En la guerra moderna se habla de conceptos como "superioridad aérea", "supremacía aérea" y más recientemente hasta de "dominio aéreo", conceptos que a fin de cuentas se refieren a que quién tiene el control del cielo tiene el control del suelo; y eso se logra usando el "poder aéreo" para negar  o impedir al "enemigo" la posibilidad de volar sobre el campo de batalla e incidir en él con su propio poder.

Y eso ha estado tratando de hacer la descomunal y poderosa The Boeing Company en su guerra comercial contra la canadiense Bombardier, negarle la posibilidad de volar sobre su territorio, en una muy desigual "pelea de perros" donde, como en la guerra, todo se vale.

El golpe más fuerte y reciente es que el alegato en la disputa legal de Boeing contra su rival de más al norte, de que hace trampa recibiendo subsidios del gobierno de la hoja de maple, gracias a los que puede vender muy barato el nuevo jet CSeries, fue secundado por el Departamento de Comercio estadounidense, al fallar a favor de castigar a la "tramposa" firma canadiense con un impuesto del 220% a la importación del mentado avión.

Por supuesto que hacer válido este arancel aún está lejos de verse, pues existe la barrera del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, que está en revisión pero vigente, y que protege los productos canadienses, además que la decisión, más bien la recomendación, del Departamento de Comercio debe revisarse hasta febrero del 2018, y se tendrá que analizar con mucha calma el "detallito" de que 55% de los componentes del CSeries son nada menos que "Made in USA".

La rabieta y necedad de Boeing solo ha servido para patear un avispero político que a nadie beneficiará, bueno casi a nadie, pues en Brasil ya están enfriando la champán para festejar los beneficios que esta ridícula "guerrita" le traerá a Embraer, pues el producto de Bombardier viene siendo su único competidor en el mercado de 100 asientos.

¿Y por qué digo que esta confrontación es ridícula? En primer lugar porque los gobiernos de Canadá y del Reino Unido no van a permitir el declive de Bombardier. Además de los miles de empleos en Canadá, en Irlanda más de 4,500 personas trabajan directamente en la fabricación del polémico avión y los políticos ingleses necesitan de sus votos. Los Primeros Ministros de ambos países ya amenazaron con contraatacar desistiéndose de comprar productos Boeing, como los cazas F/A-18 que la Real Fuerza Aérea Canadiense necesita, y que sería pegarle donde más le duele a los norteamericanos.

En segundo lugar, el alegato de la Boeing escandalizada por la "sucia" práctica de la canadiense de usar subsidios gubernamentales y así vender barato resulta en algo así como cuando "el comal le dice a la olla", pues Boeing ha sido siempre criticada por los favores y apoyos gubernamentales que ha disfrutado por décadas, especialmente a través de jugosos contratos militares, además de que es el principal cliente del organismo estatal US Export-Import Bank, que ha financiado las actividades de venta de Boeing, al grado que a esta institución le apodan jocosamente en Washington como el "Banco Boeing". En pocas palabras, los subsidios y apoyos gubernamentales son normales en la industria aeroespacial a nivel mundial.

En tercer lugar, si bien es cierto que el gobierno de Quebec ha invertido y subsidiado con más de mil millones de dólares el desarrollo del Bombardier CSeries , mientras que Ottawa ha apoyando con poco más de 372 millones, principalmente para impedir la quiebra de la empresa y conservar los empleos (lo que permitió a Delta Airlines adquirir el avión a muy buen precio) las compras de empresas norteamericanas de este tipo de avión no afectan en nada a Boeing, simplemente por que al momento de esas ventas Boeing no ofrece en su catálogo de productos ningún avión que compita directamente en ese segmento. El CSeries 100 es un avión de 108 a 125 pasajeros con alcance de 1,500 millas náuticas, mientras que el Boeing 737-700NG es para entre 126 y 149 pasajeros con el doble de alcance, por lo que parece que el único miedo justificable de Boeing es que el CSeries triunfe y proliferen sus versiones más grandes, como el CSeries 300, el cual podría ponerse al tú por tú con la versión más corta del 737, pero ese es un escenario aún lejano.
Así las cosas, en el aquí y ahora, resulta increíble que Boeing se enfrasque en una lucha por un mercado donde realmente no participa, quitar de en medio a Bombardier solo beneficiaría, como mencioné antes, a otra empresa extranjera, a la brasileña Embraer... ¡Nadie sabe para quién trabaja!

Por tanto, el celo feroz de Boeing contra Bombardier resulta en gran medida incomprensible, tanto como la tontería del Departamento de Comercio de arremeter contra una empresa como la canadiense, que es en gran medida fuente de empleo para miles de estadounidenses, o la cerrazón del gobierno de Washington que apoya el desplante de Boeing sin reparar en que bloquearía la puerta a unos de sus mejores clientes y socios en materia aeroespacial, como son Canadá e Inglaterra.

En este conflicto todos los involucrados pierden, pero esa es la esencia de toda guerra: es simplemente una locura.



Saludos

Héctor Dávila

 

BombardierC

 

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