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Con la opinión de Héctor Dávila

Ya sabemos que las reacciones en contra de la decisión de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de cancelar la construcción el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), apoyado en los resultados de una muy cuestionable consulta ciudadana, han sido unánimes entre los sectores empresariales y aeronáutico.

Desde el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) hasta la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), pasando por la Confederación de Cámaras Industriales (CONCAMIN), así como organizaciones aeronáuticas y de turismo, han reprobado la decisión y expresado toda clase de descalificaciones, las menos de que se trata de un grave retroceso para el desarrollo del país y una burla al Estado de Derecho, declaraciones enmarcadas por los desplomes de la moneda y del principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) como consecuencia directa de la noticia.

A simple vista resulta descabellado creer que el Presidente Electo desoiga todos los argumentos, especialmente cuando están sólidamente defendidos por tan encumbradas y respetadas organizaciones y grupos, y decida echar por tierra el urgente proyecto del nuevo aeropuerto para la megalópolis de América.

Podemos elucubrar muchas hipótesis sobre el por qué de esta decisión tan drástica, riesgosa y polémica: yo me inclino a pensar que AMLO, una vez investido como Presidente, quizá va a cambiar de opinión para estar en paz con todos y va a optar por una solución híbrida, como impulsar el sistema aeroportuario metropolitano que tanto defiende como solución a corto plazo, y dejar el NAIM como una opción viable para eventualmente concluirse con inversión privada y operarse en concesión a particulares.

Obviamente Andrés Manuel López Obrador está dando el mensaje de que ahora el que manda es él y quizá le está, como decimos en mi pueblo, "tanteando el agua a los camotes", para medir el nivel de reacción de la sociedad, los empresarios y los mercados financieros ante la que será su metodología para la toma de decisiones; pero como se puede ver, ya todo es posible y quizá hasta se le están saliendo las cosas de control...

Es difícil imaginar que los terrenos aledaños a la Base Aérea Militar No 1 "PA Alfredo Lezama Alvarez" en Santa Lucía realmente funcionen para la operación de un aeropuerto civil simultáneamente con la actual terminal capitalina, no solamente por los problemas de conectividad que afectarán la eficacia de las aerolíneas, sino principalmente por lo complejo que sería el aprovechamiento del espacio aéreo, el cual sin duda resultaría, por decir lo menos, muy conflictivo.

El ingeniero José María Rioboó, principal seguidor de la idea de cancelar el NAIM y consejero estelar de AMLO, dijo que la solución al conflicto de tránsito aéreo en su proyecto no sería problema gracias a nuevas tecnologías, y hasta desató carcajadas cuando aseveró que actualmente los aviones no pueden chocar porque "se repelen". Un poco en descargo del Ing. Rioboó, me imagino que quiso referirse al Sistema de Alerta de Tráfico y Anti Colisión (TCAS) con el que cuentan todos los aviones comerciales modernos, y lo trató de explicar de manera muy simplificada como él lo entendió, pero si bien el más actual TCAS II Versión 7.1 provee resolución de conflictos automáticamente a los pilotos para evitar colisiones en el aire, éstas son en el plano vertical y no consideran el terreno, por lo que se impone en la resolución otro Sistema, el de Alerta de Proximidad del Suelo (GPWS por sus siglas en inglés), lo que en áreas de aproximación como México y Santa Lucía, con las elevaciones de las montañas cercanas, puede llevar a soluciones automáticas anti colisión muy críticas, por lo que es bastante ingenuo pensar que esas tecnologías basten para garantizar la seguridad aérea, incluso la relación de tales dispositivos con las nuevas tecnologías, como el ADS-B (Sistema de Vigilancia Automática Dependiente), aún presentan problemas que, aunque su uso representa muy obvias ventajas, no permiten garantizar el nivel de seguridad que el equipo de AMLO cree que se puede lograr en su proyecto aeroportuario.

Incluso el dicho del Presidente Electo de que recibió el espaldarazo del gobierno de Francia para su proyecto y que la tecnología gala podrá resolver fácilmente todos los retos técnicos del control de tránsito aéreo parecen carecer de fundamento sólido, especialmente después de que la embajada francesa desmintió la existencia de tal apoyo y se desmarcó afirmando que la decisión es únicamente del Estado mexicano.

Con todo esto, más lo que ya sabemos después de tanta exposición al asunto durante las ultimas semanas, resulta dificilísimo dar un punto de vista a favor de cancelar la obra de Texcoco, incluso se calcula que las pérdidas por la caída del peso y las acciones en la BMV ya superaron el propio costo del NAIM, con lo que ya estaría saliendo mucho más caro el caldo que las albóndigas.

Quizá lo único que se pueda decir a favor de la polémica decisión es que es parte de un plan para la erradicación de la corrupción, como el propio Andrés Manuel López Obrador sostiene, debido a las sospechas de que los costos de los contratos del NAIM están súper inflados y asignados marrulleramente, lo que por supuesto debe probarse fehacientemente, pero sin embargo no creo que necesariamente sea motivo vinculante a la cancelación definitiva de la obra, sino en todo caso a una suspensión y exhaustiva auditoría.

Aquí debo decir que personas muy pero muy cercanas al desarrollo del  NAIM, que obviamente debo mantener anónimas, me confiaron desde hace tiempo que se inclinaban a favor de la cancelación del proyecto por los tremendos sobrecostos y problemas técnicos que se estaban escondiendo a la luz pública y que a la larga lo convertirían en un grotesco "elefante blanco", confesiones que francamente me causaron sorpresa y confusión, sobre todo por de quién venían y el contexto en que fueron expresadas. Así pues, quizá el equipo lopezobradorista sabe más de lo que el público conoce, y como se pudo intuir desde el principio, no piensan "entrarle" a un compromiso tan dispendioso y complejo orquestado por su odiada "mafia del poder".

Pero dejando las conjeturas a un lado, para la aviación comercial la construcción del NAIM por sí misma es una obra de infraestructura imprescindible y por la que se ha rogado desde hace décadas, y su fracaso afectará principalmente a toda la comunidad que trabaja en y para las aerolíneas. Es aquí donde me pregunto, como en un capítulo de "El Chapulin Colorado": y ahora ¿quién podrá ayudarnos? Pero sin la esperanza de que salte al rescate algún héroe, por escuálido que sea, pues en la aviación comercial mexicana no hay una sola figura de liderazgo fuerte que pueda encabezar una resistencia eficaz contra la cancelación del tan necesitado aeropuerto.

¿Dónde quedó aquel Grupo Pro Defensa de la Aviación Mexicana que con bombos y platillos integraron los Colegios de ingenieros aeronáuticos, de pilotos y de controladores aéreos junto con los Sindicatos de tierra, sobrecargos y aviadores? En su momento los critiqué porque parecían más una comparsa de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que un grupo decidido a luchar por cambios genuinos en a favor de la industria aérea, y ahora con tristeza creo que tuve razón.

Me parece decepcionante que los pilotos y sobrecargos no duden en emplazar a huelga a las empresas y arriesgarlo todo por un aumento de sueldo o por una prestación, y en cambio no tengan la misma energía para imponerse ante una injusticia como la que representa para su industria una decisión como la de cancelar el NAIM. Ya lo he dicho antes, son los miles de profesionales de la aviación los únicos que tienen el poder, unidos, de hacer la diferencia y obligar al Gobierno a ser sensato y congruente en materia aeronáutica.

La Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) se erigió como paladín de la aviación a partir de un momento álgido, en que los pilotos de todas las aerolíneas tuvieron los "tamaños" de hacer un paro nacional para evitar las injusticias que malos gobernantes planeaban contra la aviación, caso igual al de los controladores de tránsito aéreo que hicieron lo propio para salvar el derecho soberano de que el espacio aéreo mexicano sea controlado por mexicanos. Con esas acciones legendarias pusieron al mal gobierno en "jaque" y lograron garantizar para los profesionales de la aviación mexicana el respeto y los derechos que merecen, y que en muchos ámbitos aún disfrutan, pero esos fueron los tiempos de los grandes líderes, personajes a la estatura de aquellos momentos trascendentales, mientras que hoy las cosas, por desgracia, parecen ser muy diferentes.

Aún falta un buen trecho para que se desarrollen totalmente los acontecimientos; aunque no lo parezca, todavía don Andrés Manuel no es Presidente en funciones, y las cosas pueden dar un giro inesperado, pero insisto, los integrantes de la aviación comercial, los pilotos, sobrecargos, ingenieros, controladores, los mecánicos y despachadores, todos los trabajadores de la aviación pues, pueden representar un peso decisivo para inclinar la balanza en el desenlace final, pero para eso es imprescindible contar con líderes como los de antes, libres de miedos y realmente comprometidos con su papel de contribuir a heredar a las próximas generaciones una aviación mejor, una de la que puedan sentirse realmente muy orgullosos.
Pero que quede bien claro, en una gesta así no servirán de mucho los ejércitos de leones al mando de venados...

Saludos


Héctor Dávila

 

Lucia