrió daños materiales" con las prácticas comerciales de Bombardier.

La USITC con toda seguridad consideró, entre los muchos riesgos que se derivarían como consecuencia de que se hubiera castigado al producto canadiense con tan alto arancel, lo absurdo de que con tal medida se hubiesen afectado muchísimos empleos en Estados Unidos, pues gran parte de los componentes del CSeries son, irónicamente, de origen norteamericano.

Finalmente la gigante norteamericana no logró realmente nada, Delta sigue adelante con la adquisición de sus 75 CSeries, y sus archirrival Airbus se fortaleció al hacer mancuerna con Bombardier en la administración de este programa. Increíblemente Boeing tuvo la gran oportunidad de comerle el mandado a su competencia y salir ganando de todo este enredo, pues el verano pasado el gobierno canadiense la invitó a resolver la disputa con la opción de asociarse en el programa CSeries, pero los jefes de Chicago despreciaron la oferta. Quizá pudo más el orgullo que la razón.

La fantasía de eliminar a la competencia de un espadazo y quedarse con todo el mercado parece muy arraigada en la mente de muchos empresarios norteamericanos, esos de corte Donal Trump, que manifiestan fobia a los productos importados contra los que creen que no pueden competir directamente, una verdadera ironía en el país del "free enterprise".


La aviación norteamericana nació con ese estigma: Los hermanos Wright desperdiciaron su tiempo y energías combatiendo en los tribunales a todos los que querían desarrollar la industria aérea en su país, obsesionados con ser los únicos y absolutos dueños del invento del avión y acusando de invasión de patente a diestra y siniestra, desalentando el desarrollo tecnológico al grado que, casi diez años después, cuando empezó la Primera Guerra Mundial, ¿qué creen? que Estados Unidos era el país más atrasado en cuanto aviación comparado con sus aliados y rivales, y ningún avión estadounidense estaba al nivel de los franceses, ingleses, alemanes o italianos, por lo que las fuerzas estadounidenses tuvieron que pelear equipadas en su totalidad con aeroplanos extranjeros.

Sin duda la peor práctica comercial es querer eliminar a la competencia bloqueando su desarrollo, en vez de ser más competitivos y eficientes, aún más cuando se trata de bloquear el desarrollo de productos que ni siquiera son competencia directa, pues de sobra se ha explicado que el CSeries no compite directamente con ningún modelo de Boeing, aunque claro está que el verdadero y muy odiado enemigo es el consorcio europeo Airbus, con quien Boeing mantiene una competencia feroz y muy pareja. Airbus se esfuerza por presumir que cada año coloca más pedidos (en este 2017 cerró con 1,109 ordenes mientras Boeing obtuvo 912), pero Boeing por su lado sostiene ser mejor basado en liderar las entregas, que según representan negocios reales e ingresos concretados, habiendo entregado el año pasado 763 aviones frente a los 718 entregados por Airbus.

Pese a todo Boeing sigue erguido como un gran gigante, su solidez es indiscutible, el precio de su acción en el Dow Jones casi se duplicó en un año y en las primeras semanas del 2018 creció un 16% adicional, siendo la gran favorita de los inversionistas norteamericanos, y más allá de lo ilógico de que, gozando con tal fortaleza, se haya aventurado en esa inútil disputa contra Bombardier, de todo este embrollo se ha desprendido por lo menos algo bueno: ahora sabemos que en Estados Unidos hay autoridades capaces y responsables que, ante las nefastas políticas de comercio exterior de Trump, están dispuestas a hacer valer el imperio de la razón y tomar el sabio camino de evitar una guerra comercial, como la que se estaba gestando por este asunto con Canadá e Inglaterra, misma que hubiera resultado muy cara para todos.

Saludos

Héctor Dávila C.

 

EditorialCS300

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