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Por Héctor Dávila

La crisis mundial sobre la seguridad del nuevo avión Boeing 737 MAX ya representa para el coloso de la industria aerospacial que lo fabrica el mayor problema de su historia, pero también está destapando una serie de dudas que amenazan la credibilidad de las autoridades aeronáuticas norteamericanas.

La Federal Aviation Administration (FAA), que se encarga de certificar todo lo relacionado con la aviación en Estados Unidos, hasta hace un par de semanas gozaba de una gran reputación por su rigor y capacidad técnica que la definían como la autoridad líder del rubro a nivel mundial, y sus Certificados Tipo para aeronaves eran tomados por muchísimos países como válidos de forma automática. Pero tras el segundo accidente fatal de un Boeing 737 MAX 8 el pasado 10 de marzo, las cosas cambiarían de tajo, y tanto autoridades de diferentes países como aerolíneas decidieron suspender las operaciones del infortunado avión, desoyendo por completo la opinión de la otrora mandona e influyente FAA.

Y es que parece que la FAA tiene bastante cola que le pisen, y aunque desde hace varios años han habido denuncias en diversos medios acusando que las autoridades aeronáuticas estadounidenses estaban bajando la guardia en los procesos de certificación de los aviones, la puntilla fue la más nueva y escandalosa revelación que hizo este 17 de marzo el periódico The Seattle Times, que en un estupendo trabajo de investigación periodística basado en declaraciones de empleados de la propia FAA, dio a conocer que esta Autoridad habría delegado amplias responsabilidades a funcionarios de Boeing durante los procesos de certificación del mentado sistema MCAS del 737 MAX.

El MCAS (Maneuvering Characteristics Augmentation System) o Sistema de Aumento de Características de Vuelo, como ya se ha dicho mucho, se diseñó para que el 737 MAX pudiera ser volado por pilotos prácticamente de la misma manera que los demás 737, aunque el avión con todas las modificaciones que sufrió se comporta diferente, principalmente en condiciones de pérdida de sustentación. Y como también ya se ha mencionado mucho, casi todos sospechan de un problema relacionado con el MCAS como probable causa de los trágicos accidentes de los MAX 8.

Lo escandaloso es que The Seattle Times dio a conocer que los funcionarios de la FAA podrían haber permitido a los empleados de Boeing trabajar por ellos en el desarrollo de un Sistema de Análisis de Seguridad del MCAS, documento que compartieron con otras autoridades del mundo, asumiendo que el sistema cumplía con todos los requerimientos de la propia autoridad norteamericana.

El que los ingenieros de Boeing hubieran podido ser juez y parte en los procesos de certificación de aspectos de seguridad en el 737 MAX, bajo las narices de una FAA omisa que habría permitido tal situación con el pretexto de supuestas insuficiencias de personal y presupuesto, ante la presión corporativa de la empresa de lanzar al nuevo avión en tiempo y forma debido a la cerrada competencia con las nuevas versiones del Airbus A320, resulta verdaderamente muy preocupante. Y es que la FAA se excusa de esa conducta argumentando que la falta de recursos que ha sufrido en los últimos años le ha obligado a delegar cada vez mas autoridad a Boeing en el trabajo de certificar la seguridad de sus propios aviones.

Tanto o más grave, se ha filtrado a la prensa que desde antes del pasado accidente Boeing y la FAA sabían que existían fallas criticas en el MCAS, entre ellas está que el sistema era capaz de mover el empenaje del avión cuatro veces más de lo que se estableció en los documentos de seguridad, y que no es claro cómo es que el sistema se puede reconectar automáticamente después que un piloto lo ha desactivado.

Esta situación ha impulsado al Inspector General del Departamento del Transporte de los Estados Unidos ha iniciar una investigación especial (y muy inusual) contra la propia FAA, con el fin de determinar si hubo o no fallas u omisiones en los procesos de certificación del Boeing 737 MAX, y por si fuera poco, el Departamento de Justicia también ha iniciado pesquisas para saber si pudieran incluso existir conductas criminales en este asunto, según han revelado fuentes del prestigioso Wall Street Journal.

El caso del 737 MAX está saliéndosele de las manos a todos; el sufrimiento de Boeing se refleja en el valor de sus acciones en la Bolsa de Nueva York que van en franca caída, mientras que la FAA enfrenta una pérdida de credibilidad sin precedentes, que con la revelación de las posibles faltas en las que pudo haber incurrido en su relación con el fabricante del avión durante los procesos de certificación, esta cimbrando los cánones mundiales de la seguridad aérea.
Las consecuencias a nivel internacional ya se están sintiendo, y países como Canadá y China ya están reexaminando la aprobación que dieron al 737 MAX basados en la certificación de Estados Unidos, tras conocerse que la FAA está bajo investigación.

Es muy preocupante que un tema fundamental como la seguridad del sistema de un nuevo avión se haya manejado de esta forma, y salgan voces a señalar las omisiones y descuidos que pudieran haber cometido nada menos que los que se supone que son el más grande fabricante de aviones y la más competente autoridad aeronáutica del mundo.

Hay mucho que aclarar, y quizá pasen varias semanas para que los 737 MAX regresen al aire, pero será un proceso mucho más difícil, pues las autoridades aeronáuticas estadounidenses están bajo la lupa y eso hará que las de otros países, principalmente europeas, sean más rigurosas que nunca en su revisión de las certificaciones dadas por la FAA.

El vuelco que está dado al orden mundial de la aviación este caso es mucho mayor de lo que en un principio pudiéramos haber imaginado, y parece que a la FAA y a Boeing les falta aún un trecho muy sinuoso y escarpado para superarlo, con el filo pendiendo sobre sus cabezas...

 

Para mayor información siga este enlace al artículo: Boeing y el 737 MAX en severa turbulencia.

Para mayor información siga este enlace a la editorial: ¿QUE ES LO QUE LE PASA AL MAX?

 

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