América Vuela
Noviembre 13 ,2019

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Con la opinión de Héctor Dávila

Un buen disfraz de halloween sería el de aeropuerto de Texcoco, pues aunque este proyecto está bien muerto, su espíritu sigue viniendo del más allá para tratar de espantar a los políticos que se encargaron de enterrarlo.

Directores de aerolíneas internacionales y funcionarios de importantes organizaciones, como la International Air Transport Association (IATA), siguen insistiendo en que el proyecto andante del gobierno de López Obrador, centrado en una terminal comercial en Santa Lucía como parte de un Sistema Aeroportuario Metropolitano (SAM), no va a funcionar y señalan sin descanso que la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) representará a la larga la gran desgracia de la pérdida de una infraestructura fundamental para el desarrollo de la aviación mexicana, y por supuesto varios han insinuado que no se irían por nada a operar a la fea Santa Lucía o a la incomprendida Toluca, debido a múltiples razones técnicas y comerciales.

Incluso el Dr. Andrés Conesa, director general de Aeroméxico, se aventuró a declarar durante un Foro de lideres de aerolíneas en Brasil que el SAM, y especialmente Toluca, no servirían para su modelo de negocio, refiriendo como prueba que actualmente dicho aeropuerto mexiquense está casi vacío pese a la grave saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Ciertamente Toluca parece pueblo fantasma, pero en su mejor momento llegó a atender más de 6 millones de pasajeros anuales, y creo que fueron más las razones políticas y comerciales las que le ahuyentaron la clientela, principalmente porque el AICM continuó acomodando slots con calzador para todas las aerolíneas, aunque es innegable que su elevación es un reto difícil para la operación de los vuelos internacionales más largos.

Y claro, si bien la distancia con el AICM como binomio podría ser sorteable, ya en un trinomio con Santa Lucía se antoja difícil pensar que los tres aeropuertos funcionen bien en todos los aspectos, particularmente en lo referente a las conexiones, así como el manejo y distribución de carga y paquetería, donde un gran "hub", como prometía ser el NAIM, hubiera sido lo ideal.

Pero por supuesto, al Presidente no parecen asustarle nada las apariciones del espectro de Texcoco y asegura que poco a poco las aerolíneas se irán convenciendo (o resignando diría yo) a que su Sistema Aeroportuario será un éxito, mientras su Secretario de Comunicaciones y Transportes, el ingeniero Javier Jiménez Espriú (del que corren fuertes rumores de que ya se va, que hasta motivaron un desmentido oficial por escrito) justificó una vez más la cancelación de Texcoco en comparecencia con los Diputados, calificando ese proyecto de "improvisación lamentable", ante los ojos incrédulos de muchos que piensan que lo improvisado es el plan de Santa Lucía.

El principal problema del plan gubernamental es su poca claridad, si bien es cierto que se han presentado "renders" muy bonitos de cómo se deberá ver Santa Lucía y se ha invitado a representantes de diferentes sectores de la aviación para mostrarles el avance del desarrollo de las soluciones de control del espacio aéreo, mucha de esta información aún está incompleta y preocupa la sospecha de que el Ejército, que muchos consideran que debería concentrar sus esfuerzos en asuntos primordiales de Seguridad Nacional en vez de involucrarse en la construcción de infraestructura civil, desarrolle la obra con secrecía y contradiciendo todas las recomendaciones de expertos aeronáuticos internacionales, que ven incompatible el estilo castrense con la administración de un aeropuerto comercial.

Pero tal vez lo más cuestionable y que más afecta la credibilidad del  plan gubernamental es que no se acusó a nadie como responsable de los actos fraudulentos y corruptos, en los que dicen que se basó la cancelación de la construcción de la "faraónica" terminal aérea en Texcoco.

Sin embargo, a nivel vox populi el debate sobre los aeropuertos no está tan polarizado como pudiera pensarse, y en una reciente encuesta de El Economista, entre personas de las que más del 80% han usado el avión, la mayoría (50.7% contra 36.9%, más 2.4% que no contestó) consideraron que Santa Lucía es la mejor opción para el país, y 54.1% prefiere continuar con esa obra contra el 39.9% que preferiría que se retomara Texcoco y 6% que no supo, por lo que la decisión gubernamental tiene un buen nivel de aprobación.

Pero me parece que finalmente un gobierno electo legítimamente tiene la facultad de decidir y hacerse responsable de sus decisiones, y aunque la crítica debe ser aguda, cuando ya se le ha señalado con vastedad sigue otorgar el beneficio de la duda y unirse a los esfuerzos para que el País progrese en paz y armonía.

Tal vez es momento de que la industria aérea supere el luto por la muerte del NAIM y lo deje descansar en paz, enfocándose a contribuir a que lo decidido se desarrolle lo mejor posible y aprovechar bien lo que resulte, como ya se ha podido ver con una actitud más positiva ante el plan gubernamental por parte de organizaciones como la Cámara Nacional de Aerotransporte (CANAERO), o aerolíneas como Volaris e Interjet; y como "el miedo no anda en burro", hasta en Aeroméxico declararon inmediatamente después de las duras opiniones expresadas por Conesa, que seguirán respetando los actos que realice el gobierno, cualquiera que sean sus decisiones en materia aeroportuaria, reconociendo la labor de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

La confrontación ya es innecesaria, y el Lic. Andrés Manuel López Obrador tiene una gran responsabilidad en sus manos con la decisión que ha tomado, una que no podrá escapar al juicio de la historia y podemos estar seguros que la compleja trama de la epopeya aeroportuaria mexicana se desmarañará por sí sola en poco tiempo. Quizá, con suerte, el fantasma de Texcoco no se nos volverá a aparecer...


Saludos

Héctor Dávila

 

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