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Autor: Con la opinión de Héctor Dávila

En estos días se ha hecho viral la vídeo-denuncia de la sobrecargo de Interjet Karen Isabel Rodríguez Otero sobre el acoso sexual que afirma sufrió por parte del piloto Daniel Vazquez, hace unos meses durante una pernocta en Chihuahua.

 Indigna, y mucho, conocer de un acto tan vil y es imprescindible que la aerolínea investigue a fondo lo ocurrido y se castigue al culpable, más aún cuando la chica señala que un directivo de la empresa se tomó a la ligera su denuncia y no le creyó.

 Independientemente de los posibles delitos cometidos por el piloto y la urgencia a aclarar estos hechos, alejándonos de los asuntos penales y acercándonos más a temas puramente aeronáuticos, el desgarrador relato del drama sufrido por esta chica ilustra un problema de tripulaciones indisciplinadas e inmaduras, de reventón grupal durante las pernoctas, conductas que sin duda ponen en riesgo la seguridad aérea.

Con bombos y platillos se anuncian las inmensas cantidades de pilotos y sobrecargos que la industria aérea está demandando, pero nadie habla claro de cómo garantizar la madurez emocional de esas jóvenes tripulaciones.

Antes las aerolíneas contrataban pilotos con al menos mil horas de vuelo, procedentes de la aviación general, que pasaban por un lento proceso, casi siempre de copilotos de un piloto más experimentado, acumulando las invaluables habilidades de juicio que solo el tiempo pueden dar, para formarse en capitanes confiables, disciplinados y avezados.

 Pero ahora, con el crecimiento de más del 14% anual que experimentan las empresas, las aerolíneas no sólo contratan pilotos recién salidos de las escuelas con solo 180 horas de vuelo, si no que incluso los están contratando desde que apenas han concluido la fase de piloto privado (40 horas de vuelo) para irlos "apartando".

 El caso de los sobrecargos es igual,  las contratan a granel y no les piden ninguna formación salvo la preparatoria, y aquellas escuelas que ofrecen cursos de sobrecargo lo realizan en tan solo dos meses.

 Por supuesto que los jóvenes son, por naturaleza, sumamente hábiles para dominar las tecnologías de las aeronaves modernas, y pueden desarrollar muy rápido capacidades y conocimientos para volar con gran eficacia, pero la madurez de la tripulación, es decir la capacidad para tomar decisiones correctas y responsables, es mucho más difícil de desarrollar y toma mucho más tiempo.

 Este problema de recursos humanos se agrava dado lo corto de las carreras de los pilotos y sobrecargos y lo bien remunerados que están en comparación con otras profesiones: mientas otros muchachos de la misma edad apenas están empezando una carrera universitaria los tripulantes aéreos ya ganan buenos sueldos y prestaciones, inmersos en una actividad percibida socialmente como aspiracional y hasta glamorosa.

A esto se suma que la misma demanda ha obligado al ascenso acelerado de los capitanes, por lo que la tradicional fórmula de capitán experimentado combinado con primer oficial joven y novato ya no se ha podido sostener y vemos cada vez más en las cabinas a todos los tripulantes muy muy jóvenes, particularmente en empresas como Interjet, Volaris y VivaAerobus.

 Esta inmadurez de las tripulaciones puede representar un peligro muy grande para la seguridad aérea, no son nada raro las historias de pilotos y sobrecargos parrandeando y tomando alcohol en las pernoctas, pero más allá de ese mal comportamiento tolerado y propiciando entre compañeros, es muy importante analizar los factores humanos implícitos en esta notoria reducción de la edad promedio de las tripulaciones y sus efectos en la seguridad y, sobre todo, qué acciones deben implementarse en las aerolíneas para contrarrestar este fenómeno.

 La industria de la capacitación aérea está muy preocupada en cumplir las expectativas de las aerolíneas formando rápido y con calidad a los pilotos, pero parece que nadie tiene una respuesta al problema de la inmadurez emocional de esta nueva generación de muy jóvenes aviadores, que tienen que lidiar con la enorme responsabilidad de conducir con seguridad las aeronaves comerciales.

He aquí un nuevo reto...


Saludos

Héctor Dávila

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