1258

Por Héctor Dávila

Se cumplieron cien años del fin de la Gran Guerra, esa que todos conocemos mejor como la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y que la generación que la vivió pensó con ingenuidad que sería la guerra que acabaría con todas las guerras.
Ese conflicto destacó, si es que se puede destacar algo de una guerra, por el impulso que significó para el desarrollo de la aviación, definiendo los roles del uso de aeronaves con fines militares y despertando en el imaginario popular la figura de un nuevo tipo de héroes, los caballeros del aire, los "ases", pilotos con nombres que ya son leyenda, como Richthofen, Fonk, Udet, Rickenbaker, Immelman o Guynemer.

Pero un nombre que se extrañó mucho entre los estudiosos de la aviación de esa época durante las celebraciones del fin de la contienda fue el de un mexicano, Javier Arango, considerado el mayor experto del mundo sobre los aviones anteriores a 1918.

Miembro de una familia de destacados empresarios y entusiastas de la aviación, cuyo linaje está ligado a don Manuel Arango, ganador del Óscar en 1971 con su famoso documental "Centinelas del Silencio", Javier dedicó su vida con gran pasión al estudio de la aviación "antigua", desde sus albores hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, convirtiéndose en un ávido coleccionista de aeroplanos y parafernalia de aquella época y por si fuera poco, en el más experto piloto de esa clase de aviones.

La colección de aviones antiguos de Javier Arango eventualmente se convirtió en una de las mejores del mundo, rivalizando solo con la del cineasta Peter Jackson, y se dedicó casi de forma obsesiva a lograr la mayor autenticidad posible en cada pieza.

La colección de los aparatos, bautizada como Aeroplane Collection, que se estableció en Paso Robles, California, comenzó en 1981 con una réplica del triplano Fokker Dr.l del legendario "Barón Rojo", seguido de ejemplares de sus némesis británicas, el Sopwith ½ Strutter y el S.E.5a del Royal Flying Corp, llegando a tener nada menos que 22 rarísimos aviones, todos en condiciones de vuelo, los que él mismo tripulaba, convirtiéndose en un extraordinario piloto de pruebas, especializado en un tipo de vuelo ya extinto, de primitivos motores rotativos, controles por torcimiento alar y características de vuelo complejas y poco confiables.

Además de excelente piloto fue un dedicado estudiante, investigador, conferencista y escritor sobre temas de aviación antigua, obteniendo en Harvard el título de historiador en tecnología y tuvo el honor de ser uno de los más respetados miembros del Consejo del prestigioso Museo Nacional del Aire y el Espacio del Instituto Smithsonian, donde se le consideraba poseedor de talentos extraordinarios. A ese famoso museo en Washington, Arango donó generosamente un bellísimo monoplano Blériot original de 1911, el cual él mismo voló en 2011 cuando el aparatito cumplió nada menos que un siglo, así como un biplano Sopwith Camel que es considerado el mejor, más completo y original que se conserva y que además estuvo realmente en el frente de guerra en 1918.

Su atención a los detalles lo impulsó a conservar los aviones en su forma más cercana posible a lo que era la tecnología de hace cien años, lo que hacía de volar esas máquinas una tarea muy peligrosa, y que eventualmente le costó la vida el 23 de abril del año pasado, al sufrir un terrible accidente en su biplano de caza Neiuport 28, matrícula N6190, del que estaba muy orgulloso por el grado de detalles originales que tenía.

Así, Javier Arango se adelantó en el último vuelo a los 54 años, una edad muy "avanzada" para los estándares de expectativa de vida de los pilotos de la Primera Guerra Mundial que él tanto admiraba, pero aún muy joven para los estándares actuales, dejándonos sin sus inigualables talentos en una especialidad del estudio de  la historia de la aviación que cada vez está más olvidada.

Como pasa frecuentemente, en México se conoce poco de este ilustre mexicano, es fuera de nuestras fronteras donde se le ha valorado y echado más de menos, al fin y al cabo como dice el dicho "nadie es profeta en su tierra", pero Javier Arango merece ser recordado y reconocido entre los grandes de nuestra aviación, pues su aporte al rescate y preservación de una parte medular de la historia de la aviación es trascendental. Junto con su pérdida está el consuelo de que se fue haciendo lo que más amaba, volando un avión antiguo...

 

WWi 2

Foto vía Smithsonian Insider https://insider.si.edu