La semana pasada dos aviones de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) chocaron en pleno vuelo, durante los ensayos para el espectáculo aéreo proyectado para este fin de semana, en la Base Aérea de Santa Lucía, en el Estado de México.

Los dos entrenadores turbohélice Beechcraft T-6C+ Texan II (de lo más nuevo en el inventario) se destruyeron, pero afortunadamente lograron salvarse sus cuatro tripulantes gracias a los asientos expulsores con que están equipados estos aviones.

Hace dos años tuvieron un accidente similar, con el mismo tipo de aeronave, esa vez en pleno espectáculo y desde aquella ocasión, preocupados por la seguridad de los asistentes a estos eventos organizados por la Secretaria de la Defensa Nacional (SEDENA), pedimos al Instituto de Transparencia y Acceso a la Información (INAI) se nos informara, con fecha del 25 de julio del 2015, entre otras cosas la cantidad de horas de vuelo y el entrenamiento específico para demostraciones aéreas con que cuentan los pilotos de la FAM involucrados en estas actividades, y simplemente hasta el día de hoy han sido omisos en responder...

Y creo que la razón por la que evitan la responsabilidad de contestar estos requerimientos informativos es muy simple: la seguridad en la aviación militar está por lo suelos.

La FAM ha sufrido 5 accidentes aéreos en los últimos 12 meses, y ha mantenido este promedio durante muchos años, aún más, hay años como el 2012 en que sufrieron siete accidentes, de hecho desde el 2000 a la fecha se han perdido un promedio de 5.3 aeronaves militares en accidentes anualmente.

Por otro lado, en el último año la FAM acumuló unas 85,000 horas de vuelo en total, lo que es consistente con su promedio de horas de vuelo en los seis años previos, que es de 81,000 horas anuales. Con esto podemos llegar a la conclusión de que la FAM sufre un accidente cada 16,000 horas de vuelo, es decir, 6.17 accidentes por cada 100 mil horas de vuelo, un resultado alarmante para cualquier estándar.

La referencia obligada es la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), que vuela más de millón y medio de horas al año y mantiene un promedio de 1.12 accidentes por cada 100 mil horas, mientras que es inevitable mencionar también como referencia los altos estándares de seguridad de la aviación civil comercial, que en Norteamérica maneja un promedio de 0.15 accidentes por cada 100 mil horas de vuelo.

Entonces ¿Por qué volar con la FAM resulta más de cinco veces más peligroso que volar con la USAF y casi 45 veces más peligroso que volar por aerolínea? La respuesta es, básicamente, por el poco entrenamiento de vuelo que reciben los pilotos. La propia SEDENA ha informado que el 70% de sus accidentes son atribuidos a errores humanos y desde el Programa Sectorial de Defensa 2007-2012 se planteaba la urgencia de elevar el número de horas voladas anualmente por los pilotos de la FAM, ya que antes del 2009 cada uno de los pilotos militares mexicanos no volaban siquiera 35 horas al año, las que se incrementaron a casi 55 en el 2010 y en el 2016 llegaron a 78.

Si bien ha habido una notable mejoría, y en 10 años se ha logrado más que duplicar el número de las horas que vuelan cada uno de nuestros pilotos al mes (de 2.5 a 6.5), las 75 horas promedio que vuela al año cada piloto militar mexicano es menos de la mitad de lo que vuelan los pilotos de la USAF, que en promedio suman 200 horas anualmente.

Lo más grave quizá es que, pese a más de duplicar el número de horas de vuelo de sus pilotos y contar con aviones más nuevos, la FAM no ha mejorado la seguridad y continúa con el mismo porcentaje de accidentes, sufriendo en muchas ocasiones irreparables pérdidas humanas.

Pero el cuestionamiento más importante es, sabiendo el Secretario de la Defensa los altos índices de accidentes en la FAM y la muy poca experiencia de vuelo que están acumulando sus pilotos, ¿por qué toma la decisión de arriesgar al público, las tripulaciones y el equipo con la realización de espectáculos aéreos? ¿Vale la pena ese riesgo, son realmente necesarias este tipo de demostraciones?

Hemos podido constatar que en los espectáculos aéreos que ha organizado la SEDENA, a los que han concurrido más de 200 mil personas, no se han cubierto los estándares de seguridad aceptados internacionalmente para este tipo de eventos, lo cual tenemos que señalar con toda energía y preocupación.

En Estados Unidos y Canadá, las autoridades aeronáuticas (FAA y CAA) junto con el International Council of Airshows (ICA) han establecido reglas de seguridad para las demostraciones aéreas (que incluso a las aeronaves militares deben acatar) con las que han logrado que ni un solo espectador haya sufrido lesiones por accidentes en espectáculos aéreos en 60 años (las carreras aéreas no están incluidas en la estadística), donde sancionan la seguridad de cada evento mediante un programa de certificación llamado ACE.

Entre las medidas más importantes, y que hemos visto que no se toman en cuenta en los espectáculos de la FAM, es que no se deben dirigir maniobras de alta energía ni hacer trayectorias perpendiculares hacia el público, y tampoco realizar vuelos con aviones de alto desempeño (turbohélices y reactores) a menos de 1,500 pies de distancia de los espectadores. En los eventos en Santa Lucía hemos visto muchas veces a los aviones volar hacia el público y hasta sobrevolarlo, así como muchas otras acciones por las que fácilmente en Estados Unidos no se les habría permitido realizar dicho espectáculo.

La seguridad de la gente es lo más importante, tras la colisión del miércoles pasado, los aviones Texan se convirtieron en misiles al garete, y podrían haber caído en cualquier lugar ocupado por personas...

Por otro lado, con el poco equipo con el que cuenta la FAM, y las pocas horas que vuela al año debido a lo raquítico de su presupuesto para combustible y refacciones, realizar espectáculos aéreos de este tipo es una enorme irresponsabilidad. Los aviones destruidos en la realización de este "show" le costaron a la Federación, según datos de la propia SEDENA, 14.6 millones de dólares cada uno (aunque el precio unitario declarado por el fabricante es de 8 millones de dólares), o sea más de 40 millones de dólares de pérdidas entre éste y el accidente del 2015; cuantiosos recursos que se pusieron en manos de los militares para que cumplieran fines específicos: la protección de nuestro espacio aéreo, patrullaje, entrenamiento y lucha contra la delincuencia. ¿Quién responde por estos bienes que la nación perdió en actividades para las que no fueron destinados?

La delicada situación del país, con la creciente narcoviolencia, hacen imprescindible que los costosos y escasos recursos humanos y materiales con los que cuenta la FAM se dediquen a las misiones qué institucionalmente tienen encomendadas.

No estamos en contra de que se muestre al público la capacidad de las fuerzas armadas, pero las demostraciones aéreas acrobáticas las deben realizar equipos altamente capacitados y especializados, en otros países cuentan con equipos militares  de demostración aérea que sólo se dedican a eso y cuyos miembros pasan por un riguroso proceso de selección, como Los Halcones chilenos, La Fumaça brasileña, la Patrulla Águila española, los Red Arrows ingleses o los Thunderbirds de la USAF.  Sobre todo, no hay que olvidar que de lo que se trata la aviación es de que sea una actividad segura.

Creo que el Secretario de la Defensa, general Salvador Cienfuegos, debe tomar muy en serio este asunto. Tras el accidente de la semana pasada y las estadísticas expuestas se ha comprobado que algo no anda bien con la seguridad en las operaciones de la FAM y debería realizarse de inmediato una exhaustiva auditoría de todos los procedimientos y medidas para garantizar la integridad de pilotos, aeronaves y por encima de todo, la de las miles de familias asistentes a estos eventos.

Revisar todos los detalles y re configurar la exhibición para hacerla más segura, es muy probable que no pueda hacerse en una semana y quizá lo más prudente sería posponer el espectáculo, pero esa es la decisión de los altos mandos militares, ojalá sean conscientes.

Por lo pronto lo único que parece haber funcionado bien en todo este asunto son los asientos expulsores Martin-Baker, pues contando a los cuatro aviadores de la FAM ya suman 7,550 los pilotos que han salvado su vida gracias a este maravilloso dispositivo.

 

Saludos.

Héctor Dávila.

 

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