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Por Héctor Dávila

Es bien conocido que la participación de México en la Segunda Guerra Mundial, militarmente hablando, fue simbólica y que la representación nacional en el frente de batalla corrió por cuenta de la aviación, a través del famoso Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, lo que significó, afortunadamente, que fuera un contingente muy pequeño (apenas de 300 hombres) el que tuviera que ir a pelear y por tanto el costo en sangre derramada fuera también limitado. 

Mucho menos conocido es que en el famoso "Día D", el célebre desembarco aliado en Normandia, del que este 6 de junio se celebra con gran pompa el 75 aniversario, participó un piloto de combate mexicano. 

Aunque oficialmente no hubo tropas mexicanas en esa campaña, obviamente en ese y todos los demás frentes de guerra hubo mexicanos sirviendo a otras banderas y vistiendo los uniformes de otros ejércitos, particularmente el norteamericano, pero entre ellos destacó un mexicano que no tenía ascendencia británica, ni estadounidense o canadiense, nacido en México de padres mexicanos, que participó en ese momento decisivo de la historia como el único piloto 100% mexicano en combatir contra el Tercer Reich.

Se trata de Luis Pérez-Gómez Navarro, nacido en Guadalajara, Jalisco, el 22 de octubre de 1922 y quien en su juventud vivió en la Ciudad de México, en la calle de Medellin en la Colonia Roma, siendo recordado por haber tenido desde chico una apasionada vocación por la aviación. Hay relatos de que tomó algunas lecciones de vuelo con el Cap. Raúl Fierro en un pequeño Aeronca en Balbuena, antes de decidirse tozudamente por ser piloto de combate, justo cuando arreciaba la guerra, logrando enrolarse en la Real Fuerza Aérea Canadiense, en junio de 1942, aprovechando la urgente necesidad que tenían las fuerzas de la Comunidad Británica por pilotos, y que por tanto no reparaban mucho en la nacionalidad de los aspirantes, siempre que quisieran ayudarles a pelear contra los nazis. 

Así en la tierra de la hoja de Arce, tras aprender a volar en los entrenadores de rigor como los biplanos DeHavilland Tiger Moth y los avanzados monoplanos North American Harvard, y perfeccionarse como piloto de caza en los famosos Hawker Hurricane, recibió el 23 de octubre de 1943 las anheladas alas y el grado de Oficial Piloto.

Pero desafortunadamente le esperaba la grotesca realidad de la guerra del otro lado del Atlántico, a donde fue desplegado asignado al Escuadrón 443, conocido como "Hornet" (avispón), en abril de 1944, el cual estaba equipado con el legendario caza Supermarine Spitfire, participando en varias misiones de combate previas a la gran invasión, principalmente atacando los sitios de lanzamiento en Francia de las temibles "bombas voladoras" V-1.

Así, Pérez-Gómez fue testigo ese 6 de junio de 1944 de la famosa operación "Overlord", el desembarco de las fuerzas aliadas en las playas de Normandia, realizando ese mismo día un par de vuelos en misiones de combate sobre Cherburgo. 
Los días posteriores al "D" fueron obviamente de mucha actividad para el Escuadrón Avispón y nuestro mexicano prácticamente no tuvo descanso, acumulando más de 20 misiones, incluyendo 9 patrullas de combate sobre Normandia, hasta que llegó la tarde-noche del trágico 16 de junio en que por desgracia se topó con los pilotos "crack" del ala de caza JG 1 de la Luftwaffe, desatándose una feroz "pelea de perros" entre los Focke Wulf Fw 190 de los alemanes y los Spitfire Mk.IX de la escuadrilla de Pérez-Gómez. 

Tras el furioso y trepidante enfrentamiento quedaron esparcidos sobre los alrededores del pueblo de Sassy los restos humeantes de dos cazas alemanes y de cuatro Spitfires, incluyendo el matrícula 21-S del joven Luis, cuyo cuerpo fue enterrado piadosamente por los habitantes del pequeño pueblo francés, que además tuvieron el gentil gesto de ponerle su nombre a una pequeña plaza, para que este aviador mexicano, que apenas tenía 21 años cuando dio su vida por la liberación de Francia, no fuera olvidado. 

Por supuesto que se puede ensalzar mucho la gesta de Luis Pérez-Gómez Navarro, calificando sus acciones bélicas como motivadas por el noble y superior anhelo de luchar por la libertad y librar al mundo de la atroz amenaza nazi-fascista, pero francamente también tiendo a pensar que él simplemente era un aviador nato que solo quería, con todo el corazón, surcar los cielos en los más modernos y bellos aviones del mundo ¿y qué mejor que los veloces y estilizados cazas de aquella época? 

Haya sido un verdadero héroe de la libertad, un románico e ingenuo soñador o un aventurero impulsivo y egoísta, al final de cuentas la historia del apuesto piloto con el parche "México" bordado en el hombro de su espléndido uniforme azul, sobrevolando en su veloz Spitfire las violentas playas de Normanda durante "el día más largo del siglo", es una de esas que hacen que los grandes acontecimientos mundiales sean menos impersonales, los entendamos mejor y los sintamos más cercanos.

 

DiaD

 Luis Pérez-Gómez Navarro

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