Hace poco más de una semana, en la celebración del Día de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), el presidente Enrique Peña Nieto expresó en su discurso que "México tenía la mejor fuerza aérea de su historia". Lo primero que pensé fue: ¿En serio? ¿Es una broma? ¿O es una de sus célebres pifias, como cuando dijo "volvido" o "llegamos en 3 minutos, no menos, como en 5"? 

¿Qué nadie informó al Presidente que la FAM carece de la capacidad de proteger nuestro espacio aéreo, pues no tiene ya interceptores que puedan alcanzar aviones de la velocidad de un King Air en adelante? ¿No sabe tampoco que la cobertura de radar de la SEDENA no abarca ni la tercera parte del territorio nacional, cuando debería ser, según se comprometió, mínimo del 72%? Y más aún ¿no está debidamente informado que la FAM sufre en este sexenio sus peores niveles de seguridad de vuelo y que el año pasado se duplicaron sus accidentes? Quizá el Presidente solo supo juzgar a la FAM por las nuevas y lujosas aeronaves en que lo transportan y las gordísimas facturas de las muchas y variadas aeronaves que se han comprado bajo su mandato. Pero debe saber el señor Presidente que comprar muchos aviones no basta para hacer una buena Fuerza Aérea.

Pero no pasó ni una semana para que sus palabras quedaran para la historia como una muy triste y penosa ironía, al ocurrir la peor desgracia en la historia de la aviación militar mexicana, cuando un muy mal tripulado helicóptero Black Hawk le cayó encima a decenas de civiles inocentes que dormían en la calle, en sus carros, por temor a las réplicas del reciente sismo, en el humilde pueblo de Jamiltepec, Oaxaca.

Me enfurece e indigna ver una tragedia así, donde 14 personas, en su mayoría mujeres fallecieron y otras 15, incluidos niños, resultaron con heridas muy graves, entre ellos una pequeña niña que perdió la pierna. Y digo que me indigna y enfurece porque tengo más de un año señalando, con los pelos de la burra en la mano, que la FAM no opera con seguridad, que sus niveles de adiestramiento están a menos de la mitad de los mínimos aceptados internacionalmente para que las tripulaciones militares se consideren seguras, que la forma en que han volado hacia y sobre concentraciones de personas, especialmente en sus espectáculos aéreos, ha sido riesgosa e imprudente, incluso han volado hacia y sobre el mismísimo Presidente Peña Nieto poniéndolo también en riesgo. Sobre todo porque pienso que éste y otros accidentes se pudieron haber evitado...

Al mismo general Salvador Cienfuegos, Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), lo exorté públicamente a revisar los procedimientos de seguridad de la FAM y suspender los vuelos imprudentes sobre civiles, especialmente en los espectáculos que organizan, tras los múltiples accidentes que se iban acumulando. 
Pero no hicieron caso, ni a mí ni a otros periodistas que señalaron el mismo problema, al contrario, hubo algunos miembros de la FAM que me llegaron a cuestionar por sacar a la luz esta problemática, en vez de aceptar y analizar con seriedad la crítica, cómo debe hacer un verdadero aviador profesional cuando se trata de temas de seguridad. Lamentablemente los acontecimientos me han dado la razón, sólo era cuestión de tiempo que sucediera una tragedia como la de Jamiltepec.

Pero claro, varios de entre los altos mandos militares han estado más interesados en monetizar sus activos, comprar equipo de vuelo muy costoso y hacerse publicidad, que en enfocarse a mejorar la seguridad operacional, y lógico, los accidentes no han parado: en los últimos  doce meses se han perdido 10 aeronaves y 24 personas murieron, mientras que en lo que va del sexenio suman más de 29 las aeronaves siniestradas y 46 el número de víctimas fatales, pero como lo he señalado muchas veces, las horas de vuelo de adiestramiento por piloto no suben de un raquítico promedio de 6 al mes...

Creo firmemente, como resultado de una exhaustiva labor de periodísmo de investigación que he realizado a fondo sobre este tema, que la falta de adiestramiento y la pobre planeación de las misiones son la principal causa de los accidentes que sufre la FAM. El mantenimiento, si bien no carece de problemas, no es de momento un factor tan grave dado que se cuenta con aeronaves muy nuevas, que son la gran mayoría de las que se han estado accidentando en este sexenio.

Hay quienes quieren paliar la responsabilidad de los militares en el problema del alza de accidentes, argumentando que las misiones militares son inevitablemente peligrosas, pero no, al revés, las misiones de alto riesgo son las que se deben ejecutar con mayor seguridad, reforzando al máximo todas las medidas y reduciendo al mínimo los riesgos. Los pilotos del Black Hawk no debieron intentar un aterrizaje en una zona tan inestable y , con tanta gente cerca y mal iluminada, además el fenómeno del oscurecimiento por polvo es de sobra conocido en el medio de los pilotos de ala rotativa. Simplemente no era necesario correr el riesgo dadas las condiciones y menos con el nivel de funcionarios a bordo. El mismo general Cienfuegos declaró que él no hubiera ordenado una operación así, como dejando entrever que el vuelo se realizó por la irresponsable necedad del Secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, quién se dice buscaba "reflector" aprovechándose del sismo, pero una tripulación que se deja presionar por los pasajeros para realizar un vuelo riesgoso muestra síntomas de falta de capacitación y protocolos de seguridad. 

Analizando los casos uno a uno de los accidentes de la FAM de los últimos años, aún con la poca información disponible, es posible descubrir claras evidencias de poco adiestramiento, falta de experiencia  y mala planeación. Incluso en los casos de aeronaves caídas por intervención del crimen organizado destacan dudas sobre la correcta ejecución de las misiones, por ejemplo en el reciente accidente de un Bell 407 nuevecito que cayó en Guerrero al chocar con un cable mientras fumigaba, surgen las siguientes dudas: ¿por qué el piloto iba solo y no lo acompañaba un observador que le ayudara a buscar obstáculos? ¿Por qué no llevaba otro helicóptero escoltándolo desde mayor altitud para ayudarle a identificar riesgos, como debe ser en ese tipo de operaciones? ¿Por qué no hizo un reconocimiento previo volando desde varias direcciones para descubrir posibles cables con el sol de diferentes ángulos? ¿Quién autorizó u ordenó una misión tan mal planeada? Las fallas en la operación dieron como resultado la pérdida de una joven e insustituible vida y la destrucción de un equipo muy caro.

Más allá, analizando el tristemente célebre derribo del helicóptero EC-725 Cougar en Jalisco ocurrido el primero de mayo del 2015, en el que perecieron 9 militares y policías, incluidos elementos de las prestigiosas fuerzas especiales, se evidencian graves fallas operacionales, pues ha trascendido, extraoficialmente, que la tripulación hizo contacto con un grupo de delincuentes fuertemente armados sin esperar a los Black Hawk artillados de la Policia Federal que se suponía debían proporcionarles escolta y apoyo de fuego, además de que tampoco estaba disponible y en alerta ninguna aeronave en la cercana Base Aérea de Zapopan que pudiera auxiliarlos, por lo que el Cougar se enfrentó solo al tremendo volumen de fuego de los agresores, que contaban hasta con lanzacohetes, con las terribles consecuencias que sabemos. Las dudas por supuesto afloran: ¿Quién autorizó una operación así de riesgosa a un helicóptero solo? ¿Por qué la tripulación actuó poniéndose en gran riesgo al no coordinarse con los helicópteros de apoyo? Y sobre todo ¿Dónde quedaron las labores de inteligencia y planeación que deben preceder a una misión de tal naturaleza? Los mandos debían haber sabido que en la zona había grupos tan fuertemente armados y por tanto debieron extremar las medidas de seguridad relacionadas con el uso de aeronaves, es imperdonable que con todos los recursos con que cuenta el Estado se haya mandado a un grupo de valientes mexicanos a morir en una situación como ésta, evidenciando claramente el tipo de carencias en la planeación de las misiones, que junto con el poco adiestramiento de las tripulaciones de vuelo, están costando demasiadas vidas. Hasta en el caso de un helicóptero Bell 412 del que se afirma que se accidentó a causa del estallido accidental a bordo de una granada, con saldo de 7 muertos, se evidencia una seria falta a los protocolos de seguridad en el manejo de armamento a bordo de aeronaves militares. Por supuesto, ya ni comento las irresponsabilidades y omisiones que hay detrás de los choques de cuatro aviones Beechcraft T-6C nuevecitos en ensayos y espectáculos aéreos y que por pura obra de la providencia (y de los asientos expulsores) no dejaron muertos.

Quizá mi crítica les parezca dura, lo es, porque es inadmisible que hoy estén de luto tantas familias por la irresponsabilidad de algunos de los que manejan a la fuerza aérea, esos señores no merecen ya consideraciones. Para colmo, ante la innegable ola de accidentes la SEDENA organizó con bombo y platillo un Congreso Internacional de Seguridad Aérea, al que asistieron colaboradores de mi editorial, conocedores del tema, y no se vio ni una sola ponencia enfocada directamente a mejorar la seguridad operativa de las aeronaves de la FAM; fue nada mas un show mediático, una cortina de humo, que no impidió que los accidentes continuaran...

Esta vez debe haber responsables, debe castigarse a los que han dejado que en este sexenio nuestra fuerza aérea esté haciendo tan mal papel, pese a que se ha invertido en ella más dinero que nunca. No es justo que se esté pagando por su negligencia un precio tan alto en vidas humanas, especialmente con vidas de civiles y de niños inocentes, esa es la peor de las desgracias...

Saludos


Héctor Dávila C.
 
 
FAMH60
 
 
 

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