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Autor: Con la opinión de Héctor Dávila

Entramos al "mes patrio" de México preparándonos para las celebraciones conmemorando la gesta de Independencia, al tiempo que se vislumbra el resurgimiento de un nuevo y muy ansiado movimiento independentista: el de la DGAC.

Resulta que se ha revivido el proyecto de darle a la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) una nueva identidad jurídica que le permita realizar mejor sus funciones.

Hace tres años aplaudíamos el anuncio de la creación de una organización independiente para regular la aviación en México, la que sería llamada Agencia Federal de Aeronáutica Civil (AFAC), lo cual dada la complejidad y crecimiento de esta industria era ya apremiante. Sin embargo, como mencionamos en otra ocasión, este proyecto, al congelarse, se había convertido en el gran fracaso de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes  (SCT) en este sexenio, particularmente de la subsecretaria de transporte Yuridia Mascott, a quién muchos consideramos bastante desinteresada en asuntos aeronáuticos.

Y como diría Ripley, "aunque Ud. no lo crea", se están dando grandes y acelerados pasos para resolver este pendiente, lo cual tenemos que reconocer con mucho gusto. La nueva AFAC que sustituirá a la DGAC, que podría estar en funciones tan pronto como octubre próximo, no significará un gran cambio en la estructura de la DGAC, que actualmente está integrada por cinco Direcciones Generales Adjuntas y 6 Regiones, pero aunque pequeño, el cambio implicará un gran paso y mejoras sustanciales.

Esta nueva autoridad aeronáutica no será un organismo descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propio como lo es Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), sino un órgano desconcentrado parecido más a lo que es SENEAM (Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano).

La AFAC seguirá dependiente de la SCT, pero tendrá su propio presupuesto y autonomía orgánica, lo que significará una importante diferencia. Por ejemplo, en la actualidad son los Centros SCT los que manejan los recursos del sector a nivel nacional, lo que perjudica a las Regiones y Comandancias de la DGAC, mientras que la nueva organización permitirá asignarles recursos directamente y aumentar su eficiencia. 

También podrán asignarse mejores ingresos a los inspectores y comandantes, los que tienen inmensa responsabilidad en la certificación de costosas aeronaves y su operación a cambio de sueldos muy bajos y, como sabemos, los bajos salarios muchas veces están asociados a problemas como la corrupción y la incompetencia de funcionarios públicos. En otras palabras, la autoridad aeronáutica administrará los recursos de su presupuesto directamente y en relación a sus propias prioridades, contribuyendo mejor al mantenimiento de la seguridad aérea y elevando la calidad de los servicios de los servidores públicos de la aviación.

El cambio no implicará costos importantes ni afectaciones laborales y los tres sindicatos de la DGAC ven con buenos ojos el proyecto.

Aunque aún está en el tintero el no menos importante asunto de la necesidad que existe por contar en México con una agencia independiente de investigación de accidentes, la creación de la nueva Agencia Federal de Aeronáutica Civil es un tema fundamental y urgente para que el gobierno contribuya al mejor desarrollo de la aviación civil, sobre todo con el vertiginoso crecimiento que estamos presenciando en el transporte público de pasajeros. 

¡Viva la Independencia!


Saludos

Héctor Dávila

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