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Recién terminó el primer trimestre del año y pareciera que lo empezamos con el pie izquierdo en materia de seguridad aérea, pues se percibe un claro aumento en el número de accidentes de aviación civil.

Y es cierto, del primero de enero a la fecha se han registrado en México 22 accidentes de aeronaves civiles, lo que implica un aumento del 16% con respecto al mismo periodo en el 2017, en que se registraron 19.

Tal porcentaje a la alza es sin duda preocupante, pero antes de alarmarnos es importante desglosar las cifras: primero, la aviación comercial mexicana sigue siendo de entre las más seguras del mudo, ya que las aerolíneas nacionales siguen invictas en materia de accidentes y su único traspié fue el choque de un ATR-72 contra un ATR-42 en el AICM, ambos de Aeromar, en un suceso en tierra sin pasajeros ni tripulación a bordo y que no afecta las estadísticas de accidentes aéreos. Luego, la aviación ejecutiva mexicana también se mantiene en la tendencia de ser de las más seguras a nivel mundial, pues ningún jet corporativo se ha accidentado. Y finalmente los helicópteros, que aunque se han sufrido dos accidentes en el primer trimestre de este año, están dentro de los parámetros de tendencia a la baja en siniestros, pues en el mismo periodo pero de 2017 se perdieron tres de este tipo de máquinas, siendo un total de 11 las aeronaves de ala rotativa accidentadas durante todo el año pasado.

Así pues, podemos afirmar con gran satisfacción que la aviación comercial y ejecutiva de México se mantienen dentro de la tendencia de ser, a nivel mundial, muy pero muy seguras, lo que resulta digno de encomio, sobre todo si tomamos en cuenta que nuestra flota es de las más grandes y activas del mundo y que el aumento de las operaciones ha sido constante en los últimos años, principalmente en las aerolíneas y en el demandante mundo de los helicópteros ejecutivos y de ayuda industrial.

Entonces ¿dónde está la bronca, por qué el número de accidentes totales va a la alza? Pues el problema radica nada menos que en uno de los segmentos más olvidados de la aviación general: la aviación agrícola.

En lo que va del año se han acumulado 11 accidentes de aviones fumigadores en el país, lo que representa un alarmante aumento del 120% en el ritmo de este tipo sucesos con respecto al mismo periodo de tiempo del año pasado, en que se presentaron sólo 5 accidentes. De hecho en menos de tres meses y medio ya se igualó el número de accidentes de aviones agrícolas sufridos durante todo el 2017. Analizando estas cifras podemos ver que en el primer trimestre de 2017 el 26% de todos los accidentes los protagonizaron aviones fumigadores, mientras que para el primer trimestre de 2018 los aviones agrícolas representaron el 50% de los accidentes aéreos, lo que demuestra que el resto de la aviación civil de hecho está mejorando sus índices de seguridad, con una tendencia de al menos 20% de disminución en los accidentes con respecto al mismo periodo del 2017, algo sin duda muy prometedor.

Pero regresando al negrito en el arroz, las razones detrás de este aumento tan notorio en los siniestros de fumigadores están vinculadas a fenómenos que afectan a toda la aviación; según pilotos agrícolas y expertos en seguros de este tipo de aeronaves a los que he consultado, los principales problemas que están afectando a los fumigadores aéreos son una grave falta de pilotos y mecánicos calificados.

Y es que ya es sabido que en toda la industria, y a nivel mundial, hay una escasez de pilotos aviadores, la que se irá resintiendo más en los próximos años, y habiendo tanta oferta de trabajo en las aerolíneas, con mejores sueldos, aviones muy modernos y sofisticados, más el glamour de volar a tantos destinos, pero sobre todo por que en las aerolíneas ya no están pidiendo nada de experiencia (si, leyó bien, nada, pues se contrata con tan solo las 180 horas de vuelo de la escuela) ser piloto agrícola ha perdido prácticamente todo su atractivo. Incluso esta actividad es vista como peligrosa, poco reconocida y ya innecesaria en términos de "curriculum" por los jóvenes aspirantes a piloto.

Este mismo fenómeno afecta al mantenimiento, pues igual las aerolíneas están "devorándose" a los técnicos prácticamente a granel apenas salen de las escuelas, y por las mismas razones ya no es atractivo trabajar como mecánico en las vetustas y muy simples aeronaves agrícolas.

Por tanto la calidad y cantidad del personal de vuelo y mantenimiento que está ingresando a este submundo de la aviación es, salvo honrosas excepciones, de menor preparación y motivación, generando vacíos que implican la proliferación de muchas prácticas riesgosas y hasta ilegales, en aras de cumplir con la demanda de este servicio por parte de los agricultores.

De hecho ya ha habido denuncias, por ejemplo en la región de Guamúchil, en Sinaloa, por aviones operando sin permisos y con pilotos que sólo cuentan con apenas la licencia de piloto privado, e incluso se han denunciado pilotos que ni siquiera cuentan con licencia o que no pasan los exámenes médicos, así como mecánicos trabajando en los aviones sin contar con las debidas calificaciones. Este problema se agrava con la incapacidad de las autoridades para supervisar estas operaciones y las condiciones de los aviones, generalmente muy viejos y de motores a pistón, ya que como es sabido, hay también escasez de los inspectores aeronáuticos necesarios para cubrir las amplísimas y hasta remotas regiones donde operan los fumigadores.

Tomar el vuelo de aviones fumigadores como un peldaño para construir experiencia y migrar a los glamorosos jets es un error, el vuelo de servicio agrícola es muy peligroso y requiere de habilidades muy especiales y bien desarrolladas, es pues una carrera aparte y un buen piloto fumigador es muy difícil de formar.

En este rubro trabaja, con muchas limitaciones y carencias, la Federación de Asociaciones de Pilotos y Propietarios de Aviones Agrícolas de la República Mexicana AC, pero haciendo una importante (si no es que la única) labor encaminada a mejorar la seguridad de las operaciones aéreas al servicio del campo, impartiendo con relativa frecuencia los vitales cursos de Seguridad en Vuelo Rasante (SEVRA), pero estos esfuerzos no serán suficientes mientras las autoridades de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes no asuman un papel más activo en esta área, pues se necesitan aumentar las capacidades de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) en materia de prevención e investigación de accidentes, ya que en el medio aeronáutico es de todos conocido que las autoridades trabajan con muy pocos recursos y apenas con un puñado de verdaderos especialistas en la materia de seguridad aérea, y quizá con aún menor especialización en los muy particulares aspectos que afectan a la aviación agrícola.

Expertos a nivel mundial vaticinan que la riesgosa e importantísima labor de fumigar los plantíos muy pronto será realizada con aviones no tripulado, los famosos "drones" y con esto se solucionarán los problemas de seguridad y capacitación en gran medida, pues estos aparatos incluso podrán ser autónomos y realizar la tarea con un patrón de vuelo preprogramado, pero la realidad es que no podemos darnos el lujo de esperar a que esas soluciones tecnológicas nos lleguen, las estadísticas ahí están y el foco rojo es obvio, si no se hace algo al respecto los accidentes seguirán aumentando. Insisto, ya urge en México no sólo un nuevo aeropuerto, si no también una modernización y reestructuración total de la autoridad aeronáutica, con una entidad autónoma especializada en investigación y prevención de accidentes aéreos.

Los profesionales de la aviación mexicana han sabido asumir los retos de la industria con éxito y gracias a esto disfrutamos de una aviación civil que destaca por ser de las más seguras en el mundo, pero también es hora de asumir el reto de contribuir de verdad a ayudar a mejorar la seguridad de aquellos tipos de aviación, como la agrícola, que cuentan con menos recursos y apoyos. Aquí es donde el Gobierno, a través de la DGAC, tiene la mayor responsabilidad, pero también una gran oportunidad.

Saludos

Héctor Dávila.

 

Fumig

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