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¿Es realmente necesario que el Director de Aeronáutica Civil tenga una carrera en aviación?
Puede sonar como una pregunta cuya respuesta es muy obvia, pero en la práctica los políticos mexicanos confían más en el "dedazo" para nombrar a los funcionarios públicos, sin que tengan trayectorias reconocidas en las áreas que deben atender, y lo justifican (y se justifican) basados en que sus tecnócratas de confianza pueden aprender a manejar de todo.

La verdad es que esta práctica no ha servido de otra cosa que de leña para alimentar la llama de la corrupción, y en el mejor de los casos para contribuir a que se tomen decisiones equivocadas que han salido muy caras para la aviación mexicana.

Se dice que "el primer acto de corrupción que un funcionario público comete es aceptar un cargo para el cual no tiene las capacidades necesarias" y creo que ese dicho es muy cierto...
Y no se refiere a que el funcionario sea deshonesto, puede ser muy honrado y bien intencionado, pero si no tiene un criterio especializado forjado por la experiencia producto de una trayectoria profesional en una industria tan compleja como la aeronáutica ¿cómo puede evitar ser confundido y convencido por intereses y compromisos ajenos al bien común?

Es habitual que al Director de la Dirección General de Aeronáutica Civil (y al Subsecretario de Transportes) se le presenten posturas antagónicas sobre muchos temas, por ejemplo: ¿Es ético otorgar la quinta libertad del aire a una línea como Emirates? ¿Es correcto autorizar que una escuela de aviación haga la fase de vuelo de sus alumnos en el extranjero? ¿Están bien o mal las prácticas actuales para la certificación de capacidades, licencias y mantenimientos? ¿Está garantizada la seguridad aérea con los recursos con que se cuenta? ¿Realmente son excesivos los trámites que se exigen a los operadores? ¿Hay buenos candados anticorrupción?

¡Claro! las decisiones correctas se pueden tomar con la ayuda de asesores, subalternos experimentados y el apoyo de organizaciones externas. Pero en la práctica, lamentablemente, sucede que los asesores y muchas organizaciones representan intereses de ciertos grupos particulares, o los subalternos están "comprados" y entonces, como ya expliqué, ¿Cómo saberlo si no se tiene un criterio aeronáutico propio? Además, que estúpido resulta tener que tomar decisiones sobre temas de los que no se sabe nada basado totalmente en opiniones externas, eso además de peligroso es patético, "insulting and unacceptable..."

Esta política ha causado mucho daño y descontento a todos los niveles de la aviación, a tal grado que el desempeño de la actual administración de la Subsecretaría de Transportes de la SCT se está perfilando como el peor de que se tiene recuerdo, y no es de extrañar, pues justamente ha sido la que ha estado en manos de la persona con menos experiencia en transportes en toda la historia de dicha institución. Como consecuencia, ya prácticamente finalizando el sexenio vemos con enojo que casi no han cumplido nada de lo prometido en materia de aviación, y se han dado el lujo varias veces de dejar acéfala hasta por meses a la autoridad aeronáutica o, como actualmente, en manos de personas sin trayectoria aeronáutica. Por supuesto las fallas, las carencias, la incompetencia y la corrupción siguen igual o peor y parece que el único tema de interés es el nuevo aeropuerto, que coincidentemente es el "negocio" más grande del actual gobierno.

Por eso, ahora que estamos a menos de un mes de las Elecciones Presidenciales en México, gane quién gane, creo que las Asociaciones, Clubes y órganos colegiales y camarales de la comunidad aeronáutica deben redoblar esfuerzos y preparar una postura más enérgica ante el próximo gobierno, y exigir que al frente de los Transportes y la Aviación se nombren funcionarios que realmente provengan de esta misma comunidad, que tengan una sólida y reconocida trayectoria de éxito en ella; necesitamos a cargo a alguien que haya sufrido en carne propia las pesadillas que sufre la aviación mexicana: trámites excesivos, reglamentos obsoletos, autoridades prepotentes, falta de estímulos oficiales y lo peor, la corrupción que ahora sí anda desbocada.

Pero no es lo único, pues tener gente capaz a cargo de la aviación en el Gobierno no funcionará del todo si no cambiamos también las terribles prácticas corruptas que existen dentro de nuestra propia familia aeronáutica. Si no hubiera tantos pilotos dispuestos a conseguir sus licencias y capacidades "chuecas", tantos mecánicos prontos a firmar un mantenimiento falso en una bitácora por dinero, y tantos empresarios ávidos de permisos a cambio de dádivas, gran parte de la corrupción no existiría. Un cambio en la conciencia civil entre los profesionistas de la aviación nacional  también es urgente

Sin duda la peor cara de la corrupción es cuando trae la muerte como velo, y en aviación este tipo de corrupción es un peligro real.
Ahora que sufrimos el segundo peor accidente en la historia de un avión mexicano, al caer el Boeing de Damojh en Cuba, y vemos al neófito Director de Aeronáutica opinar sobre el suceso sin credibilidad, y vemos también salir a ex empleados de la empresa a contar toda clase de historias de horror sobre cómo era de sucia la operación dentro de esa aerolínea, no puedo evitar reflexionar, una vez más, que este trágico caso, como muchos otros similares, es producto de un sistema totalmente decadente y que refleja una apatía cobarde y complaciente entre los miembros de nuestra industria hacia los corruptos y los corruptores que ya no debemos permitir.

Ya no acusemos y hablemos sólo tras ocurridas las tragedias, no enterremos a las víctimas bajo el polvo del olvido, seamos valientes y alcemos la voz antes de que las desgracias ocurran, denunciemos a los tramposos al tiempo que se hacen las trampas, opongámonos a las injusticias en tiempo real y hagamos un cambio verdadero...



Saludos

Héctor Dávila.

Comodin

 

 

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