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El ejercicio ha concluido y la democracia mexicana definió un claro y contundente cambio de rumbo.

Vimos durante las campañas que en materia de aviación las propuestas fueron mínimas, casi inexistentes, pero en la agenda del Presidente recién electo será ya ineludible el reto de modernizar y renovar las instituciones aeronáuticas.

Aún quedan unos meses para ver si el actual gobierno, a través concretamente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, endereza un poco el rumbo y resuelve algunos de sus grandes pendientes en este tema, más allá de tan sólo afianzar el proyecto estrella de la millonaria construcción del nuevo aeropuerto internacional (NAIM); pero francamente lo dudo, sabían muy bien lo que había que hacer desde un principio y les valió, me parece como que prestaron atención sólo a aquellos asuntos que les parecieron buenos negocios, y si es así, estoy seguro que la historia les pasará factura con un muy duro juicio...

Porque es bien sabido que desde hace años es apremiante crear una organización más moderna y eficaz que la Dirección General de Aeronáutica Civil para liderar, supervisar y promover la industria aeronáutica (que se llame "Agencia" sería lo de menos), al igual que invertir en las herramientas que ya son urgentes para garantizar la seguridad aérea, como la adquisición de un nuevo avión verificador o que sea creada una organización especializada en prevención e investigación de accidentes aéreos, independiente e imparcial, así como implementar las soluciones tecnológicas que ya existen (y que de paso no son nada caras) para mejorar los sistema de control y emisión de licencias y permisos aeronáuticos, soluciones que servirían también para evitar en gran medida la corrupción que tanto nos ha afectado en el medio aeronáutico.

Ya veremos si cancelar el NAIM y vender el Boeing 787 Dreamliner TP-01 de la Fuerza Aérea Mexicana, que todos conocemos como el "avión presidencial", son realmente asuntos prioritarios para el próximo gobierno. Me parece que el dicho de campaña de Andrés Manuel López Obrador de deshacerse del avión que "ni Obama tenía" fue en gran medida simbólico, pues ese avión ha sido desde un principio ícono de los excesos y despilfarros del gobierno en una numerosa flota aérea que, francamente, aún siendo muy pro-aviación, es muy difícil justificar. El asunto del aeropuerto es más complejo...

Si, claro, resultará importante revisar el manejo de los contratos y finanzas del NAIM y también si es realmente necesaria la lujosa y numerosa flota aérea de transporte presidencial y de algunas Secretarías, particularmente las de la Defensa y Marina, pero será mucho más importante ver más allá en el horizonte y desarrollar de una vez por todas la Política de Estado en materia de Aviación que tanto hemos reclamado.

Pero para eso es necesario que el liderazgo lo ejerzan personas con verdadera visión y mentalidad aeronáutica; es aquí donde reside el reto que esperamos puedan resolver el próximo Presidente de México y su equipo. La esperanza la tenemos...


Saludos


Héctor Dávila.

 

787Presidencial

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